miércoles, 19 de diciembre de 2007

Cyril Collard

Aunque ya he hablado de Cyril en este blog, hoy no podía dedicarle la entrada a otro que no fuera él. Porque hoy Cyril Collard habría cumplido 50 años. Por desgracia, no pudo cumplir ni los 37. Esa maldita enfermedad que es el SIDA se le llevó antes de tiempo, demasiado pronto. Cumplió con la célebre frase: "vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver".

No creo que exista nadie en este mundo que me haya fascinado y me fascine como Cyril.
Él es el culpable de que tenga escalofríos cada vez que escucho "Summer in Siam" de The Pogues...o cualquiera de sus canciones: La bás, L´oiseau noir, Someone...
Cuando escribo mi novela, si cierro los ojos e intento imaginarme al protagonista de ella, Michel, es su imagen la que se me aparece. Le debo más que esta pequeña aportación...le debo mucho más y alguna vez conseguiré saldar esa deuda como quiero hacerlo.
Desde hace años, en la cabecera de mi cama tengo un retrato hecho en un espejo que quiere parecerse a Cyril. En ese espejo me miro y le veo a él.
Y lo admito, en alguna ocasión me he enamorado de otro porque en algún aspecto me recordaba a él. Y si veo a alguien con una cámara al hombro, siempre tengo la tentación de ver quien puede estar detrás de ella...así soy yo, así es mi amor, así son mis sentimientos...
Sé que especialmente hoy no podré irme a la cama sin ver por milésima vez "Les Nuits Fauves". Eso sí, en versión original, con su voz...y me imaginaré lo que sería de Cyril si hubiera llegado a ser un cincuentón. Quien sabe...








martes, 18 de diciembre de 2007

Dedicatoria maldita

La historia capturada, la continuación de la anterior, se está resistiendo. La falta de tiempo es la culpable de que no la termine, de que no ponga la guinda deseada al pastel.
Mientras tanto, un mini relato. Se me ocurrió al releer uno de los libros que tengo dedicados.
Este relato se lo dedico a todos aquellos que cuando me he acercado para que me firmaran sus libros, han empleado más de cinco minutos de su tiempo para hacerme una dedicatoria más personal, más original. Gracias.

En múltiples ocasiones, la cabeza se nos llena de por qués. ¿Por qué la vida es así?, ¿por qué el amor es tan irracional?; ¿por qué nos enamoramos de quien no nos corresponde?; ¿por qué es tan difícil corresponder al que nos ama?; ¿por qué no podemos mandar sobre nuestro corazón y ordenarle a nuestro antojo que ame a quién se lo merece y no a quien nos hace daño?; ¿por qué no existe un mando interno con el que manejar lo que sentimos, lo que pensamos?; ¿por qué si me cuesta tanto enamorarme, tuve que elegirle a él y no a otro?; ¿por qué es tan complicado demostrar cuando es algo más que una mera atracción física?; ¿por qué cuesta entender que ames con tanta fuerza a alguien que apenas conoces?...
Muchas noches mi cabeza se llenaba de preguntas, de por qués. Daba vueltas en mi cama y no conseguía conciliar el sueño. Entonces me levantaba, me acercaba a la estantería y cogía su libro; lo abrazaba como quería abrazarlo a él y le abría, releyendo por milésima vez su dedicatoria: “a veces, el silencio dice más que las palabras.”
Cuando aquella noche me acerqué tímidamente con su libro para que me lo firmara, esperaba el clásico: “para…con cariño”, “gracias por comprar mi libro”, “espero que te haya gustado”, etc…
Sin embargo, sí me dio las gracias, pero se sentó tranquilamente y se puso a dibujar en él, mientras me comentaba que tenía el proyecto de un nuevo libro.
Charlamos, reímos y terminó la dedicatoria escribiendo la frase maldita.
Quizás fueron los nervios, quizás una extraña tontería de educación y respeto, quizás las prisas a la hora de despedirnos…el caso es que no leí su dedicatoria hasta que estuve en el coche, rumbo a casa cuando él ya se había marchado.
Entonces se volvían a amontonar las dudas, las preguntas sin respuesta: los por qué.
¿Por qué me hizo esa dedicatoria?, ¿por qué tuve la sensación de que se quedó con ganas de decirme algo?, ¿por qué yo también me quedé con ganas de decirle tantas cosas?, ¿por qué me le quedé mirando, sin abrir la boca, esperando que él leyera mi mente a través de mis ojos?, ¿por qué no leí su dedicatoria delante de él y le pedí una explicación en ese momento, para así no tener tantos por qués sin “porqués”?, ¿por qué nos complicamos tanto la existencia llenándonos de preguntas que pueden tener respuestas sencillas?.
Todos estos “por qués” estaban en mi cabeza y a veces me impedían dormir, robándole las horas a la madrugada, para acabar sin ninguna respuesta, porque el único que me las podía responder era él.
Cuando resignada, volvía a dejar el libro en la estantería y me metía nuevamente en la cabeza, sola, abrazada a la almohada, cerraba los ojos con los últimos por qué de la noche: ¿por qué nos conocimos aquella noche?, ¿por qué no se limitó a un gracias?, ¿por qué tuve que enamorarme de alguien tan inaccesible?.
Y era duro y triste saber que hasta que no se contestarán todas esas preguntas, no podría cerrar esa historia y seguir con mi vida dejando el pasado totalmente atrás.
Solía poner siempre el mismo ejemplo: era como si te enseñaran lo feliz que puedes llegar a ser, que estuvieras a un paso de entrar en tu paraíso personal…y cuando estuvieras a punto de hacerlo, te cerrarán las puertas en tus narices y te dijeran “tienes que esperar tu turno.”
Fueron meses sin saber de él. Había desaparecido totalmente de mi vida y parecía que también del mundo.
No había ninguna manera de ponerme en contacto con él, ni siquiera en la distancia. La nuestra era una historia de desencuentros, de desacuerdos, de un quiero y no puedo, de silencios, de palabras que no querían salir cuando hacían falta. Hubo muchas miradas, eso sí. Todas decían algo.
Estaban las del principio: eran miradas de deseo, de empatía, de interés.
Por desgracia, el recuerdo de estas miradas no podían borrarme las de la última noche que nos vimos. Es difícil de explicar como notas que el corazón se ha agrietado completamente cuando sus ojos se clavan en ti llenos de desprecio, de ira, hasta de asco…sin haber hecho tú nada para provocarlo.
En un mes pueden cambiar muchas cosas. Sin embargo, ¿cómo puede alguien pasar de un extremo a otro de los sentimientos cuando tú estás segura de que no has hecho nada para provocar sus puñaladas dolorosas?. Tenía la intención de hacerme daño, de que me quedara claro que no tenía ni ganas de saludarme; y sin embargo, yo me seguía aferrando al recuerdo de las otras miradas, de sus sonrisas…y de aquella dedicatoria maldita. Y tenía claro que llegaría el momento de reencontrarnos, de aclarar las cosas, de concluir la historia inacabada.
La casualidad, la suerte que tantas veces había jugado a mi favor, hizo que visitara una ciudad y una librería, donde él estaba firmando su nuevo libro.
Tenía la oportunidad de encontrar respuestas, sino a todas, a muchas.
Durante dos horas estuve fuera de esa librería intentando reunir todo el valor que no había tenido en nuestros anteriores encuentros.
El recuerdo de la última noche en la que habíamos coincidido me llenaba de miedo. ¿Cómo reaccionaría al verme?, ¿cómo serían sus miradas?, ¿sentiría algo aún por mí?, ¿valía la pena el haberle esperado, haberle seguido amando a pesar de tantas preguntas sin respuesta?.
Finalmente, abrí la puerta y entré.
Me sentí tan estúpida y tan patética…
Supe lo que significaba querer desaparecer del mundo, de mi vida, de mi pasado, presente y futuro.
De repente, tantos por qués obtuvieron su respuesta, aunque no fuera la deseada.
Ante mí, un gran cartel promocionaba su nuevo libro: “A veces, el silencio dice más que las palabras.”
No podía creerlo. Cogí uno de aquellos libros y me quedé mirando la portada: debajo del título, un dibujo que si no era el mismo, era muy parecido al que me había dibujado aquella noche.
Cuando avergonzada, intenté escabullirme de aquel lugar sin que nadie me viera, terminé de comprobar lo absurdas que habían sido todas mis preguntas, lo absurdo que había sido mi amor, lo absurda que era mi vida.
Me di de bruces contra él. Su nuevo libro cuyo título había sido causante de tantas noches de insomnio, se cayó de mis manos. Él lo recogió y nos miramos. Y se hizo realidad una de mis peores pesadillas.
“Gracias por comprar mi libro. ¿Quieres que te lo firme?. Tu cara me suena, pero no te recuerdo bien. ¿Nos conocemos?.”
¿Qué que hice yo?. A esto tengo también respuesta. Negué con la cabeza, pagué el libro, me lo firmó y salí lo más rápido que pude de aquel sitio, intentando que no se me derramara ninguna lágrima delante de él. Tiré su libro en la primera papelera que encontré. Esta vez preferí no leer su dedicatoria. Ya había perdido demasiadas horas, demasiados meses con la primera.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Marianela


Pues finalizando mis comentarios de los estrenos de la semana pasada, hoy toca el estreno del jueves en el Teatro Concha Espina, con la obra teatral "Marianela".
Tenía también ganas de ver este estreno. Tengo una anécdota peculiar. Al mes de estar en teatro, se convocaron los cástings para participar en este montaje teatral. Y yo me presenté para el papel protagonista, el de la niña Marianela. No sé me olvidará nunca ese "monólogo" de: "Madre de Dios y mía, ¿por qué no me hiciste hermosa?..."
Esta frase que encabeza el monólogo, ya se ha convertido en un clásico en mis conversaciones con mi profesora y compañeros de teatro. Total, que tampoco salí tan mal parada de la prueba. Para llevar un mes sólo en el teatro, saqué buena nota.
Por esta anécdota ya me animaba a verla. Pero también porque uno de los protagonistas, en el papel de Pablo el ciego, es mi "Don Juan", Alberto Iglesias había hecho esta adaptación teatral, y la directora de este montaje era Rosa Casuso, una de las profesoras de la Escuela de Artes Escénicas del Palacio de Festivales de Santander.
"Marianela" es una obra de teatro inspirada en el libro de Benito Pérez Galdós con el mismo título. La leí de pequeña y me impresionó. Es la historia de Nela, una joven ciega que hace de lazarillo de Pablo, un joven ciego. Una historia de amor que está ambientada en una zona minera de Torrelavega. Es una historia de amor, con un final no deseado. Nela es una niña muy hermosa por dentro, pero por desgracia su belleza no es externa. Pablo, en su ceguera, se enamora de ella. Todo es perfecto, hasta que un médico llega al pueblo y promete que le devolverá la vista. Nela entonces se alegra por Pablo, pero se entristece por ella, porque sabe que una vez que la vea, sus sentimientos no serán iguales. Me gustaría decir que no es así, que Pablo recupera la vista y sigue enamorado perdidamente de Nela, pero...sería mentir.
Y sí, lo tengo que decir. Desde que la leí de pequeña, me sentí identificada con Nela, antes que con la bella Florentina.
El amable médico, bueno y compasivo, es el que se da cuenta de como es Nela, de lo que sufre, de lo injusta que es su vida y quien da el punto de crítica a los que maltratan y desprecian a esta niña huérfana.
Como ya he dicho, yo me identifico con Nela y no paré de llorar en casi toda la obra, sobretodo al final. Acabé llorando a mares. De esas veces que no te reprimes, que lloras con todas tus ganas.
Cuando fui a felicitar a los actores y directora, tuve que hacer un esfuerzo para recordar que mi querido Pedro Morales estaba interpretando un papel y que no es como Pablo, porque le habría dado un buen par de...
Nela fue interpretada de una manera maravillosa (no la llego yo ni a la planta de sus pies) por Claudia de Siato, que fue alumna de Marcel Marceau. Y se notaba. Porque no sólo "brillaba" por lo que decía, sino por sus gestos y su expresión corporal.
De Pedro Morales en su papel de Pablo, ¿qué puedo decir?. Si es que Pedro me encanta siempre que actúa. El no quedó nada contento con su actuación...que autoexigencia. Para mí, lo bordó.
El médico fue interpretado por otro de los profesores del Palacio de Festivales, Roberto P. Gallegos. Si enseña tan bien como actúa...es toda una suerte que tienen sus alumnos.
En el papel de Florentina, la bella prima de Pablo, una jovencísima Amanda Allende, que si sigue así, llegará lejos. La que más se emocionó ante la gran ovación del público. No era para menos.
Siempre disfruto de una buena obra teatral, pero cuando además siento cariño por la gente que participa, cuando la he visto nacer y crecer hasta llegar al jueves 13 de diciembre...y cuando sobretodo es la adaptación de una novela que me fascina desde niña...¿qué más puedo decir?.
Aún con un gripazo de órdago, fui a verla y luego a celebrarlo como se merecía. Bueno, no tanto como se merecía, porque era una zombie andante.
De la obra me gustó todo: la interpretación de los actores, la escenografía, la adaptación de la novela...Lo único que les deseo es que tengan suerte y puedan actuar en más sitios y que pueda ser disfrutada esta obra por el mayor número de público posible.
No puedo terminar de otra forma hoy, que con el fragmento que tuve que interpretar en mi prueba para la obra:
Madre de Dios y mía, ¿por qué no me hiciste hermosa?. ¿Por qué cuando mi madre me tuvo no me miraste desde arriba?...Mientras más me miro más fea me encuentro. ¿Por qué estoy yo en el mundo?. ¿Para qué sirvo?. ¿A quién puedo interesar?. A uno solo, Señora y madre mía, a uno solo que me quiere porque no me ve. ¿Qué será de mía cuando me vea y deje de quererme?...Porque, ¿cómo es posible que me quiera viendo este cuerpo chico, esta cara llena de pecas, esta boca sin gracia, esta nariz picuda, este pelo descolorido, esta persona mía que no sirve sino para que todo el mundo le dé con el pie. ¿Quién es Nela?. Nadie. La Nela sólo es algo para el ciego. Si sus ojos nacen ahora y los vuelve a mí y me ve, caigo muerta...Él es el único para quien la Nela no es menos que los gatos y los perros. Me quiere como quieren los novios a sus novias, como Dios manda que se quieran las personas...Señora madre mia, ya que vas a hacer el milagro de darle vista, hazme hermosa a mí o mátame, porque para nada estoy en el mundo. Yo no soy nada ni nadie más que para uno solo...¿Me da tristeza que recobre la vista?. No, eso no, eso no. Yo quiero que vea. Daré mis ojos porque él vea con los suyos; daré mi vida toda. Yo quiero que don Teodoro haga el milagro que dicen. ¡Benditos sean los hombres sabios!. Lo que no quiero es que mi amo me vea. No. Antes que consentir que me vea...¡Madre mía!, me enterraré viva; me arrojaré al río...Sí, sí; que se trague la tierra mi fealdad. Yo no debí haber nacido...Mi corazón es todo para él. Este cieguito que ha tenido el antojo de quererme mucho, es para mí lo primero del mundo después de la Virgen María. ¡Oh!. ¡Si yo fuese grande y hermosa!. ¡Si tuviera el talle y la cara de otras mujeres...!. ¡Si yo pudiese llegar a ser señora y componerme!...
¡Ay!, entonces mi mayor delicia sería que sus ojos se recrearan en mí...Si yo fuera como las demás...¡qué pronto buscaría el modo de instruirme, de afinarme, de ser una señora!...¡Oh!. ¡Madre y reina mía, lo único que tengo me lo vas a quitar!...¿Para qué permitiste que le quisiera yo y que él me quisiera a mí?.
Sin más comentarios...

domingo, 16 de diciembre de 2007

No Digas Nada

Pues en la semana que he tenido de estrenos, el martes tocaba "Cuestión de Fé", el jueves "Marianela"...y el miércoles, "No Digas Nada".
Y a veces es mejor eso, no decir nada.
Pero se lo merecen mis niños, mis amigos. Los que están en esta foto y dos que faltan en ella.
Para mí son los más importantes de la película "No Digas Nada". A ellos son a los que he ido a ver y por ellos fui a verla.
El miércoles, tras dos años de espera desde la grabación de ella, se preestrenaba en Santander por haber sido grabada en Cantabria.
No voy a hablar ni de su director, ni de los actores que han participado en ella. Sólo destacar a Santi Rodríguez, un gran actor y excelente persona que no se merece que le mezcle en esto. Él participa en ella, haciendo el papel de un policía un tanto peculiar, de baja categoría, por decirlo de algún modo. Santi Rodríguez lleva años con una carrera de éxitos. Como él mismo decía el día del preestreno, no podrá quitarse nunca el apodo de "El frutero" de 7 vidas. Yo aparte de su papel en esta serie, destaco su participación como monologuista, que me encanta.
Aparte de Santi Rodríguez, el pequeño papel de Ramón Langa, como jefe de policía. Salía poco, pero Ramón con esa voz tan auténtica que tiene...para eso es uno de los dobladores con más experiencia en este país.
Del director no voy a hablar mal ni bien, porque no sé nada de él, ni profesionalmente, ni personalmente. Sólo decir que la película "No Digas Nada" me sorprendió para bien. Con lo que había leído sobre ella y también me habían contado, pensaba que iba a ser un muermazo. Pero la verdad es que tiene muchos golpes de humor, en general negro, que te hace reír sin parar. Como se dijo en la presentación de la película, en el Festival de Málaga un espectador salió y dijo: "nunca pensé que me reiría tanto viendo morir a gente".
Eso sí, todo esto no quita que no me gustara el trato que se dio a mis amigos Patri, Pilar, Alex y Rober. Ellos formaban parte de la clase "asesina". Tuvieron que aguantar todos los días de grabación con varias noches incluidas. No eran unos meros extras. Tampoco eran los protagonistas principales. Eso es verdad. Dentro de este trabajo coral, que eran todos los alumnos de una clase, había gente con más protagonismo y más frases. De ellos cuatro, la única que tenía frase era Pilar. ¿Pero tanto cuesta no darles de lado a unos frente a otros que para mi parecer salían casi lo mismo?. Bien que de todos ellos, unos tenían más escenas y como ya he dicho, más protagonismo. Sin embargo, no me gusto lo que vi, lo admito. Mucha tontería, muchos desprecios, mucho "yo soy mejor que tú".
No creo que habría costado mucho esfuerzo, la verdad, tratar a todos por igual, ya que todos son actores, y todos han hecho posible ese proyecto.
Será que estoy mal acostumbrada. En el estreno del día anterior, nadie se sintió menos que nadie, sobretodo porque Alvaro agradeció a todos su trabajo, desde los protagonistas hasta la última persona que aportó algo al corto, tanto delante como detrás de las cámaras.
Aquí había mucha tontería, para que llamarlo de otra manera.
De todos los actores que había allí, el que más fama tiene es Santi Rodríguez y es el que menos pompa se daba. Tal vez porque él sabe bien que en este mundo tanto estás arriba como abajo y si no eres humilde y modesto, la ostia que te puedes pegar al caer puede ser grandiosa.
Era curioso, porque los que iban más de "divos" eran precisamente los que menos tendrían de que presumir: actores que han trabajado poco y se agarran a sus pequeños trabajos artísticos como si fueran salvavidas. Peor para ellos. Más dura será la caída, como he dicho.
Cada uno es como es, y respeto que cada uno viva la vida a su manera. Alla cada uno.

Yo me quedo con mis amigos, con los que tienen los pies en la tierra, con los que no miran por encima del hombro y tienen que decir lo buenos que son porque nadie aparte de ellos lo dice. Así es este mundo. Que se le va a hacer.
Yo por la noche, después de la película, estuve con lo mejorcito de todo el equipo artístico.
Mis niños, mis amigos. No eché de menos a los demás, la verdad. Me agota hablar con gente que te mira desde lo más alto de su pedestal "autocreado". Me entra tortícolis.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Gran noche con "Cuestión de Fé"

Los protagonistas con el director

Hermosa noche la del pasado martes. Difícil de olvidar. Una noche llena de emociones y sobretodo de veinte minutos maravillosos en forma de cortometraje.
Como dije en mi última entrada, han sido meses esperando que "Cuestión de Fé" viera la luz.
La grabación fue en verano, pero el montaje que necesitaba para que quedara tan bien como ha quedado ha necesitado de meses de gestación.
Y ha merecido la pena la espera. Ya lo creo.
Lo malo de haber tenido tan poco tiempo esta semana, es que con los días, me he enfriado algo. Me hubiera gustado haber escrito la "crónica" esa misma noche, con las emociones aún latentes. Pero no me ha sido posible hacerlo hasta esta noche. Una lástima, no será lo mismo. Intentaré con todo hacer un pequeño viaje en el tiempo y "transportarme" al martes pasado.
Aunque la proyección no empezaba hasta las ocho y media, a las ocho ya estábamos prácticamente todo el mundo revoloteando por la Casa de Cultura, ansiosos, nerviosos, expectantes...
Todos los integrantes del equipo íbamos con una camiseta genial. Un buen recuerdo para tener siempre.
Al principio hubo un caos por ciertas chicas "beatas" que intentaban impedir que entraramos a ver esa "aberración". ¡Qué grandes!. Lo que nos reímos sobretodo con la cabecilla. Ese momento en que nos mandan apagar los móviles o ponerlos en silencio o en vibración, y la "beata" con su megáfono diciendo "en vibración, no, por favor".
Una vez acabada esa pequeña performance, llegó el momento de la presentación y el visionado del corto.
"Cuestión de Fé" es una historia de amor entre un hombre y una mujer algo peculiar por sus protagonistas, llena de momentos de humor y con tres números musicales que consiguen que te rías hasta en los momentos en que sale la crítica religiosa, por decirlo de algún modo.
Y como no soy entendida, pasaré todos esos tecnicismos propios de los expertos. Que si la luz, que si la fotografía, que si el sonido, que si el montaje...
A mí me gustó mucho la fotografía y la utilización de la luz en varias escenas que se convertían en "divinas" por obra del Espíritu Santo. Perdón, no, del director Alvaro García...
Ahora ya puedo decir algo más del corto, poco más, porque no me gusta ir de "spoiler" por la vida para quienes todavía no lo han visto.
Los protagonistas de esta singular historia de amor son Jon (Roberto Jubete) y Luna (Patricia Mediavilla). Para quienes se escandalizaron con mi pecho descubierto, decir que Rober y Patri enseñan más que yo. Y en defensa de mi amigo, diré que si el desnudo de Patri es más completo que el de Rober no es por machismo ni tonterías parecidas. Simplemente razones de montaje y de aprovechar las mejores escenas para el resultado final. El desnudo completo estaba grabado. Doy fé.
Para mi gusto, Rober y Patri han tenido mucha valentía para enfrentarse a este trabajo, a estas interpretaciones, y a diferencias de otros, ellos han salido victoriosos. En ningún momento se han notado ni situaciones forzadas ni incómodas. ¡Chapeau por ellos, ya se lo dije!.
Como tercer protagonista o primer personaje secundario como dice él, un sacerdote testigo por confesión de toda esta historia, interpretado por Pedro Morales. ¿Qué decir de su personaje?. Realmente divertido, con grandes toques de humor cuando hacía falta. Con gestos y miradas lo decía todo.
Si pecara de egocéntrica diría que lo mejor de todo el corte fueron los números musicales, porque salgo yo. Pues no. Eso sí, no oculto que bailé en mi butaca recordando las coreografías.
Y no sólo reí y disfruté con el corto. También lloré...pero de la emoción. ¿Qué se le va a hacer?. Yo soy así. No sólo estaba emocionada por el resultado de un corto que ha llevado varios meses de trabajo, sino al recordar tan buenos momentos y tan buenas relaciones que han nacido de ese proyecto. Algunos lazos se han roto, pero los más importantes y verdaderos siguen allí.
Acabó el corto y la Casa de Cultura se llenó de aplausos y vítores de un aforo más que completo, porque varias personas tuvieron que verlo de pie.
Saludo y mini entrevista por parte del público al director, Alvaro García y de los protagonistas del corto, Rober, Patri y Pedro.
Después, Alvaro fue nombrando uno por uno a cada persona que habíamos aportado nuestro grano de arena para que subiéramos al escenario con ellos.
Básicamente, esta es la foto de familia.

Algunos faltaron por motivos de trabajo, como Agustín Leiva y Victor Lamadrid (dos curas), María Castillo (mi compañera de árbol, yo me entiendo) y el gran bizarro Jon. Como se te echó de menos, Jon, como siempre.
Vale, lo admito, no es una buena crítica. Tengo fiebre y no estoy muy lúcida que digamos. Más bien espesa.
Personalmente, decir que aprecio a mucha gente de este equipo. Que me encanta como dirige Alvaro García, que como siempre digo, me estoy acostumbrando mal. Porque sólo he trabajado con Alvaro y con Jon (con Rememo y Desplazados), y claro, será difícil encontrar siempre tan buen rollo, tan buen trato y tan buen ambiente de trabajo. Que no sólo me gusta las historias que crea en su cabeza, sino la manera que tiene de llevarlas luego a la realidad. Y no, Alvaro, no te estoy haciendo la pelota para que me cogas para tu próximo proyecto.Ja,ja,ja.
Que gracias a este corto conocí a un buen amigo que tiene que sufrir casi diariamente a la caótica Maika. Rober, ya te lo dije allí, me encantó tu papel y con ese abrazo exprese todo lo que sentía.
A Patri la conozco menos. Desventajas de la distancia. Pero si tengo que hablar por todos los momentos compartidos...¡¡ay, ay, ay!!. Tampoco te libraste del abrazo.Ja,ja,ja.
Se me escapó Pedro, mi "Don Juan", mi "ciego Pablo" (de esto hablaré en la próxima entrada). Pero vamos, es lo que tiene. No se libró. También de esto doy fe.
En cuanto a mis compañeros de ensayos, de bailes...algunos les conocía ya, otros no. Aunque, vamos...¡las mujeres bailamos mejor, reconocedlo chicos!.
Y el equipo técnico...bueno, en esto también me incluyo yo. ¿Cómo era, ayudante de producción?.
Es que si empiezo a enumerar a todos...es que somos varios los que hemos participado, y todos creo que saben ya lo que opino de ellos.
Para terminar esta larga entrada (¿quién decía que echaba de menos estos días sin actualizar?), una breve muestra de los buenos momentos que hemos pasado, causantes de mis lágrimas de felicidad del martes.
Con ustedes, el maravilloso making off hecho en las grabaciones de exteriores. Mayormente realizado por "moi". Sin comentarios...pero las risas que me eché no me las quita nadie.



Nos "comimos" la ¿hierba? ese día, pasamos hambre y yo hasta me llevé un particular "mordisquitos" (garrapata) a casa. Momentos para no olvidar...
¡Se me olvidaba!.
Para críticas como Dios manda (Amén), mejor pasaros por aquí.

martes, 11 de diciembre de 2007

Estreno de "Cuestión de Fe"

Después de meses de espera...¡¡POR FÍN!!. Hoy toca confesión. Y sí, también nos cuestionaremos la fe...entre el bien y el mal, entre el cielo y la tierra, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Y a veces las cosas no son lo que parecen...y ya sé que con todo esto, no es que aclare mucho de la historia. Esa es la idea.

De esos meses de ensayos, de grabación han surgido grandes momentos de diversión, nuevas amistades, futuros proyectos...es normal que todos los que hemos participado estemos tan ansiosos de ver el resultado de tantas horas de trabajo, sobretodo por parte del director, Alvaro García y de los protagonistas. Y por supuesto, del equipo técnico. Esta tarde, a las ocho y media de la tarde en la Casa de Cultura de Torrelavega sé que disfrutaremos de veinte minutos inolvidables.
"Cuestión de Fe" dará que hablar, eso es seguro. He prometido ser buena y si no he dicho mucho sobre este cortometraje en estos meses que han pasado, no lo voy a hacer a unas horas del estreno. Así que mejor dejar de escribir y dejaros con el trailer, que muchos ya habéis visto.
Esta tarde, todos luciremos una bonita camiseta y una enorme sonrisa...



domingo, 9 de diciembre de 2007

Trailer de Foxy Lady

Después de un puente largo, no me apetece ni escribir ni leer ni hacer casi nada.
Así que voy a descansar, que se presenta una semana larga llena de estrenos en cine y teatro.
No voy a parar, pero sé que voy a disfrutar mucho.
Así que os dejo con el trailer de "Foxy Lady", para abrir más boca.
Dentro de poco se podrá ver en la Fox.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Foxy Lady

Y entre historia capturada e historia capturada, voy a hablar de una historia que por desgracia no he escrito yo ni tengo nada que ver con ella, porque me encanta.
"Foxy Lady" es un corto dirigido por Alvaro Oliva y protagonizado por Nacho Vigalondo y Ana Asensio.
Llevaba días oyendo (más bien leyendo) hablar de este corto, y por fin tuve oportunidad de verlo el pasado sábado en "Noche de Cortos" en los cines Los Ángeles de Santander.
Yo iba acompañando a Alvaro García que también presentaba su corto "The Gift", aunque no por primera vez. Eso sí, a mí ya me vale que aún no lo había visto bien. Es lo que tiene que no te vaya bien el youtube. Así que allí fuimos los tres: Alvaro, un amigo suyo, Jose y yo rumbo a Santander convencidos de que no nos quedaríamos a ver todos los cortos, pero también teniamos claro que queríamos ver "Foxy Lady", que se estrenaba ese día en Cantabria.
Si queréis ver una crítica más técnica, podéis ir a Cantabria Visual. Yo hablaré como espectadora. Bien, no hay que ser una experta para decir que la calidad de la imagen y del sonido de los cortos no era muy buena. Eso sí, no por los cortos en sí, sino por la proyección en esa pantalla: imágenes "alargadas" y sonido algo distorsionado.
Pero volvamos al corto que hoy me ocupa, Foxy Lady.
Tenía mucha expectativa y el miedo de quedarme defraudada al verle. Sin embargo, nada de eso. Más bien todo lo contrario. No le encuentro ninguna pega. Me encantó el guión, me encantaron los actores y me encantó la magia que hizo con todo ello Alvaro Oliva.
No voy a contar mucho del corto, para no destrozarlo. Comienza con la entrevista a un famoso escritor. Y termina...bueno, pues de un modo que no se espera. ¿Me he explicado bien, eh?. Es lo que tiene ser una experta crítica cinematográfica. ¿Quién, yo?. No.
No me extraña en absoluto que este corto haya sido ya seleccionado trece veces. ¿Eres supersticioso Alvaro?. Espero que no.
Aparte de estas selecciones, podréis disfrutar de este corto en la cadena Fox, entre serie y serie.
En Cantabria, tenemos la oportunidad de volver a verlo el próximo viernes 14 en la Sala Miriñaque de Santander a las nueve y media de la noche, dentro de "Encuentros en Corto".
Y para los que viváis en Madrid, lo podéis ver el jueves 20 de diciembre, a las siete y media, en las instalaciones de Sony Pictures Releasing, en el preestreno de la película "El espía".
Y para los que no viváis en Madrid ni en Cantabria ni tengáis la Fox...pues paciencia y atención a los festivales en los que concursen cortos. Yo es que me he hecho una forofa de los cortos desde hace ya algunos meses, y no me pierdo ningún corto que pueda ver: mejor en una pantalla grande, peor por internet...imposible si no puedo ir a verlos y no están colgados por internet...¬¬
Así que me uno a la entrada de Cantabria Visual y digo...¡¡Chapeau, Mr.Oliva, chapeau!!. Y que gane usted muchos premios, los que se merece este corto.

martes, 4 de diciembre de 2007

Autorretrato oxidado

"Autorretrato Oxidado"
Hanna Quevedo
Fuente: Captura


Oxidada. Así era mi vida. Así me sentía yo. Por eso hice esa última foto, autorretrato oxidado. Esa era yo: una mujer oxidada y totalmente vacía por dentro…
Hubo un tiempo que yo no era así, que mi vida no era así. Pero todo había cambiado. Alrededor de mí se creó una mentira, que fue creciendo y creciendo, hasta que se convirtió en verdad para la mayoría de la gente. Hasta yo llegué a dudar de lo que había ocurrido. Por esa mentira perdí a mi pareja y a casi todos mis amigos. Me quedé sola. Nadie me creía. Casi nadie. Lo que es lo mismo. Escuchaba frases que en ese momento no consolaban, como: “el tiempo pondrá las cosas en su lugar”, “todo esto pasará”, “él no te quería, si le ha creído a él y no a ti”, “esos amigos no eran verdaderos amigos”…
Al principio pensé que lo peor que me podía haber pasado fue que un buen amigo me intentará violar aquella maldita noche de jueves. Pero estaba equivocada. Lo peor vino después. Él lo negó todo y mintió contándole a todos que era yo quien le llevaba acosando desde hacía meses. Y le creyeron a él.
Todo mi mundo se rompió en mil pedazos. Todos mis principios, mis creencias, que hasta entonces eran tan firmes, se derrumbaron por completo. Nada tenía ya sentido para mí: ni el amor, ni la amistad, ni esa justicia que se mantenía muda, aparte de ciega. ¿Por qué me pasaba todo esto a mí?. Tal vez es que me lo merecía. Desde niña me habían enseñado que lo que dabas, era lo que recibías. Pero no era así. Yo nunca había hecho daño a nadie, siempre me había dejado guiar por lo que había aprendido que era bueno, que estaba bien hecho.
Sin embargo, como premio a lo que pensaba que era lo apropiado, lo justo, ¿qué había recibido?. Injusticia, pura injusticia. E incomprensión.
Me encerré en mi casa y construí una jaula invisible a mi alrededor que no dejaba que pasará nada ni nadie. No quería volver a sufrir. Sin embargo, era incapaz de llorar. Quería hacerlo, pero no salía ni una lágrima. Estaba seca. Y eso me provocaba una enorme presión en el pecho que apenas me dejaba respirar. Llené mi interior de tanto desamor, rencor, odio y tristeza, que no dejé sitio para nada más. Una noche, cansada de tanto pensar en vano, quemé todo el trabajo que había hecho hasta entonces: una a una, fueron ardiendo todas las fotos; fotos que traían recuerdos que quería olvidar. Dolían demasiado. Me quedé mirando ese fuego hasta que se consumió la última llama, con la esperanza que entre esas fotos quemadas también desapareciera todo el dolor que llevaba acumulado desde hacía meses. Y así fue. A la mañana siguiente me desperté y ya no sentía dolor. Ni dolor, ni rabia, ni impotencia, ni odio, ni rencor…en realidad ya no sentía nada…ni bueno ni malo. Sabía que tenía corazón, porque sentía sus latidos. Sabía que tenía vida, porque seguía respirando. Me convertí en un fantasma, deambulando por las calles, sin querer ver ni ser vista. Los primeros días caminaba con mi cámara de fotos. Luego la dejé en casa. ¿Para qué?. Todo lo veía en blanco y negro. Ni siquiera eso. Es difícil fotografiar e intentar capturar instantáneas ideales, cuando todo lo encuentras absurdo y sin sentido. Imposible reflejar con el objetivo una emoción, cuando no sientes nada por dentro. Me hice ese autorretrato oxidado antes de guardar mi cámara en un cajón, porque sabía que sin ella, sin mi pasión por la fotografía, me iría oxidando por dentro primero y por fuera después.
Y es lo que deseaba: que el óxido fuera aumentando, invadiendo todas mis venas, todo mi cuerpo, para así acabar con esa existencia que se había convertido en un sinsentido. No tenía ni fuerzas ni valor para acabar yo misma con todo aquello.
Por las noches imaginaba mi sangre tiñéndose de marrón, oxidándose, envenenándome por dentro. Por la mañana al despertar y comprobar que seguía viva, lo único que deseaba era volver a dormirme, para no recordar, para no pensar.
Pasé varios días metida en la cama, sin comer ni beber. Cada vez me sentía más débil y más vacía. Llegué a sentir que realmente me estaba oxidando porque me costaba hasta el más mínimo movimiento. Una lástima que siguiera sin poder llorar, ya que las lágrimas que derramara, inagotables, ayudarían a que se acelerara el proceso.
No sé que habría ocurrido (o tal vez sí lo sé), si no hubiera aparecido Clara, mi mejor amiga, por el apartamento. La habían avisado al ver que no contestaba al teléfono ni tampoco había acudido al trabajo. Cuando la vi entrar en mi habitación alarmada, lamenté haberla dado una copia de mis llaves. Me resistí todo lo que pude a sus esfuerzos para que me levantara, me duchara y comiera algo. Mientras me ayudaba a recomponerme, me repetía todas las razones que había para seguir adelante. Era inútil: yo ya no escuchaba ni quería volver a tener fe ni esperanza alguna en que las cosas irían a mejor. Ni siquiera podía soportar que Clara me tocara, me intentara abrazar. ¿Por qué se empeñaba tanto en que reaccionara, cuando lo único que quería es que me dejara en paz, igual que todos los demás?. La mandé a la mierda y la tiré con un jarrón que precisamente ella me había regalado. Pensé que así conseguiría alejarla de mí. Lo único que quería era seguir oxidándome…
Y ella respondió a mi violencia con violencia. Me zarandeó, me abofeteó y me gritó: “siento todo lo que te ha pasado, pero nadie dijo que esto fuera el paraíso, así que jódete y asúmelo de una puñetera vez.”
Después se cayó de rodillas y lloró con la impotencia que da no saber como ayudar.
Quizás no fuera la mejor manera, quizás habría habido otra forma de hacerme reaccionar. Lo importante es que lo consiguió. Me di cuenta que algo quedaba vivo en mí: podía infringirme todo el daño posible a mí misma, pero no a alguien que tanto me había querido y a la que yo tanto quería. Clara no se merecía perderme, ni yo perderla a ella. Me arrodillé junto a ella y la abracé. Mis ojos se quedaron mirando fijamente la chimenea llena de las cenizas de mis fotos, llenas de malos recuerdos, pero también de todos los buenos. Y sucedió: finalmente pude llorar. No sé cuanto tiempo pasamos así. Lo que quería era soltar todas aquellas lágrimas que se habían estado acumulando durante tantos días. Y también deseaba conservar todo lo bueno que me quedaba en ese abrazo con Clara e intentar olvidar todo el daño sufrido por un amor que había perdido y por unas amistades que nunca fueron verdaderas…
Y como me recordó Clara frente a una taza de café horas más tarde, cuando has caído en el pozo más profundo lo único que puedes hacer es subir.

Sexta historia capturada

Pues por fin, de nuevo, una historia capturada.
Tengo que ser más asidua con esta sección, sobretodo porque ideas e historias no me faltan...
Quería hacer algo especial con la capturadora de hoy, Hanna Quevedo.
No solamente por ser el primer miembro de Captura que me dijo que quería tener una historia capturada de una de sus fotos, sino porque es un encanto de mujer.
Me encantan sus fotos, su forma de ver la vida y de vivirla y esta "amistad de red" que tenemos.
Me costó mucho elegir una foto de ella para hacer una historia, porque tiene muchas y muy buenas, cargadas de cosas que contar.
Finalmente, me quedé entre tres o cuatro. Y luego, con dos. Una de ellas, porque es la única en que aparece en cierta manera Hanna. Mirando y pensando en las dos que había elegido, sin saber por cual de ellas decantarme, decidí hacer historias de ambas.
Por tanto, esta sexta historia capturada es sobre su foto "Autorretrato oxidado". Pero tiene continuación con la séptima historia capturada de su foto "Encontrando miradas".
Confío en que no pase más de un día entre la publicación de una historia y otra, para que no se haga muy larga la espera para la continuación. Pero prefiero que entre historia e historia haya otra entrada que quite un poco el mal sabor de boca que deja esta historia. No es muy alegre que digamos...

sábado, 1 de diciembre de 2007

Día mundial del Sida


Hoy, 1 de diciembre, y desde 1998, es día mundial del SIDA...o día mundial de lucha contra el SIDA.
Fecha fatal, porque conmemora el día que se diagnosticó por primera vez, en 1981.
Y es una pena que el Sida siendo ya una enfermedad con la que vivimos desde hace más de veinte años, siga siendo la lepra de este siglo. Porque se sigue viendo todavía a los enfermos de SIDA como leprosos, como si esta maldita enfermedad pudiera contagiarse con un mero roce.
No solamente tienen que sufrir el SIDA, sino también ser evitados y rechazados por parte de la sociedad. Aún falta mucha información que conocer y muchos prejuicios que derrumbar.
Yo supe más sobre el SIDA gracias a Cyril Collard: a través de sus libros, a través de su película...a través de su vida. Me apasionó tanto él como la enfermedad que le llevó a la muerte.
Desde entonces, cada día sé más. Cada día me informo más. Todos deberíamos hacerlo.
Porque no es algo que vaya a desaparecer, porque mañana podemos sufrirlo en nosotros mismos o alguien cercano.
Muchas veces me he planteado esta pregunta, a raíz de leer "Las Noches Salvajes".
¿Qué haría yo si me enamorara de un enfermo de SIDA?. ¿Qué haría si alguien a quien quiero lo tuviera?.
Y como parte de mis preocupaciones y mis comeduras de cabeza, he incluido este tema en...
no adelantemos acontecimientos. Soy cuidadosa, no me gusta hablar de lo que todavía no está publicado ni registrado. Sobretodo si se trata de algo que no sé cuando acabaré ni cuando podré intentar publicar.
Por todo esto, pongo hoy en mi blog el lazo rojo, para recordar a todos los que han muerto por esta enfermedad maldita, por todos aquellos que la sufren, por todos aquellos que están cercanos a los enfermos...y por todos aquellos que todavía no la comprenden, para que se informen mejor y no hagan más difícil la vida a los que la tienen.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Yo escribo, tú escribes, él escribe...

Escribir. Una palabra que tiene varios significados que a veces se confunden.
Todos escribimos, salvo los analfabetos. Por lo tanto, en el significado amplio de la palabra, desde que juntas la m con la e, ya sabes escribir.
Escribir como oficio es otra cosa. El problema es que es difícil de explicar y de entender donde empieza un concepto y termina el otro.
Personalmente, echando la vista atrás, ponerme seriamente a ello, escribiendo un amago de novela, fue en el instituto. Aunque realmente desde que tengo uso de razón recuerdo que me encantaba contar historias, imaginarme aventuras, escribir mis diarios mezclando lo que realmente me pasaba con fantasías y pequeños poemas y siempre se me dio bien hacer redacciones y trabajos en el colegio...
A mí personalmente me hace "gracia" cuando dices que escribes (ya he comentado varias veces que a mí la palabra escritora se me hace grande), y te viene alguien y te dice todo ilusionado/a: "anda, yo también, llevo años escribiendo un diario, y escribo cartas a mis amigos...y a veces, cuando tengo un sueño, cuando me levanto, también lo escribo."
¡¡Ah, vale!!. ¡¡Entonces todos somos escritores, pintores (los dibujos que hago mientras hablo por teléfono merecen una exposición) y hasta escultores (yo de pequeña hacía unas esculturas de plastilina alucinantes)!!.
Todo es subjetivo y es complicado definir ciertas palabras.
A mí me costó mucho decir que escribía y mucho más enseñar lo que escribía.
Luego hay otras personas que te dicen que también escriben, pero que nadie ha leído nunca lo que han escrito, sólo ellas, porque lo consideran algo demasiado personal y privado para enseñarlo...yo por respeto, no digo nada. Cada uno que haga lo que quiera. De ese modo, se puede “presumir” de que él o ella escribe de puta madre, sólo que no es tan egocéntrico/a como tú y no tiene que enseñar sus textos al mundo. También se libra de comprobar que quizás la escritura no es lo suyo.
Lo que ocurre es que palabras como escribir, escritor, escritora, guionista, periodista, columnista…me las tomo muy en serio.
Otras profesiones como electricista, informático, fontanero, profesor, comercial no plantean tantas dudas ni tantos problemas.
Cuando alguien te dice, “soy electricista”, tú no vas y le contestas: “¿sí?, yo también. El otro día se fundió la bombilla del salón, compré una nueva, la cambié por la fundida, ¡y se hizo la luz!.”
Algunas personas piensan que escribir es lo más sencillo del mundo. Simplemente necesitas un bolígrafo y un papel, o un ordenador…y ya está. Escribes lo que piensas, lo que te ha ocurrido, lo que sientes, lo que te han contado...y ya puedes ir diciendo que escribes.
Me ofende, no por mí, sino por todos los escritores y periodistas que han conseguido que yo esté ahora aquí, que han hecho que sienta algo al leerlos. Yo no leo un libro, le cierro y pienso: “esto lo hago yo en un abrir y cerrar de ojos, en una tarde, si me pongo a ello.”
Escribir es uno de esos oficios que a menudo son menospreciados y poco valorados, a no ser que ya tengas un nombre por haber publicado varios libros y haber estado en la lista de los más vendidos.
Si perteneces a un grupo coral, como puede ser el de guionista, que pocas veces suele trabajar solo en un proyecto, o eres un “negro” que le escribes los libros a otros…para que te quiero contar…
Y no es que quieras aplausos y reconocimiento todo el tiempo, ni ver tu nombre en grande por las calles. Escribir, como ya dije ayer, en la mayoría de las ocasiones es algo que necesitas para sentirte viva, como el respirar. Si se les pregunta a los escritores famosos o conocidos en sus diversas facetas, si dejarían de escribir si no fuera por la fama o por el dinero, seguramente que la mayoría contestarían que seguirían escribiendo por el mero placer que da hacerlo. Pero de ahí a que no se valoren las horas y “comeduras de cabeza” que dedicas hasta conseguir acabar un relato, una novela, un artículo, un guión…
Por ello, si a mí se me pregunta cuando empecé a escribir y a sentirme “escritora”, diría que en el momento en que dejé de hablar de mí misma y comencé a relatar historias que no tenían nada que ver con mi vida, y sin embargo, resultaban creíbles. Cuando mis amigos me leían y me decían que les había gustado, que lo habían leído de un tirón y que no habían podido parar hasta llegar al final. Cuando fui subiendo escalones, buscando nuevas temáticas, nuevos retos, nuevas historias cada vez más alejadas de lo que hubiera podido vivir y sentir en persona…y logré rematar la faena de una manera acertada.
Por tanto, hermanos, un mandamiento más os dejo: no utilicéis las palabras “escribir” o “escritor/a” en vano. Amén.


miércoles, 28 de noviembre de 2007

Escribo porque respiro


Ya he hablado en varias entradas del tema: algunas veces directamente, otras veces de pasada...
Y aún no había creado nada para "etiquetarlo".
Mi nueva etiqueta para poner en la entrada que corresponda es "Escribo porque respiro."
Porque es así...
Iba a poner ejemplos de escritores, del pasado y del presente, de siempre...
Llevo años leyendo biografías, frases, entrevistas de escritores donde explican el como y el por qué escriben.
Sin embargo, he decidido explicar el por qué yo escribo. Escribo porque respiro, es parte de mi vida. No podría escribir si no respirara...principalmente porque eso significaría que estaría muerta. Pero probablemente me costaría respirar y sentirme tan viva como hasta ahora.
No puedo decir que haya sido una niña prodigio de la escritura. De hecho, mi primera forma de "manifestarme artísticamente" fue la pintura.
Escribir, lo que se dice escribir...¿qué es escribir como trabajo y como vocación?. Eso requiere toda una entrada dedicada a ello.
En esta entrada sólo voy a hablar del escribir como necesidad. Porque necesitas contar historias, necesitas escribir cada día porque si no escribes algo te sientes vacía al final del día.
Escribir como terapia cuando estás mal y necesitas sacarlo. Y escribir como un juego, como una diversión, como un reto. Aprender cosas nuevas, "tocar varios palos", intentar superarte.
Tiene muchas partes buenas, como es el pensar una historia, crearla y "completarla", leerla una vez finalizada y dar el visto bueno...y la satisfacción y alegría indescriptible que da que otros disfruten con tu lectura. Digo indescriptible, porque es difícil de describir lo que sientes cuando los demás te leen y te dicen que le ha gustado, que es genial, que hasta se sienten identificados...
Y sí, una vez que decides enseñar por primera vez tus escritos, ya no puedes parar de hacerlo, porque la satisfacción de quien lo lee se convierte en parte de ti, en parte de tu trabajo, en parte del "oficio" de escribir.
Pero cuando escribir se ha convertido en parte de tu vida, en una necesidad, en tu vocación...tiene también su parte mala: la frustración cuando no sale una historia, la ansiedad cuando no puedes escribir por falta de tiempo, la angustia de saber que es difícil poder "vivir" de ello...esto último no es porque quiera ganar mucho dinero con mis libros ni que busque la fama (¡no por Dios!). Es que eso implica tener que trabajar en otra cosa, algo que no te va a llenar ni de lejos como lo hace la escritura, y que además te dejara poco tiempo para hacer lo que realmente te gusta.
Haré más entradas con esta etiqueta, pero ahora me he quedado "seca" y además necesito irme a dormir. Me he pasado todo el día escribiendo: de las pocas ventajas de seguir en paro...

martes, 27 de noviembre de 2007

Fly me to the moon


A veces la vida que vivimos no es la que soñábamos tener cuando éramos jóvenes: mucho trabajo, poca vida social…demasiada rutina. De lunes a viernes, la jornada es una constante repetición: te levantas, vas a la empresa, metes más horas en ella de las que desearías y por la noche llegas tan cansada que apenas tienes tiempo de cenar, ver algo en la televisión e irte a dormir. La mayoría de los fines de semana estás tan agotada que prefieres descansar y no salir, a pesar de la insistencia de tus amigas casadas para que dejes de ser la solterona del grupo. Sí, a veces la soledad es una losa difícil de sostener, pero tras aguantar varias citas a ciegas y tener que soportar a hombres que te consideran una mujer objeto, decides que es mejor estar sola que mal acompañada. 

Dicen que soy muy exigente. Pero, ¿por qué conformarme con un vino de tetrabrik cuando has saboreado y disfrutado un buen crianza?
Prefiero seguir esperándole. Porque sé que existe, que se encuentra en alguna parte y que cualquier día se presentará, cuando no le esté buscando, como hizo aquel noviembre en la ciudad de las luces y las sombras.

Mientras tanto, le tengo siempre que le deseo. En sueños, pero ¿quién ha dicho que el mundo es perfecto?. Aquella noche sí lo fue. Perfecta, difícil de superar por nada ni por nadie…


Era jueves y estaba sola en una ciudad desconocida. Había ido allí por un asunto de negocios. Después de haber aguantado cinco horas de una conferencia soporífera y haber mantenido charlas insípidas con varios inversores interesados en mi empresa, lo que menos me apetecía era encerrarme en la habitación de un hotel. Caminaba por las calles casi vacías de aquella ciudad, pensando por qué no tenía el valor de dejar un trabajo que me aburría tanto y no me llenaba en absoluto, cuando escuché el siempre agradable sonido del buen jazz. Por fin un soplo cálido en medio de aquel viento frío otoñal. Me detuve y miré alrededor. La música provenía de un pequeño bajo que estaba a mi izquierda. Me fui acercando, no sin el cierto temor que dan los lugares que no conoces. Ni una ventana por la que asomarse al interior, la puerta cerrada y sin ningún cartel fuera que diera información del tipo de local que era. La única opción para descubrirlo era entrar dentro. Mi primer pensamiento fue que si me pasaba algo, nadie sabría donde encontrarme. Sin embargo, la curiosidad pudo más que el miedo a lo que pudiera suceder. Cuando finalmente respiré hondo y abrí aquella pesada puerta, no pude evitar un gesto de sorpresa. Es difícil de explicar, sobretodo para alguien que sacaba aprobados justos en las redacciones del colegio. Siempre he sido más de números que de letras. Y es una pena, porque con lo que viví aquella noche podría escribir perfectamente una novela. ¿Cómo describir lo que viví y sentí? Parecía que hu
biera hecho un viaje a través del tiempo: estaba en plenos años cincuenta o sesenta, no sabría decirlo con exactitud. Si en ese momento hubiera aparecido Humphrey Bogart, no sería él precisamente el que estuviera fuera de lugar. Un ambiente cargado de humo, repleto de gente y músicos tocando en directo el mejor jazz que había escuchado nunca. No me sentía violenta ni incómoda, más bien todo lo contrario. Las personas con las que me cruzaba, me sonreían y me daban una cálida bienvenida. Hacia tiempo que no me encontraba tan a gusto en un bar. Sola y a la vez rodeada de gente que me saludaba como si fuera una clienta habitual. El camarero me sirvió un whisky con hielo. Estaba invitada. Ni siquiera me molesté en preguntar quien podía invitarme a mi bebida preferida.
Simplemente le agradecí a él la invitación y busqué un sitio cómodo y algo escondido donde poder disfrutar de un momento tan extraño y reconfortante a la vez. Saboreé el mejor whisky que había tomado jamás y empecé a moverme al ritmo de la música. Encendí un cigarrillo y comencé a mirar a mi alrededor, intentando averiguar el nombre de aquel local, para recomendarlo a mis conocidos amantes del blues y del jazz. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, que me sorprendió que mis ojos se encontraran con otros que me estaban observando detenidamente. En una esquina de la barra, ese hombre más que mirarme, parecía que estuviera estudiándome. Desvié mi mirada, pero en cuestión de segundos, no pude evitar volverla hacia él de nuevo. Era un hombre que si no había pasado los cuarenta años, estaba a punto de hacerlo. Llevaba un traje gris oscuro, con el pelo castaño claro, algo canoso, peinado hacia atrás. Sus ojos eran azules o verdes. No podía distinguirlos bien entre la densa cortina de humo que se interponía entre los dos. Tenía esa elegancia que no se consigue por mucho que lo intentes: se nace o no se nace. Sus manos acariciaban su vaso de whisky y me sonreía. En otra circunstancia, en cualquier otro lugar, mi reacción habría sido ignorarle, mirar hacia otro lado, hasta irme…pero me sentía paralizada, incapaz de dejar de mirarle y sonreír. No sabía que me ocurría ni quería pensarlo. No sé cuantos minutos pasamos así, o si pudieron pasar horas. Para mí, el tiempo se había detenido desde que había entrado por aquella puerta. Estábamos alejados, separados por varios metros, pero nunca me había sentido tan cercana a nadie como a él. De hecho, se podía decir que era una conversación donde no hacían falta palabras, porque con las miradas nos lo estábamos diciendo todo. Esa conversación fue interrumpida por una mujer que vino a pedirme fuego y se puso en medio de los dos. Cuando volví a guardar el mechero, miré hacia la barra pero él ya no estaba. Le busqué, primero desde donde me encontraba, después recorriendo el bar. Era inútil: había desaparecido. Volví a la realidad. El concierto había terminado y sonaba un viejo tocadiscos. Algo abatida, estaba a punto de pedir otro whisky, cuando escuché las primeras notas de la canción que más necesitaba en ese momento: «Fly me to the moon» en la voz del insustituible Frank Sinatra. Alguien acarició mi brazo y fue bajando lentamente hasta que me cogió la mano. Me volví y me encontré con mi hombre misterioso. Me sonrió y me besó la mano dulcemente. Se acercó y me susurró al oído con una voz grave: «¿puedo pedirte que me agradezcas la invitación de antes con un baile?». Yo apenas pude responder. Me dejé llevar por la música y por él hasta el centro de la pista. Me apretó fuertemente contra su pecho y yo más que bailar, estaba flotando. Pude comprobar que sus ojos eran de un verde intenso, antes de que pegara su mejilla contra la mía y me cantara suavemente al oído. No habría consentido a ningún otro que tapara con su voz a La Voz, a Sinatra. Pero estaba segura de que había perdido toda resistencia con aquel hombre desconocido que me había llevado volando hasta la luna. Así que cuando, con las últimas notas, me acarició el cuello y me besó, no pude hacer otra cosa que seguir dejándome llevar por él. Nunca me han besado ni seguramente me besarán como lo hicieron aquellos labios dulces y suaves. 

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté sola en la habitación de mi hotel: ni una nota ni ningún rastro de él. Me vestí y me puse a buscar el local de la noche anterior. Pero por muchas vueltas que di a la ciudad y a sus calles, no lo encontré.

Cuando regresé a casa, se lo conté a mis amigos, pero nadie me creyó. Era algo difícil de explicar y mucho más difícil de entender. Pensaron que todo era fruto de mi imaginación. Sin embargo, yo sé que fue algo real, que no lo soñé.

Y si al final fue todo un sueño, yo no pedí despertarme de él.

Por eso cada noche me acuesto con la esperanza de cerrar los ojos y volver a aquel lugar y a sus brazos…




Historias al son de una canción

¿Qué mejor día para subir una nueva sección al blog?.
Se llama "historias al son de una canción". El mismo título lo explica. Historias que giran en torno a canciones. Ya hice una entrada de este estilo hace unos meses con Sábado por la noche, que bien podía incluirse en esta sección.
No es una sección original, pero sí llena de posibilidades. Y es que hay tantas canciones y tantas historias que contar al son de ellas...
Escribiendo la primera historia, la "culpable" de que se me ocurriera esta sección. Continuará.
Espero que disfrutéis leyendo esta sección como yo estoy disfrutando escribiéndola.

lunes, 26 de noviembre de 2007

REC

El sábado tuve una noche "movidita", porque después de ensayar la obra "La que se armó en el Tenorio" para el domingo y de disfrutar como espectadora del "Maqui", me fui al cine a ver en la sesión "golfa" "REC". Tenía muchas ganas de verla, sobretodo desde que me la habían recomendado. Y porque me encantan las películas de suspense y de terror.
Y después de ver esta película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, me vuelvo a preguntar lo que llevo preguntándome desde niña: ¿por qué voy a ver estas películas si después lo paso tan mal?.
Y es que no puedo evitarlo. Desde que convencí a mis padres para que me dejaran ver con pocos años "Drácula", dentro del programa de "Historias para no dormir". Es como meter los dedos en el enchufe sabiendo que te vas a llevar un buen calambrazo. Película de terror tras película de terror; serie de terror tras serie de terror (¿cómo olvidar "El misterio de Salem´s Lot"?), la misma conversación con mi madre:
-"Mamá, anda, déjame verlo."-
- "No, que luego tienes miedo y vienes por la noche a mi habitación con que no puedes dormir porque tienes pesadillas."-
- "Que no, que te prometo que no."-
Mi madre al final cedía, cansada de tener a una pesada como hija. ¿Y qué pasaba después?. Que la niña Maika iba asustada a la cama de sus padres porque tenía miedo y no podía dormir...
Ahora ya no voy a la cama de mis padres, llorando porque tengo miedo, pero lo sigo pasando mal y me acuesto algo asustada, con un ojo cerrado y el otro abierto, por si acaso...
Es lo que tiene tener tanta imaginación y tanta sugestión...recuerdo que sobretodo de pequeña, no solía asustarme yo sola creyendo ver, sentir o escuchar algo sospechoso o terrorífico; lo peor es que acababa convenciendo a los amigos que estaban conmigo, que veían, sentían o escuchaban lo mismo también...
Pero dejaré de hablar de mi infancia y seguiré con la película "REC".
No voy a hacer una crítica al más puro estilo cinematográfico, porque no es lo mío.
Sólo diré lo que me pareció como espectadora.
Me ha gustado. Ya está.
Bueno, vale, me extiendo un poco más.
La película envuelve su trama en un reportaje que te recuerda a programas como "España Directo" o "Está pasando". Y sí, yo sonreí maliciosamente en algún momento cambiando la cara de la protagonista por alguno de los reporteros "dicharacheros" de los citados programas.
No puedo decir que la vi entera, porque sí, soy de ese tipo de personas que llega un momento que cierra los ojos o se tapa la cara en ciertas escenas. Todo ello acompañado de comentarios a mi amigo Rober: "necesito un cigarrillo"(lo malo de verlo en el cine y no en tu casa), o "¿qué ha pasado?", cuando cerraba los ojos y oía los gritos.
Esta película que ves a través de la cámara de "Pablo", te tiene en una constante tensión. Estás tan concentrada en fijar tu atención y no "perderte" ante tanto movimiento de cámara, que claro, cuando llega el momento del "susto", te pilla desprevenida.
Y sí, lo reconozco, me perdí casi todos los minutos finales de la película, porque mi corazón no aguantaba más sobresaltos, y era lógico pensar que las últimas secuencias serían las más aterradoras. Ay, ese ático...
Cuando terminó la película, casi lo agradecí, porque tenía ganas de fumar y porque quería relajarme.
Pero todavía había algo que añadir a la tensión. Porque cuando sales del cine de una sesión golfa y te entretienes un poco yendo al baño o echando un cigarrillo antes de ir a coger el coche al parking...te encuentras con un centro comercial vacío, con la única presencia de tres amigos y tú. Y como sigues sugestionada por la película, piensas que en cualquier momento aparecerá un trabajador de Cinesa "infectado" por el virus...
Y aunque la actriz que interpreta a la reportera Angela no tiene la culpa, la llegué a coger tanta manía por su creciente histerismo, que deseaba que llegara una toma en que el cámara Pablo la abofeteara para que se calmara. Y es que Pablo aparte de un excelente profesional (yo habría tirado la cámara a mitad de la película), tenía una paciencia de santo ante los gritos de su compañera: "Grábalo todo, Pablo, por tu puta madre."
Se desconoce la relación que les unía a Angela y Pablo antes de hacer ese reportaje acompañando a los bomberos, pero vamos, para aguantar tanto, serían compañeros de trabajo y amigos con derecho a roce porque...
¿Conclusión?. Recomiendo que vayáis a verla si sois amantes del género del terror y del suspense. Si no os gustan estos géneros o padecéis del corazón y/o de los nervios, mejor que veáis "Shrek", que hay un ogro en ella, pero no asusta tanto...
¡Ah!. Y me ha quedado una cosa clara también: si algún día me voy a vivir a Barcelona, me pensaré mucho elegir un bloque de pisos parecido al de la película. Por lo de siempre: por si acaso...

El Maqui

"Un hombre moreno venido del norte, al que todos llaman "El Maqui" llegó al valle nada más acabar la guerra civil. No buscó trabajo como jornalero, como solían hacer los gitanos, sino que compró la vieja carpintería y se instaló en ella.
La gente le consideró un loco, pues el edificio, después de haber sido bombardeado durante la guerra, sólo era un montón de escombros. A pesar de todo, el Maqui se quedó allí trabajando duro para sacar adelante una serrería. Imitaba como un artista a toda la fauna de animales y personas que vivían a su alrededor pero cuando la tristeza embargaba su corazón aullaba desesperadamente.
El Maqui es el retrato de un ser humano que va contra corriente, libre y tozudo, por el camino que su intuición y espíritu más primario le marcan. No hace daño a nadie pero su forma de afrontar la vida hiere el orgullo de los que están atrapados por la tristeza cotidiana."
La sinopsis de la obra fue lo único que sabía cuando el sábado pasado me dispuse a ver "El Maqui" del grupo navarro La Ortiga T.D.S. (las siglas significan Teatro de Denuncia Social), grupo participante del VIII Festival del Otoño Aficionado. Suelo ir todos los años, porque aunque algunas obras a concurso son soporíferas, de vez en cuando te llevas una agradable sorpresa, como en esta ocasión.
El Maqui es una obra original, refrescante y con una puesta en escena impresionante, acompañada con músicos en directo: un acordeonista y un guitarrista. Porque también tiene su parte musical. Confío en que se lleven el primer premio del Otoño Aficionado de este año. Se lo merecen.
No sería su primer premio. Este montaje ya consiguió el primer premio de Artes Escénicas de los Encuentros de Jóvenes Artistas Navarra 2006. Y no es la primera vez tampoco que ganan premios por sus obras. Ya consiguieron hacerlo con dos de sus tres anteriores trabajos: “Los Justos” de Albert Camus y “La Ceguera” de José Saramago. Con su tercera obra puesta en escena, "Ubú Cabrón” basada en el texto de Alfred Jarry, "Ubú Rey", no sé si habrán conseguido algún premio, pero visto la trayectoria de este grupo teatral, no me extrañaría.
La Ortiga T.D.S. es un grupo de teatro del Valle de Aranguren que desde noviembre del 2001 y siempre dirigidos por Angel Sagüés, utilizan sus montajes como un medio para "denunciar" y dar un toque de atención a la sociedad.
La obra que yo tuve el placer de ver el sábado pasado, "El Maqui", está basada en una novela de Arto Paasilina: "El molinero aullador".

Este montaje trata de los problemas que puede tener una persona cuando intenta ser diferente, no seguir al rebaño, vivir la vida a su manera sin hacer mal a nadie. Un hombre soñador que tiene que enfrentarse a un pueblo cuya sociedad por desgracia es la que existe en estos tiempos. Una sociedad donde prima la envidia, las falsas apariencias, el que dirán.
Los marcados por el pueblo como locos, raros o tontos, al final son los mejores de esta historia.
Y es triste comprobar que por mucho que avancen los tiempos, siempre estará mal visto intentar hacer algo original, seguir tu instinto y tu corazón, no dejarte llevar por la corriente.
Y como ya he dicho, por desgracia, es algo que ha pasado, que pasa y que pasará. Sólo hay que leer un poco de historia y mirar alrededor: en nuestra ciudad, en nuestro país, en el mundo en general.
Por eso pienso que esta obra se merece el primer premio del Otoño Aficionado.
Porque consiguen hacer una crítica dura, pero bien aliñada con momentos músicales y golpes de humor, para que no "duela" tanto.
Unos breves comentarios de la obra:
La canción "principal" de la obra, era cantada por el Maqui principalmente, acompañado del "loco", versionando a Andrés Calamaro:
No sé que quiero pero sé lo que no quiero
sé lo que no quiero, y no lo puedo evitar.
Puedo seguir escapando y aún lo estoy pensando,
lo estoy pensando pero estoy cansado de pensar.
Quizás de todas las canciones, fue la que más me tocó, porque es mi favorita del gran Calamaro.
Sobretodo la parte que he puesto. Me siento reflejada siempre en esas frases...
Un buen golpe de humor irónico a mi parecer fue el momento en que descubrimos que el llamado "tonto del pueblo" tiene en los montes una pequeña plantación de marihuana.
Lo dicho, el mundo al revés. Con frecuencia, los que son tildados de locos suelen ser los que más claro lo tienen, los definidos como tontos suelen ser más listos de lo que parecen...pero suele resultar más fácil etiquetar a las personas, juzgarlas, criticarlas, intentar cambiarlas...que mirar hacia uno mismo, sobretodo cuando sabes que si dedicaras más tiempo a observarte y "psicoanalizarte"... descubrirías que todo los defectos que crees ver en los demás, en realidad están en ti.
Y es que ya lo dice el refrán: "ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio."
Por lo pronto, yo salí de ver "El Maqui" con una gran sonrisa y con las manos doloridas de tanto aplaudir.
Y es que después de todo, quizás no es tan malo ser Maika la caótica, la loca, la bipolar, la fantasiosa y soñadora...mientras viva y deje vivir, espero no tener que huir a los montes como "El Maqui"...

sábado, 24 de noviembre de 2007

Una historia de amor con final trágico

Lo que voy a contar es una historia de amor. Una historia de amor "animal". No, no me refiero a una historia de amor llena de pasión y de sexo. No: una historia de amor entre animales.
La historia comienza cuando un faisán apareció mal herido cerca de mi casa. Mi madre le recogió y le puso en el gallinero junto con los pollos para que mejorara.
Con el transcurso de los días, fue saliendo fuera, al patio con los pollos. Una buena tarde, con el sol dándole en el pico, cogió aire y "gritó", signo evidente de que ya estaba perfectamente. Días después empezó de nuevo a volar. Pensábamos que cualquier día se escaparía y seguiría su viaje interrumpido cuando fue herido. Pero no fue así. Tan sólo le gustaba salir de su pequeña celda de alambres, subir al tejado del gallinero, y de vez en cuando pasearse libremente por la huerta. Cuando estaba cansado o hambriento, simplemente regresaba con sus nuevos amigos los pollos.
En mi gallinero, los pollos están separados de las gallinas. Cada grupo tiene su habitación y al salir al patio, están separados por una barrera hecha de alambre. Al más puro estilo carcelario humano, donde los hombres están separados de las mujeres.
Pronto, el faisán, con su porte y elegancia, captó la atención de las gallinas. No cabía duda de que era el más atractivo de todos los machos. Sobretodo una de ellas, no le quitaba ojo. Primero estaba todo el tiempo pegada al alambre, observando al faisán. De tanto mirarle debió de querer ser libre como lo era él, cuando volaba y salía al exterior de la jaula. Sus primeros intentos fueron fallidos. Alguna vez tuve que cogerla porque se enganchaba con la parra que rodea la pared del gallinero. Sin embargo, esta gallina era constante y el deseo de estar con el faisán fue mayor que su torpeza. La mayoría de las mañanas ya conseguía librar la barrera que los separaba y estaba con él en el patio de los pollos. Al ser la única gallina de esa zona, todos los pollos la acosaban. Pero ella sólo tenía ojos y pico para su faisán. Al faisán no parecía disgustarle su compañía, así que día tras día fueron "avanzando" en su relación: en el patio, luego en el tejado del gallinero y finalmente dando largos paseos románticos por la huerta y el jardín. Por las noches, mis padres (en esta historia, llamémosles los malos de la película) intentaban separarles, y alguna vez lo conseguían, aunque no siempre. Durante semanas disfrutaron a su manera de este amor lleno de plumas y picos.
Yo ya sabía que no podía terminar bien. Probablemente cualquier día mis padres pondría fin a ese amor con la muerte de uno de ellos (ya he dicho que son los malos de la película, los "asesinos"). Yo imploraba por sus vidas. Total, pensaba, para una que se enamora y es correspondida...
Sin embargo, ¿por qué un final tan trágico?.
El gallinero está al lado de las vías del tren.
A continuación una foto captada del desafío al que "jugaban" esta pareja, arriesgando sus vidas muchas veces para seguir juntos.

Ayer por la tarde, cuando mis padres volvían a casa, encontraron la dantesca escena. La gallina había sido atrapada por el tren. El faisán andaba por la huerta, visiblemente conmocionado.
Mis padres decían: "Si se veía que iba a pasar algo así. La está bien por seguir al faisán."
Practicaron sus labores de investigación, al más puro estilo CSI, intentando averiguar la hora de la muerte...para ver si podían sacar provecho de su carne. Así somos los humanos.
Mi padre, enfurecido, gritó: "¡Ese faisán tiene los días contados!. En cuanto pueda cogerle, le mato y a la cazuela. Pero como ataca el muy cabrón, no hay quien le pille al muy hijo de puta."
Mi padre es que es muy mal hablado.
Triste por la pérdida de la gallina, por el final de esta historia de amor, yo miré al faisán, le sonreí, levanté el puño al más puro estilo de la Pasionaria y le animé: "Resiste, faisán, resiste, lucha contra los humanos, ataca, no te dejes atrapar. Que uno de los dos se salve de las garras de la cruda realidad."
Hoy el faisán está triste. No se ha escapado a pasear fuera del gallinero. Los pollos le observan extrañados sin saber por qué hoy no se escapa de su encierro. Yo lo sé. Le comprendo. El desamor es así: te deja sin fuerzas para volar...

Esta historia está basada en hechos reales...y no, no me he tomado nada. Es sábado por la mañana. Simplemente es que yo soy así, sin ayuda del "exterior"...


jueves, 22 de noviembre de 2007

Fernando Fernán Gómez

Ayer por la noche murió Fernando Fernán Gómez a los 86 años. Sí, ya lo sé, no estoy diciendo nada nuevo. Desde anoche, la televisión no deja de hablar de ello.
Yo me enteré viendo la gala de la ATV, cuando lo dijo nada más comenzar Andreu Buenafuente.
Tras él, muchos profesionales que estaban en esa gala dijeron unas palabras dedicadas a la pérdida de una figura como Fernando Fernán Gómez.
Como este es un blog y no un periódico, no voy a "dar el parte". Simplemente mi opinión.
Fernando Fernán Gómez era (como cuesta al principio cambiar el es por el era) un gran actor, director y escritor (también guionista). Un genio. Alguien a quien muchos actores habrán tenido como referente, así como algún escritor tal vez. Y seguramente algún director.
Fernando Fernán Gómez comenzó como actor. Hizo películas buenas, pero también malas.
Pedro Almodóvar ha dicho hoy de él que era un actor nato, que tenía la mentalidad de cómico antiguo y todo lo hacía bien, hasta las películas malas. Totalmente de acuerdo con él.
Fernán Gomez era de la vieja escuela. De los actores que no salieron con un título de interpretación bajo el brazo de una academia de actores ni nada parecido. Nació actor, no se hizo actor. Bien quizás tenía a su favor ser hijo de una actriz de teatro. "Mamó" el teatro desde pequeño. Eso no significa que no tuviera estudios. Tenía la carrera de Filosofía y Letras. Con tan sólo 17 años empezó su andadura como actor de teatro. Chupó varios escenarios teatrales antes de pasar a la gran pantalla. En mi modesta opinión, todos los actores deberían pasar por el teatro antes de llegar al cine o la televisión. Si eres actor de teatro, es más probable que llegues a ser buen actor en pantalla. Lo contrario: ser primero actor cinematográfico o televisivo y luego pasar a teatro...es más difícil. Puedes valer o no valer. Conozco casos con nombre y apellidos. Actores que han querido hacer teatro, y no "daban la talla".
Pero una persona de la talla de Fernando Fernán Gómez tenía más inquietudes. También dirigió en cine y en teatro. Y después comenzó su andadura como guionista y escritor.
Era asiduo de las famosas tertulias del Café Gijón. Para mí, el Café Gijón es una visita obligada en todas las ocasiones que voy a Madrid. La primera vez que fui...no sé describir la emoción que sentí al sentarme donde tantos escritores y tertulianos durante tantos años estuvieron sentados y aún alguna vez están. Pero eso es otra historia que contaré en otra ocasión.
Para destacar su gran talento en varios campos, sólo decir que ha sido el único actor miembro de la Real Academia Española.
Es tan larga y consolidada su vida y su carrera profesional, que me voy a ahorrar el decir todo lo que hizo en todas sus facetas durante sus 86 años de edad. Para eso ya tenemos la estupenda Wikipedia.
Lo curioso del mundo en que vivimos, de la televisión que tenemos cada día, es que con todo lo que hay que decir de Fernando Fernán Gómez, de toda su carrera, ¿qué ha sido hoy lo más comentado no sólo por la mayoría de los programas, sino también por la gente en general?.
Su ya mítico "¡A la mierda!".
Bien, bien. Tírate casi toda tu vida actuando, escribiendo, dirigiendo, para ser recordado como una persona con mal carácter y maleducado.
Fernando Fernán Gómez no era una persona afable, de buen carácter, de eso no hay la menor duda. Como él mismo dijo una vez: "Cuando era joven, por luchar contra mi timidez, ya era antipático. Siempre lo he sido."
¿Eso resta su talento?. No. Si miramos un poco, grandes genios del arte, del pasado y del presente, han sido personas difíciles de tratar, algunos hasta con problemas psicológicos: Picasso, Dalí, Van Gogh, Rafael Alvárez "El Brujo", Arturo Pérez Reverte, etc...una larga lista.
¿Dejamos de admirar sus obras por ello?.
Sé que lo normal cuando se muere alguien es elogiar todas sus virtudes: "que bueno era", "siempre se van los mejores", "no había nadie más bueno que él"...
Tampoco eso es bueno. Suena a falso, a frases de conveniencia.
Pero que al pensar en Fernando Fernán Gómez, sólo salga la frase "¡A la mierda!" y los problemas que tuvo en su vida por su mal carácter...una pena.
Para dar punto y final a esta entrada, sólo una cosa que suele pasar.
Fernando Fernán Gómez acumuló varios premios en vida.
Mañana el Consejo de Ministros el Consejo de Ministros le otorgará una distinción a título póstumo. Alberto Ruíz-Gallardón, anunció en su velatorio que el hasta ahora Centro Cultural de la Villa pasará a llevar el nombre del artista fallecido, y seguramente que recibirá varios homenajes. Bueno, está bien. Otros artistas fallecidos no han tenido esa suerte.
Pero, ¿por qué se espera a hacer estas cosas cuando se muere la persona?.
Adiós, Fernando Fernán Gómez, gran actor, director, escritor y guionista.