martes, 26 de junio de 2007

Libertad

"Libertad"Andreu BuenafuenteFuente: Captura
¿Qué es la libertad? ¿Alguna vez en tu vida puedes decir con total rotundidad que eres completamente libre?
Mi padre nos abandonó cuando yo era tan sólo un bebé. Le explicó a mi madre que él era un espíritu libre, con pensamiento libre, que no quería ninguna atadura en este mundo. Se fue hace veintisiete años. Nunca volvió ni se preocupó, ni por su mujer ni por su hija. No le conocí, así que no puedo echarle de menos. Y le quiero, porque según mi madre nos parecemos mucho físicamente y en nuestra forma de ser. Por lo tanto, tengo mucho que agradecerle.
El único recuerdo que tengo de él, lo único que no se quemó ni se tiró a la basura, ha sido una fotografía que hizo poco antes de irse, cerca de mi casa materna.
La encontré de pequeña debajo de un armario. Un descuido maternal…
La escondí en mi habitación antes de que ella la descubriera y todas las noches me quedaba mirándola antes de dormirme. Aún hoy, me parece una de las más bellas que he visto, y eso que he observado y hecho muchas. Era una gaviota volando a orillas del mar. Detrás, el nombre de mi padre, Salvador, una fecha y una frase: “quiero ser totalmente libre”. De niña fantaseaba con la idea de que en realidad esa gaviota era mi padre, que en su afán de libertad, se había convertido en un ave que volaba por las costas y que algún día vendría a buscarme y me invitaría a volar con él. ¿Quién en su infancia no ha soñado con surcar los cielos, observar todo el mundo desde arriba?
Me asomaba a la ventana por las noches y me repetía una y otra vez: «hoy vendrá, hoy vendrá». Cuando estaba en la playa, miraba a todas las gaviotas, intentando adivinar cual de ellas sería papá.
Al ir cumpliendo años fui perdiendo la esperanza de ese encuentro, pero fue creciendo en mí la idea de ser completamente libre, como él. Difícil tarea.
De pequeña dependes de tu familia, es complicado hacer tu voluntad con las continuas observaciones y sermones que te dan. Después, en el colegio y en el instituto, eres controlada por tus profesores, que te enseñan lo que se supone que tienes que hacer y como tienes que actuar para ser un miembro aceptable de la sociedad. Lo que más se acerca a la libertad es cuando eliges a tus amigos; y aún así, siempre hay concesiones que tienes que hacer para que la amistad perdure.
A los diecisiete años sentí que me ahogaba en la pequeña burbuja que era mi pueblo, sometida al chantaje emocional de una madre que siempre estaba triste y se sentía sola, con unos abuelos que exigían y esperaban demasiado de mí, con unas amigas que pretendían que fuera como ellas…y con un buen amigo que se había enamorado de mí y quería ser correspondido. Demasiadas ataduras, demasiadas obligaciones, demasiados deseos de otros.
Miraba la fotografía de la gaviota y sentía que se movía, que se alejaba cada vez más de mí…
Quería escapar de allí pero no podía. Tenía miedo. Pasaba los días encerrada en mi habitación, metida en la cama, sin querer ver a nadie, sin querer hacer nada.
Mi madre, preocupada, me llevó a un psicólogo, que al igual que mi familia, que mis amigos, que mis profesores, me decía lo que tenía que hacer: dejar de intentar ser diferente, acatar las reglas de la sociedad y comportarme como la persona adulta que estaba a punto de ser.
Sin pretenderlo, aquel estúpido psicólogo con el pelo engominado y aires de superioridad, me dio la solución.
Al cumplir la mayoría de edad, lograría ser libre. Podría hacer lo que quisiera, sin permisos, sin deberes, sin tener que rendir cuentas a nadie.
Quería seguir los pasos de Salvador, mi padre. Lo primero que hice fue alejarme de todo lo que de alguna manera me cortaba las alas. Debía irme lejos de aquel pueblo, de mi familia, de mis amigos…y de Germán, que pensaba que me amaba tan sólo por haber accedido al final a sus deseos y haberle dejado que me desvirgase. Me faltaba el aire, lo respiraban todo ellos.
Claro que no fue fácil. Los principios siempre son difíciles. Tuve que convencer a mi familia que la mejor opción para mi futuro era irme a Madrid a estudiar para llegar a ser una gran fotógrafa. Tuve que aguantar las lágrimas de mi madre, las protestas de mis abuelos…pero al final lo conseguí.
A medida que el autobús llegaba a Madrid, me sentía más viva que nunca.
Durante mi tiempo de estudio de la fotografía, aprendí muchas cosas más para alcanzar esa libertad soñada: decir no cuando lo que te pedían u ofrecían no era de tu gusto, a disfrutar del sexo sin contemplaciones ni promesas, a hacer lo que quisiera sin tener que dar explicaciones, aprovechar cada minuto de cada día…
Encontré a gente que pensaba igual que yo, amigos de ida y vuelta con los que pasar buenos ratos y de los que aprender a sacar todo el jugo a la vida.
Después de trabajar como fotógrafa en prácticas, como ayudante de un fotógrafo que no tenía ningún talento, y varios trabajos desagradables que tuve que aceptar para conservar la independencia que tanto me gustaba, conseguí mi puesto soñado: como reportera de una revista conocida recorriendo gran parte de los países que deseaba conocer desde hacía tiempo. En la lucha contra la dependencia económica y social había salido vencedora. Era feliz y completamente libre. Miraba la fotografía de mi padre y pensaba que allí donde estuviera, si supiera de mi logro, se sentiría orgulloso, porque me había convertido en esa gaviota que sobrevolaba despreocupada el inmenso mar.
Sin embargo, la perfección no existe, y en algún momento tenía que equivocarme y tropezar en el camino. En uno de mis viajes de trabajo, conocí a Juan, un aventurero nato, un nómada moderno que pensaba que su casa estaba en todos los rincones del mundo y en ninguno en particular. Y fue el primero al que le dije que sí cuando me preguntó si quedábamos a la noche siguiente. Y esas dos noches seguidas se convirtieron en dos semanas en las que apenas salimos de la habitación. Aquella era una sensación nueva para mí: no sólo no me molestaba que se quedara a dormir en mi cama; necesitaba sentir su cuerpo pegado al mío.
Descubrí una felicidad nueva, fresca y la que más me gustaba. Ahora sí que estaba convencida de que podía volar sin necesidad de alas. No me cansaba de besarle, de acariciarle, de tenerle dentro de mí…
Ya no necesitaba hacer mi eterno ritual de acostarme mirando la fotografía de la gaviota. Yo era la gaviota y prefería dormirme perdida en sus ojos verdes aceituna, tan vivos, tan alegres, tan brillantes.
Había descubierto lo que era amar y me preguntaba como podía haber sobrevivido hasta entonces sin él. El problema es que el amor tiene también un lado oscuro y dañino, un pequeño puñal que se te clava en el pecho una y otra vez y que no deja de doler durante días, meses, a veces años: cuando te das cuenta de que las cosas no son como te imaginas. Juan se fue una noche sin decir nada, sin una explicación, sin ninguna manera de contactar con él. Y llegó ese dolor agudo en el pecho y el gran vacío en mi alma. Amo con todo mi ser a alguien para el que sólo he sido un cuerpo sin más, que poseer y añadir a su particular agenda de aventuras sexuales. Desde aquel día me paso horas preguntándome que hice mal, que ocurrió, que pasa por su loca cabeza, si alguna vez piensa en mí, si espera encontrarme de nuevo o prefiere no volverme a ver, si me echa de menos algún segundo, si sabe todo lo que amé sin querer recibir nada a cambio. Me he creado una jaula de cristal, aislada del exterior, alejándome cada día más de esa libertad y esa autonomía que tanto me costó conseguir. Todo ha dejado de tener importancia para mí, todo menos él. Y sueño despierta constantemente con verle de nuevo sonreírme como aquella noche etílica de cervezas, risas, juegos y caricias, con una llamada que en el fondo sé que no recibiré nunca, confesándome que me necesita a su lado. Y sé que todo es en vano, que me enamoré de un espíritu liberal y que no dejé ninguna huella, por lo menos no la suficiente para que tenga deseos de regresar.
Vivo en una soledad amarga, resignada a no ser esa gaviota despreocupada, liberada de dolor, de lágrimas, de culpa, de tristeza…porque no sé si las aves sienten, aman, sufren, lloran…pero yo sí.
Y la única libertad que siempre me estará prohibida es la de decidir cuando dejar de sufrir, cuando dejar de tener esta vida vacía y sin sentido.
En estos momentos miro la fotografía y ya no me fijo en la gaviota. Me veo en el borde de ese precipicio, cerrando los ojos y haciendo mi último intento de echarme a volar, para acabar desapareciendo para siempre en el inmenso mar.
Hace poco recibí noticias de mi padre, Salvador. Resulta que aquel que deseaba ser completamente libre, se está pudriendo en una cárcel de Colombia por tráfico de drogas. ¿Irónico, no?

lunes, 25 de junio de 2007

Silvio Rodríguez


Hoy tocaba tercera historia capturada, pero dadme un día más, que todavía no me convence. Aunque la verdad es que en la mayoría de las ocasiones soy bastante autoexigente.
Pero temas de que hablar no faltan.
Por ejemplo, llevo dos días escuchando a Silvio Rodríguez. De hecho, esta vez le ha tocado a él ser mi fondo de acompañamiento para escribir.
A Silvio Rodríguez le conocí de la mano de mis "compadres" del Ave Turuta, la taberna irlandesa que durante años fue mi segunda casa.
Es de esos cantautores de los que nunca te cansas de escuchar, así pase tiempo, cambios en tu vida...Silvio siempre es buena compañía.
Estuve a punto de verle en directo, y me quedé a las mismas puertas...nunca me lo perdonaré.
Tiene canciones de amor, de desamor, de protesta, de perdón, de felicidad. Sí, tiene fama, como la mayoría de cantautores, de autor de canciones tristes, que probablemente sean las más conocidas, sin embargo de todo hay en el universo Silvio Rodríguez. Son muchos años recorriendo el camino de la música.
Como siempre, un pequeño trozo de la tarta.
Mi canción favorita sin duda es "Por quien merece amor", porque es primordial en mi vida, en mi historia de amor de aquel tiempo, porque fue la primera que escuché de él, y además en un paraíso terrenal que ha sido, es y será el "Ave Turuta".

"Por quien merece amor"
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de juventud,
y mi amor es un arte
en virtud.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor sin antifaz,
y mi amor es un arte de paz.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de humanidad,
y mi amor es un arte
en su edad.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de surtidor,
y mi amor es un arte mayor.
Mi amor es mi prenda encantada,
es mi extensa morada,
es mi espacio sin fin.
Mi amor no precisa fronteras;
como la primavera,
no prefiere jardín.
Mi amor no es amor de mercado,
porque un amor sangrado
no es amor de lucrar.
Mi amor es todo cuanto tengo;
si lo niego o lo vendo,
¿para qué respirar?
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de juventud,
y mi amor es un arte en virtud.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor sin antifaz,
y mi amor es un arte de paz.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de humanidad,
y mi amor es un arte
en su edad.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de surtidor,
y mi amor es un arte
mayor.
Mi amor no es amor de uno solo,
sino alma de todo
lo que urge sanar.
Mi amor es un amor de abajo
que el devenir me trajo
para hacerlo empinar.
Mi amor, el más enamorado,
es del más olvidado
en su antiguo dolor.
Mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor.
Mi amor, este amor aguerrido,
es un sol encendido,
por quién merece amor.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de juventud,
y mi amor es un arte
en virtud.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor sin antifaz,
y mi amor es un arte
de paz.
Mi amor es mi prenda encantada,
es mi extensa morada,
es mi espacio sin fin.
Mi amor no precisa fronteras;
como la primavera,
no prefiere jardín.
Mi amor no es amor de mercado,
porque un amor sangrado
no es amor de lucrar.
Mi amor es todo cuanto tengo;
si lo niego o lo vendo,
¿para qué respirar?
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de humanidad,
y mi amor es un arte
en su edad.
¿Te molesta mi amor?
Mi amor de surtidor,
y mi amor es un arte mayor.
Mi amor no es amor de un solo,
sino alma de todo
lo que urge sanar.
Mi amor es un amor de abajo
que el devenir me trajo
para hacerlo empinar.
Mi amor, el más enamorado,
es del más olvidado
en su antiguo dolor.
Mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor.
Mi amor, este amor aguerrido,
es un sol encendido,
por quién merece amor.
....

La he cortado porque es muy larga. Y va con dedicatoria y todo.
Esta canción se la dedico a aquellas personas que juzgan y critican mi amor, que hasta piensan que pueden decidir la cantidad y la calidad de él.
Pues sí, yo si me enamoro, me enamoro hasta la médula, con todo mi ser...y no, lo siento, no puedo dejar de amar a alguien por no ser correspondida. El tiempo me ayudará a olvidar, pero no tengo un interruptor en el corazón para apagarlo cuando te rechazan...
¿Qué serían de tantas historias, de tantas canciones, de tantas novelas si el autor no hubiera sufrido las hieles del desamor?.
Y para acabar con buen sabor de boca, una actuación de Silvio Rodríguez que también he cantado a menudo, porque sí, no todos los momentos de esta vida son malos, la mayoría son buenos, aunque tendamos a pensar más en el dolor.
Se trata de "Pequeña Serenata Diurna". Es una canción que cuando estoy feliz, contenta, cuando todo va sobre ruedas, no puedo evitar cantarla una y otra vez con una sonrisa en los labios.
Y como dice la canción, "que me perdonen los muertos de mi felicidad".
Porque la vida es maravillosa, aún en sus momentos más amargos, porque si sientes la punzada del desamor es porque has amado; y eso, siempre, siempre es mejor que no saber lo que es amar...
Por cierto, he puesto esta foto, porque aunque es antigua, tiene detrás al gran Che Guevara.
Es genial tener en una misma foto a dos grandes referentes. ¡Hasta la victoria siempre!.

domingo, 24 de junio de 2007

Resistiré

Pues hoy domingo típico cuando has salido un sábado hasta altas horas de la madrugada.
Muy cansada, muy zombie y sin ganas de pensar ni de escribir ni de nada.
Hoy pensaba publicar mi tercera historia capturada, pero necesita un último repaso y hoy mi cabeza está para hacer lo mínimo: respirar, comer, beber (mucha agua, mucha agua) y hablar lo justo para no parecer una muerta viviente.
Así que hoy rescato un poema, si es que se le puede llamar así, de la época en que me dió por probar algo diferente. Muy apropiado para un día como el de hoy. Resistiré. Vaya sí resistiré...queda Maika para rato...a pesar de todo.
A ver si puedo seguir en la academía, ya me diréis, Sergi y Sandra. Ja,ja,ja.
Mañana prometo no estar tan espesa.

"Resistiré"
No podrán conmigo, resistiré.
Aunque mi corazón, buscador incansable del amor,
nunca encuentre un compañero en su vida.
Aunque la muerte, esa dama negra,
aceche oculta en las sombras de mi tristeza.
Aunque los fantasmas de mi pasado,
intenten hundir mi futuro en un oscuro vacío.
Aunque ni la suerte, ni la salud, ni el dinero,
quieran acompañarme en mi destino.
Aunque los muros de la amistad,
se derrumben por la hipocresía y la traición.
Aunque los sueños y los valores humanos,
sean menospreciados en este mundo materialista.
Aunque el cuerpo, vestido del alma,
someta a ésta, dejándola inútil.
Aunque la familia, más que un apoyo,
sea un estorbo en esta sociedad.
Aunque la paz, amada paloma,
sea abatida por tanta violencia y guerra.
Aunque el racismo, esa lucha de hermanos,
consiga romper los lazos de la solidaridad.
Aunque la naturaleza, madre de todos,
desaparezca, siendo despreciada y castigada.
Aunque la tierra, antiguo paraíso del mortal,
no sea ya un buen sitio para vivir.
Aunque las personas con nuestra conducta
aceleremos el fin de la humanidad.
Aunque pocos hombres hoy en día,
den, sin esperar nada a cambio.
Aunque las drogas y el alcohol,
se presenten como única ayuda ante el desaliento.
Aunque el sida y el cáncer, enemigos mortales,
hagan de la vida un corto paseo.
Aunque la fé y la religión, armas espirituales,
se desvanezcan junto a Dios.
Aunque la justicia y la política
se conviertan en un peligroso círculo vicioso.
Aunque mis escritos, reflejo de mi interior,
sean repudiados por la gente.
No podrán conmigo, resistiré.

¿Malo, verdad?. ¿Será por eso que la fiebre de escribir poesía me duró solamente unos meses?.
Con todo, por lo menos, queda el mensaje: resistiré.

jueves, 21 de junio de 2007

Encuentro con un ángel

Pues pensaba escribirlo como una historia, pero como ha sido una anécdota que me ha pasado, lo cuento como lo que es, una anécdota.
Ocurrió cuando decidí escribir mi primera novela (que se ha quedado abandonada en un cajón esperando que algún día decida recuperarla) ya hace más de diez años. El protagonista de la novela, era un "ángel" que se le aparecía a la protagonista en un acantilado, cuando ella estaba pensando en suicidarse.
Un día fui a visitar a un amigo al hospital, y allí, en la cama de al lado, le vi. Era Angel, o por lo menos era como había imaginado al protagonista de mi novela: rubio, de ojos color miel, con un cuerpo moreno, formado, con un pecho desnudo, terso e imberbe...y su mirada. Tenía una mirada triste. Estaba solo y miraba hacia...bueno, lo cierto es que no miraba a ningún sitio. Su cabeza estaba en otra parte, eso estaba claro.
En las siguientes visitas ya no le vi. Pero no me quitaba esa mirada de mi cabeza. Recuerdo que pensaba como alguien tan bello, tan perfecto para mí, podía estar tan triste. Escribí muchas líneas, varios capítulos de esa novela que se quedó abandonada, pensando en él.
¿Y esto a que viene?, os preguntaréis.
Pues que después de tantos años, el otro día volví a encontrármele. Estaba en mi coche, a punto de arrancar, cuando otro coche aparcó a mi lado, en el parking de un centro comercial. Y de copiloto, delante de mí, me encontré con el ángel de mi primera novela. Y me quedé como tonta, con mi mano en la llave para dar al contacto, y con cara de sorpresa. Era él. No me lo podía creer.Le reconocí porque seguía tan guapo como entonces, algo más mayor (los años no sólo pasan por mí)...y con esa misma mirada triste. Estaba con su pareja (lo di por hecho por la cara de mala ostia con la que me miró), que no hacía más que hacer aspavientos con las manos, cabreada, mientras él miraba hacia afuera, con los ojos perdidos, como aquel día en el hospital. No reaccioné, me quedé ahí parada, viendo como salía del coche y entraba al centro comercial. Después de unos minutos alucinada, no creyendo que le había vuelto a ver, arranqué el coche y me fui. No intenté seguirle, ni nada de nada. Me gusta que siga siendo mi personaje, el que he imaginado y no el real.
Cuando iba conduciendo para casa, se me ocurrió que a lo mejor era ya momento de recuperar esa primera novela del cajón...

miércoles, 20 de junio de 2007

Escritora o no escritora, esa es la cuestión

Marguerite Duras

Desde hace mucho tiempo "colecciono" frases y/o citas célebres. Es un vicio. Tengo un cuaderno donde apunto todas aquellas que me gustan, con las que me siento identificada o las que por una razón u otra, tienen un significado en aquel momento de mi vida.
Y sobretodo, me encantan las que hacen los escritores. De hecho, de los escritores "devoro" sus citas, sus entrevistas...aprendo mucho de sus palabras. Y por supuesto leo todos los libros que caen en mis manos que escriben sobre el oficio de escribir. Hay varios que me gustan, pero el "referente", el que tengo en la cabecera de la cama y releo más de dos veces al año, es "Escribir" de Marguerite Duras.
Pienso que todo aspirante a escritor debería tenerlo, o por lo menos leerlo una vez en su vida.
Este domingo releí una de sus citas más conocidas en una revista dominical.
Dice así:
“La definición dialécticamente justa del escritor es: alguien que publica. La única diferencia entre los escritores y los demás es que los primeros escriben y publican, y los segundos no hacen más que pensar en ello”.
Y en días como hoy, en los que viene alguien y te hace dudar de tus posibilidades, se me presentan las dudas.
¿Puedo definirme como escritora o no?. A mí que se me defina como escritora me parecen palabras mayores. De hecho, siempre que hablo del tema, y explico que escribo, a la pregunta de" ¿eres escritora?", siempre contesto, "bueno, tanto como eso, simplemente escribo".
Me viene demasiado grande ese "título". Lo cierto es que el oficio de escribir es uno de los pocos que no puedes estudiar en una universidad, en una academia de estudios. Nunca puedes decir, "soy escritora, me licencié en escritura con matrícula de honor". Puedes llegar a hacer un taller o un curso de novela, de relato corto...¿pero eso te hace escritora?. Por supuesto que no.
Yo pienso lo mismo que Marguerite Duras, aunque duela. Me podré autocalificar de escritora en un futuro, si tengo algún libro publicado, con mi nombre impreso en la portada. Entonces asentiré a la pregunta ¿eres escritora?. Hasta entonces, soy una persona que escribe, desde hace años, pero que nunca se ha atrevido a dar el gran salto de intentar publicar. Que se dedica a pensar en ello.
Emprender la carrera de fondo que lleva el intentar publicar tus escritos es difícil; llegar a hacerlo, una meta que ves imposible.
Llevo escribiendo desde los quince o dieciséis años y aunque lo considero como una necesidad vital, siempre lo he dejado "apartado" eso de hacerme la "turné" por las editoriales para saber si mis escritos eran publicables o no. "Más adelante, ahora no". Esa era mi frase.
Quizás me faltaba un pequeño empujón, más valentía para enfrentarme a ello.
Quienes escriben saben lo complicado que es llegar a publicar, y más llegar a vivir de ello. Hace falta talento y mucha suerte.
No es un oficio cómodo y es arriesgado, muy arriesgado.
Como he dicho ya, he ido dejando pasar el tiempo, apartando ese riesgo y esa incertidumbre hasta que tuviera una estabilidad económica, para estar "protegida" de los golpes que pudiera recibir.
Finalmente, aunque tarde, me he decidido. Este año voy a dar el salto a la piscina, sin saber si encontraré agua o estará vacía.
Intentaré olvidarme de mis miedos, de mis dudas e intentaré publicar. Deseadme suerte.
Para terminar esta larga reflexión que al fin y al cabo se resume en que no me consideraré escritora hasta que llegue a publicar mis libros, termino con otra cita de Marguerite Durás, con la que me siento más identificada:
"Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado".
Vale, sólo aclarar que escribir no es lo único que llena mi vida, pero las alegrías que me da y las sensaciones que me produce el escribir...lo superan pocas cosas.

martes, 19 de junio de 2007

Un petó

"Un petó"
Mia Font
Fuente: Captura

El amor es una mierda. L´amor és una merda.
Enamorarse es un asco. Enamorar-se és un fàstic.
Las mujeres son malvadas por naturaleza. Les dones són malvades per natura.
Los hombres deberíamos pensar más con la cabeza…de arriba. Els homes hauriem de pensar més amb el cap…de dalt.
El sexo sin amor es más divertido. El sexe sense amor és més divertit.
Esas frases no me las enseñaste en catalán. Seguramente porque no te interesaba que las aprendiera.
Mis problemas empezaron hace diez meses. Yo era feliz, de verdad, completamente feliz. Me gustaba mi vida. Era atractivo y con la suficiente verborrea para llevarme cada noche a una mujer diferente a la cama. Adoraba a las mujeres, a todas. Daba igual que fueran altas, bajas, gordas, delgadas, jóvenes, maduras…cada una tenía su encanto. Me encantaba sentirme como un explorador, investigando todas las particularidades de sus cuerpos femeninos. Sí, era simplemente sexo, unas noches mejor, otras peor. Por las mañanas me despedía de ellas para siempre, con un beso apasionado. Y ellas me decían adiós con una sonrisa en los labios. Muchas veces hasta me daban las gracias por sus orgasmos. Así de simple y sencillo. Manejaba las técnicas de seducción de manera perfecta.
Pero tuve que conocerte a ti aquella noche en el verano madrileño. Primer error. Entré donde tú estabas. Tenía debilidad por las morenas, y las pelirrojas me volvían loco…y tuve que caer en las redes de una rubia. Con lo poco que me llamaban la atención las rubias, sobretodo si eran de ojos claros…
Como siempre solía hacer, te miré, te sonreí amablemente y me dediqué a buscar a la que realmente me interesaba esa noche, una morena de ojos negros con curvas que quitaban el sentido, que había visto entrar hacia la barra.
Te había rechazado al primer vistazo, pensé que lo habías entendido. Sin embargo, te acercaste a mí y te presentaste, poniéndote entre la bella morena y yo. No sé como la miraste o que la dijiste, pero provocaste que se alejara. Parece ser que habías decidido que esa noche saliera de aquel bar con una rubia. Tú.
Lo cierto es que la idea de no tener que hacer nada para seducirte me gustó. Estabas totalmente entregada a cada mirada, cada sonrisa, cada palabra, cada caricia mía. Y yo estaba convencido de que era yo quien manejaba la situación. Segundo error. En menos de una hora ya tenía tu lengua metida en mi boca.
Poco tiempo después, era yo quien introducía mi lengua y algo más en ti. Pensé en llevarte a un hotel donde solía ir, pero tú me convenciste para que te llevara a mi casa. Tercer error.
Fue una de las mejores noches de sexo que he pasado. No lo niego. Recibía de ti algo que hacía tiempo que no sentía: ternura, cariño…caricias amorosas. A la mañana siguiente, cuando quise despedirme de ti, me dijiste esa frase: “creo que me he enamorado de ti”. Y después del ritual del beso apasionado de despedida, sentí deseos ya no de follarte, sino de hacerte el amor durante todo el día. Cuarto y el más fatal error.
Redescubrí esos instantes en que el mundo desaparece, en que la vida entera está entre esas cuatro paredes, donde dos cuerpos bailan al mismo son, el tiempo se mide por besos y no deseas más que estar entre los brazos de una sola mujer, que te llena la habitación de gemidos, de susurros, de temblores…
Sin embargo, el tiempo no se detiene aunque lo ansíes. Llegó el domingo por la tarde y tú tenías que coger un avión rumbo a Barcelona. Comenzó la despedida, la desesperación de perder el calor de ese cuerpo, la sensación de que te faltara el aire cuando ella se vaya, la súplica de verla de nuevo pronto…
Esa semana estuvo plagada de llamadas de teléfono, de “te echo de menos”, de “no puedo dejar de pensar en ti”, de “¿cuándo te volveré a ver?”.
Es cuando el concepto de tiempo cambia. Lo rápido que había pasado el fin de semana y lo lentamente que transcurrían las horas el lunes, el martes, el miércoles, el jueves…
Paseaba por las calles de Madrid buscándote, ignorando a todas las mujeres que se cruzaban a mi paso. Alguna podía atraer mi atención, si descubría en ella tu pelo, tus ojos, tus labios…pero ninguna era mi bella rubia catalana.
El viernes cogí un avión rumbo a Barcelona. Durante el vuelo me sorprendí a mí mismo: estaba nervioso como un niño, ansioso de verte, de besarte, de tocarte.
El amor nos convierte en unos tontos, con una sonrisa estúpida y continua en la boca.
Llegas a hacer cosas tan patéticas como correr por todo el aeropuerto y coger a tu amada en volandas. La besas y miras alrededor, sintiéndote el hombre más afortunado de la tierra y creyendo que todos los demás te envidian porque eres tú el que está con ella. Que ridículo y absurdo me siento cuando pienso en todos esos momentos…
Era la primera vez que visitaba Barcelona y me pareció maravillosa, genial, fascinante, el mejor lugar sin duda para habitar, simplemente porque allí respirabas, comías, dormías, reías…la ciudad condal podía disfrutar de ti el día entero.. Así que cuando me dijiste que me quedara a vivir contigo en tu casa, que no volviera a Madrid, me pareció la mejor noticia que había recibido en años. No importaba lo que dejaba atrás, toda mi vida, mi trabajo estable y bien renumerado, mi familia, mis amigos…y toda la larga lista de mujeres que tanto placer me habían regalado. Fue duro, lo asumo, tener que entrar en mi agenda del móvil y borrar los números de la dulce Ana, la perversa María, la explosiva Susi, la insaciable Mónica…tuve un momento de debilidad en que me pregunté si podría vivir sin tener un cuerpo diferente cada noche al que acariciar.
Mis amigos, la mayoría de los cuales ahora no me hablan por ser un “auténtico calzonazos” (palabras textuales suyas) intentaron convencerme de que lo que pensaba hacer iba a ser una de las mayores equivocaciones de mi vida. Pero yo no les hice caso. Estaba enamorado, “drogado” sin necesidad de ayuda externa. Ellos me aclararon que lo que realmente me pasaba es que estaba “encoñado”. En ese momento tal definición no me importó y les contesté con una sonrisa tonta y benevolente; hasta les miré con compasión por no tener la misma suerte que yo. Ahora mirándome desde lejos, en esos instantes de euforia, me doy pena de mí mismo…
Los seis primeros meses contigo fueron una continúa luna de miel, empalagosa e idealista. Yo sabía hablar poco el catalán y tú te ofreciste a ser mi profesora particular.
¿Quién mejor?. Sin saber “parlar” catalán, mi mercado laboral quedó muy disminuido. Tuve que aceptar trabajos por debajo de mi nivel de estudios y de experiencia. Cobraba poco y era casi totalmente mantenido por ti. Aunque el amor sea genial, no paga las facturas ni te da de comer. En algunas ocasiones el abatimiento y la desidia me invadían, momentos en que aprovechabas para echarme en cara que ya no era el mismo que conociste en aquel bar madrileño. Y tenías toda la razón: el hombre seductor y egocéntrico había desaparecido. De hecho, el sexo se había convertido en una rutina diaria, que algunas veces nos resultaba aburrida. Las noches continuas de sexo y pasión se fueron desplazando y se convirtieron en la mayoría de las veces en “algo que había que hacer”.
En abril comenzaron los problemas. Ya no volvías tan rápido de tu trabajo a casa: siempre había alguna reunión, algún café con amigas, obligaciones familiares que ahora parecían importantes…
Yo como disponía de tiempo libre, más del que me habría gustado, pasaba las horas tumbado en el sofá, sin ganas de hacer nada. Hasta que un día decidí hacer uso del primero regalo que me habías hecho: una cámara de fotos digital. Barcelona seguía siendo una esplendida ciudad que fotografiar, a pesar de los últimos altibajos sufridos.
Por las tardes, cuando acababa mi desagradable trabajo en una empresa de papel, me dedicaba a recorrer sus calles y a retratar a las personas. No había razón para volver a una casa que a esas horas estaba vacía. Mi lugar preferido donde capturar originales e improvisadas instantáneas era las Ramblas. Allí encontrabas siempre gente, turistas y barceloneses que paseaban, hablaban, reían, discutían y…se amaban.
Esta nueva afición me hacía evadirme de tus miradas hostiles, tus rechazos sexuales, tu apatía en general.
Así que cuando me dijiste que ibas a pasar el fin de semana fuera con unas amigas, casi me alegré. El sábado por la mañana cogí mi cámara y me dediqué a pasear por las Ramblas, intentando conseguir esa foto que hiciera vibrar mis sentidos. Y vaya si lo conseguí. En medio de todo ese cúmulo de gente que iba de arriba abajo, me pareció curioso y anecdótico una pareja que se estaba dejando llevar por la pasión, unidos en un profundo beso que ya duraba algunos minutos.
Cuando miras a través de la cámara ves las cosas de otra manera. De hecho, hasta que no pulsé el botón del disparo, no me percaté que la mujer rubia a la que el hombre estaba metiendo su lengua hasta el esternón eras tú. La cara que se me quedó sí que habría sido digna de fotografiar, sin duda.
No me molesté ni en ir a donde ti. Total, suponía que saltarías con alguna frase típica, como “cariño, esto no es lo que parece”. Y tampoco me apetecía enfrentarme a un tipo que me sacaba casi una cabeza. Y sencillamente, no sabía como reaccionar a una situación tan frustante y dolorosa. En unos segundos, pasaron por mi mente todas aquellas mujeres, gimiendo, gritando, mirándome con deseo…todas aquellas mujeres a las que había renunciado por una sola, que me había exigido total fidelidad, y que ahora no se molestaba ni en cambiar de ciudad para ponerme los cuernos. Que ironía.
Me dirigí a una tienda de fotografía y pedí que me hicieran cien copias de aquella foto. Fui a tu casa y me dediqué a hacer con ella lo que habías hecho tú con mi corazón: destrozarlo. Eso me tranquilizó bastante, la verdad. Repartí las noventa y nueve copias por todas las habitaciones, para que no te quedará duda de que te dejaba y el por qué.
Una copia la llevo aún en mi cartera, para que no se me olvide el precio que tuve que pagar por caer en las redes de un amor lleno de promesas que al final sonaba a chiste malo.
Te habrás enterado de que sigo viviendo en Barcelona. Ella no tiene la culpa de que una de sus habitantes sea una auténtica zorra. He encontrado un buen trabajo, hecho nuevos amigos y disfruto más que nunca de mis noches ocasionales de sexo con semidesconocidas, todas ellas morenas o pelirrojas, nunca rubias.
¡Ah!. Y mi catalán ha mejorado considerablemente.
Espero que et podreixis a l´infern. ¿Necesitas que te lo traduzca?.

Segunda historia capturada

Pues con más retraso del esperado, hoy publico mi segunda historia capturada, de www.captura.org.
Es sobre una historia de Mia Font, "Un petó". Mia Font es uno de mis capturadores favoritos. Estoy intentando poner primero historias capturadas de ellos, y la verdad es que me lo ponen fácil.
Ya tengo varias fotos guardadas para escribir sobre ellas.
Besos

lunes, 18 de junio de 2007

El gran Javier Bergia


Hoy nueva entrega de la grabación del nuevo disco de Ismael Serrano.
Nuevo video y nuevo escalofrío al escuchar su voz recitando el poema de Antonio Machado.
"Poned atención, un corazón solitario, no es un corazón".
Pasad, ved y disfrutad...



Fijaros en el que abre el video. Para quien no lo sepáis, os diré que se trata de Javier Bergia.
Ismael Serrano es uno más de esas personas que se saben rodear de buenos profesionales y buena gente.
Yo descubrí a Javier Bergia ya hace unos años a través de un programa de Radio 3.
Escuché "Recuerdos" y se me puso la piel de gallina, algo que me pasa aún hoy cuando la oigo.
Esta canción pertenecía a su disco "Noche infinita". Me costó Dios y ayuda conseguir ese disco.
Meses de búsqueda, mía y de mis amigos. Por fin, un amigo me lo consiguió en Madrid. Y desde ese día, no me canso de escucharlo.
Aparte de ese disco, tiene ocho discos en solitario, aunque ha participado en muchos otros como cantante, músico, compositor...su carrera es larga, así que si estáis interesados, os recomiendo que visitéis su página. Si pusiera todo su trabajo, quedaría una entrada extremadamente larga.
Este año ha sacado nuevo disco, "Cedaderos 4". Un disco con quince canciones, en el que interviene Ismael Serrano, su gran amigo y compañero musical. Yo todavía no he dado con él, pero en cuanto pueda, lo escucharé. Tengo ganas.
Disfruté de un concierto de él, hace años, un concierto muy íntimo, en un pub, El Ave Turuta. Le tenía a un metro de mí, y hasta me dediqué a hablar con él entre canción y canción. Supongo que eso no os sorprenderá a ninguno. Después, tomando unas cervezas, le comenté lo que admiraba su trabajo. Por aquel entonces, no tenía ni idea de que participaba en todos los conciertos de Ismael Serrano en España y en Latinoamérica.
Lo descubrí dos años después. Todo un lujo tener en un mismo escenario a Ismael Serrano y Javier Bergia. Ismael no deja de hacerle guiños y siempre acaban cantando a dúo. Lo dicho, todo un lujo para los oídos y para la vista.
Así que os recomiendo a este gran músico y a esta gran persona.
Hoy me despido, con la letra de mi canción preferida, "Recuerdos", que yo siempre llamo "Brazos Abiertos".
Es una canción que siempre me pone la piel de gallina, como ya he dicho. Porque hay letras, historias, palabras, que no pasan de moda así pasen los años.
A mi parecer, esta canción está hecha en ese momento en que aunque parece que el amor ha terminado, todavía queda un hilo de esperanza, de querer aferrarse a ese amor, porque si estás enamorado/a, te cuesta aceptar el final...

Recuerdos
Brazos abiertos para ver como te diluyes por la calle.
No se si sabes que te quiero y que siento que te vayas.
Por favor quédate, no te vayas, espérame.
Vivo en una nube, soy una lágrima tuya,
cuánto veneno se desliza en tu cuerpo,
sólo una ola borrará los recuerdos;
no demasiados, con el tiempo quizás lo de menos.
Sólo una cosa, separemos lo malo y lo bueno.
Quizás ya no te vuelva a ver,
puede ser que todo aquí se acabe.
Hasta que punto me has amado, yo por ti todo lo he dado.
Otra vez sin razón, un lo siento, un adiós.
Por favor quédate, no te vayas espérame.
Vivo en una nube, soy una lágrima tuya,
cuánto veneno se desliza en tu cuerpo,
sólo una ola borrará los recuerdos.
Vivo en una nube, soy una lágrima tuya,
cuánto veneno se desliza en tu cuerpo,
sólo una ola borrará los recuerdos.

Besos y gracias por leerme. Hace mucho que no agradecía...

sábado, 16 de junio de 2007

Bailarines cántabros



Por culpa de una tarde entretenida, que se convirtió en una salida nocturna que no tenía planeada, ayer llegué a altas horas de la madrugada y no pude actualizar el blog.
Por tanto, no pude hablar del espectáculo de ballet que disfruté el jueves por la noche, a cargo de cuatro maravillosos bailarines cántabros acompañados de sus parejas de baile.
Los cuatro bailarines cántabros a los que tuve la suerte de ver son María Gutiérrez (junto a Luca Masala), Lorena Fernández (junto a Cristopher Harrison), Marcos Marco (junto a Yannick Rayne) y Esdras Hernández (junto a Maite Ramírez).
Ninguno de estos cuatro bailarines cántabros trabaja en Cantabria. De hecho, la mayoría de ellos era la primera vez que actuaban en su tierra natal. Sobra decir la emotividad que añadía esto a tal espectáculo.
Actualmente, María Gutiérrez es primera bailarina del Ballet Nacional de Toulouse; Lorena Fernández baila en el Scottish Ballet; Marcos Marco es bailarín del Ballet Nacional de Marsella y Esdrás Hernández del Ballet de Santiago de Chile.
Todos tuvieron que salir de Cantabria para perseguir su sueño, y esta semana volvían ya como volvían como grandes profesionales a su tierruca.
Durante más de una hora, disfruté de ocho coreografías, dos por pareja, no enlazadas entre sí, que iban desde la danza clásica hasta la contemporánea.
Hacía mucho que no iba a ningún espectáculo de ballet. Y me encantarón todas las coreografías.
Los cuatro bailarines, acompañados de su pareja, dieron lo mejor de sí, aunque hasta a una no entendida como yo, notara su nerviosismo y emoción por bailar delante de sus familias y amigos y por primera vez en el Teatro que lleva escasos meses abierto, el Concha Espina de Torrelavega.
A mí con el ballet, me pasa como a muchas personas. Quitando los dos años de ballet clásico de pequeña, y las posteriores clases de aerobic, baile moderno, jim jazz y batuka, soy más que nada una aficionada "visual", no participante. Pero el momento en que veo las maravillas que puede hacer un cuerpo humano, como saltan como si tuvieran alas, como se retuerzen y flexionan como si fueran de goma, como dos cuerpos parecen uno solo por la armonía de movimientos...me hace entrar en una especie de sueño, de magia, que me deja ensimismada durante toda la danza.
Personalmente el que más me gustó fue Esdrán Hernández, seguido muy de cerca de Marcos Marco. Cada uno tiene un estilo diferente. Lo cierto, es que en mi vida, siempre han sido los bailarines masculinos los que he admirado más: Nureyev, Nacho Duato, Víctor Ullate, Antonio Canales, Julio Bocca, Gene Kelly, Fred Astaire...
Sobretodo Nureyev y Gene Kelly. Cada uno en su estilo. No me canso de ver sus actuaciones y sus películas, así pasen años.
En Santander hace poco que llegó el musical "Fama". Eso me hace recordar mi niñez, cuando veía la serie "Fama", vestida con mi maillot rosa y mis zapatillas de ballet, intentando imitar los pasos de los profesores y alumnos de aquella academia.
Pues sí, ¿qué pasa?. También tuve un tiempo en que quise ser bailarina. Mi escasa flexibilidad, aún en mi infancia, no me dejó perseguir ese sueño.
Sin embargo, nadie puede impedirme que baile siempre que puedo, donde quiero y me dejan, hasta donde mi poca flexibilidad me deja.
Algunos les gustará mi forma de bailar, a otros no, pero como se suele decir: "¡Qué me quiten lo bailao!".
Por cierto, arriba podéis ver todo el programa que en estos meses podemos disfrutar en el Teatro Concha Espina. En la página 6 de dicho programa viene el espectáculo del que he hablado hoy. En estos meses no me puedo permitir el lujo de ir a todas las obras. Eso sí, El Tricicle y La Cubana...¡esos son sagrados, no me los pierdo!.

jueves, 14 de junio de 2007

Sexo en el trabajo

Hoy por la mañana he estado ojeando trabajos. Como casi todos sabéis, estoy buscando la oportunidad de irme a vivir a Barcelona. Por lo tanto, he estado buscando ofertas laborales en esa ciudad.
Y he encontrado varios anuncios, pero me han chocado tres de ellos.
El primero, es el menos chocante, porque la línea entre masajista y chica de relax es muy fina. Lo sé porque durante un tiempo estuve trabajando en masajes y me encontré con algún que otro malentendido.

"Busco mujer que tenga su trabajo o esté estudiando y que tenga horas libres durante el día o algún día a la semana.
Que sea persona honesta, simpática, que le guste dar masajes (yo puedo terminar de enseñar), que sea liberal (importante).
Puede perfectamente tener otro trabajo y combinarlo con éste. Yo soy educado, culto, atractivo y agradable, tengo 47 años pero me mantengo bien, estoy en esto circunstancialmente e intento dar un buen servicio a cientl@s.
Trabajarías conmigo en masajes a 4 manos y también tu sola. Repartimos beneficios. La clientela es selecta y muy filtrada, sin cosas raras. Lo de ser liberal es porque algunos clientes solicitan algún complemento, más o menos light o completo (la línea la pones tú).
Lo de estudiante o trabajadora es para tener la certeza de que eres una persona con un cierto nivel cultural, igual que lo tengo yo, puesto que tenemos que sentirnos cómodos trabajando juntos, y además porque esto tiene que ser, igual que para mí, un trabajo de más a más, no tu único trabajo.
Llámame o envíame un mensaje, si es posible con alguna foto.
Un saludo"

Los dos últimos, para que mentir, me han chocado más.

"Busco chica joven,para trabajos en oficina,sencilla,con las ideas claras, y que sea algo liberal, para tener si nos apetece algun encuentro íntimo, yo 45 años atractivo,y busco seas discreta y nada de malos rollos, dejame foto y contacto."

"Soy arquitecto, vivo solo en un hogar muy confortable y busco un chico joven entre 18 y 24 años, español o latinoamericano, delgado, simpático y dinámico; liberal e inteligente (aunque no necesariamente con grandes estudios) para una relación seria y mixta, personal estable y profesional de trabajo como ayudante en oficina, hogar, etc. Ofrezco formación, alojamiento en mi hogar y más en función de nuestra compatibilidad. Si te sientes identificado y estás interesado, envía datos, especialmente personales -como eres con nombre, edad, peso, estatura, nacionalidad, estudios y experiencia profesional si la tienes y sino no pasa nada, así como que buscas, expectativas, etc.- y en función de los mismos, contactaré de inmediato contigo al teléfono que me indiques. Si prosperamos, podrás tener un gran futuro junto a mí. Adjunta algunas fotografías tuyas, de cara y cuerpo que sean claras por favor. Abstenerse chaperos y profesionales del sexo."

Ahí queda eso...
Se acabaron las dudas. Ya no tendrás que estar comiéndote la cabeza pensando: "me siento atraída/o por mi jefe, pero siempre he escuchado que donde tengas la olla, no metas la p...".
Si no tienes pareja, tampoco tendrás que esperar a que llegue el fin de semana, para eso de "sábado, sábadete, camisa nueva y polvete". Y no te podrás quejar de que tu trabajo no te deja tiempo para tu vida social, y por lo tanto, sexual. El demandar a tu jefe por acoso sexual, sería una tontería. Como mucho, podrías decir: "de mis ocho horas laborales, trabajar, trabajo, tres."
Con todo, aparecen nuevas dudas. ¿Te pagarán las horas extras?. Y si es así, ¿te las pagarán en dinero o en especie?. ¿Dentro de tu nómina viene implícito el extra?. Y si es así, ¿cómo se denomina, extra de nocturnidad, de atención personal o por peligrosidad?. ¿Si el contrato es indefinido se puede considerar una relación estable?. ¿Los preservativos van a cargo del jefe o te los descuentan de tu sueldo?. ¿Dentro del contrato viene incluído que tienes que fingir tus orgasmos en caso de que ese día el jefe no te motive?. Si buscas un nuevo trabajo, ¿pones tu experiencia en "atención personalísima"?.
Por supuesto, ni se te ocurra enamorarte, ni de él ni de otra persona. Eso sería despido inmediato.
Si por un descuido de alguno de los dos, la mujer queda embarazada, como se define: ¿accidente laboral, ingresos imprevistos...?.
Pues nada, como diría mi abuela, los tiempos cambian que es una barbaridad.
Ya sé que los encuentros amorosos o sexuales en el trabajo no es ninguna novedad. No debemos olvidar que en el trabajo pasamos la mayor parte de nuestras vidas.
Sin embargo, hoy es el primer día que he visto anuncios en los que se incluya explícitamente el sexo como parte de tu labor.
Tan sólo espero que no se ponga de moda.
Y quizás en un futuro lamentaré que mi jefe no incluyera mi carácter liberal dentro de su demanda de trabajo. ¿Pero que quedaría de ese agradable juego de la seducción?.

miércoles, 13 de junio de 2007

El Angel Negro


Porque sí, hay ángeles en la tierra. Siempre lo he dicho.
De hecho, en los últimos tiempos había un ángel por ahí que me llenaba las noches y los días.
Pero todo pasa...entonces es cuando descubres que los ángeles pueden convertirse en demonios, en ángeles caídos, en ángeles negros, como negro se vuelve tu corazón en esos días y negros todos los pensamientos.
Con todo, no nos pongamos trágicos. A estas alturas ya sé que el amor es una enfermedad que se cura con el tiempo.
Y esta noche, que me ha dado la "pájara", y me ha dado por acordarme del ángel que estaba lleno de luz y que me daba alas. Menos mal que esto dura poco, porque me acuerdo de todo el mal y dolor que trajo cuando cayó de las alturas.
Y me quedo con la esperanza de que en un futuro encontraré un ángel de verdad, sin trampa ni cartón y ese es el que me llevara hasta el séptimo cielo.
Y rememorando antiguas cosas escritas, he encontrado algo apropiado para esta noche.
Una canción que escribí cuando quise hacer mis pinitos con un grupo de música. A ver, un poco de imaginación. Imaginaros la música que acompaña al más puro estilo de rock, con una buena voz desgarrada, como la de la cantante de los Tahures Zurdos, Aurora Beltrán.
Espero que os guste.
Ahora que lo pienso, no le va tan mal a este ángel negro en particular...

No debiste de acercarte a él,
las sombras siempre le acompañan.
Su alma es tan negra y cruel
que hasta su mismo aliento daña.
Tiene en la noche su aliada,
en tu sangre, su venganza,
tu dolor será su vida.
Nunca ya podrás cerrar tu herida.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
cuídate, amiga, si te gusta vivir.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
de su celda no podrás huir.
Él te acecha, va trás su presa,
como un lobo va detrás de ti.
Te tomará por sorpresa,
de su trampa no querras salir.
Nadie te podrá ayudar,
porque nadie contigo estará.
Será su refugio tu soledad,
huye de la oscuridad.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
cuídate, amiga, si te gusta vivir.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
de su celda no podrás huir.
Es la bestia dentro de la belleza,
es tu amante, tú te dejas llevar.
Su boca es la dulce cereza,
su mirada te conduce a volar,
su cuerpo es la loca pasión,
su sexo, un pecado mortal.
No le puedes negar nada, no,
toda su imaginación al mal.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
cuídate, amiga, si te gusta vivir.
Cuídate, amiga, del ángel negro,
de su celda no podrás huir.

Vale, vale, ya sé, hice bien en dejar el mundo de la música...

martes, 12 de junio de 2007

El gran Ismael Serrano


Una buena noticia para hoy.
El gran Ismael Serrano saca nuevo disco. Ahora mismo está metido en la grabación de dicho disco y ha colgado en su página web, www.ismaelserrano.com, una pequeña grabación.
Aquí os lo dejo.



A quien os guste la música de Ismael Serrano, sabed que todos los lunes en su página web colgará avances de este tipo. Yo no pienso faltar a la cita.
Y no, no penséis que hoy os libráis de un pequeño texto mío.
Este en concreto, dedicado a Ismael Serrano.
No os lo toméis al pie de la letra, amo su música, su voz, pero no estoy tan loca para estar enamorada de él.
Es una más de mis fuentes de inspiración y parte importante en mi novela que está en construcción.

Maldito seas. Maldito, sí, porque conseguiste robarme todas las frases que todavía no sabía decir. Maldito por no escribirme todas tus canciones de amor e imposibilitar que nadie más lo haga. Maldito seas porque haces que me duela el pasado, que me arrepienta de seguir viva sin todo lo que dejé atrás. Maldito por tu voz que se metió en mi alma desde que la escuché por primera vez y que no acierto a oír en ninguna otra persona. Te maldigo, Ismael, por no ser amada por ti.



lunes, 11 de junio de 2007

Bailando con fantasmas

"Bailando con Fantasmas"
Jon Sistiaga
Fuente: Captura

Mi historia comienza hace meses, o quizás años… no sé, el tiempo no pasa de igual manera en este rincón del mundo…

En principio iba a ser un trabajo fácil y rápido, de cuatro días, cinco a lo sumo. Mi jefe me había encargado ir a hacer un reportaje a un país de Asia que no había visitado. Y eso que había recorrido más de medio mundo con mi cámara en ristre y mi ordenador portátil o mi cuaderno de notas, según los casos. Concretamente me mandaron a un pueblo asiático que no aparecía en los mapas, pero que se estaba haciendo famoso por la desaparición de personas. Todos hombres, de mediana edad y de diferentes nacionalidades. Algunos iban por trabajo, otros por placer. Ninguno de ellos relacionado entre sí, todos con el mismo final: a los dos o tres días de haber estado allí, desaparecían sin dejar rastro. No se volvía a saber de ellos: ni una carta, ni un correo electrónico, ni una llamada de teléfono… nada. Algunos medios de comunicación empezaban a hablar de un nuevo triángulo de las Bermudas. Yo era bastante escéptico en este tipo de historias y por eso tal vez decidieron que fuera yo quien hiciera ese trabajo. Estaba seguro de que tras el velo de misterio que se había forjado alrededor, estaba una explicación más coherente y realista. Yo apostaba por una secta o por una mafia asiática de ladrones de órganos. Que equivocado estaba…

Como ya he dicho, era un pequeño pueblo perdido entre montañas, así que llegué allí sin mucha información recopilada y teniendo que hacer un viaje algo accidentado: primero en avión, después en autobús y finalmente andando, guiado por un joven que en cuanto me dejó en la entrada de dicho pueblo, salió corriendo como alma que persigue el diablo. Su comportamiento me hizo gracia: aquel lugar era tranquilo, con pocas casas y aparentemente normal, parecido a muchos otros que había visitado. No entendía ese temor en sus ojos. 

Busqué en mi bolsillo el nombre del único hotel que había (si es que a esa casa vieja se la podía llamar hotel), donde todos los desaparecidos se habían hospedado. No me costó dar con él. Los aldeanos eran gente amable y risueña, que recibían a los forasteros con los brazos abiertos. Solamente con estar cerca de ellos te llenaban de una extraña paz. Empecé a pensar que quizás aquellos hombres habían desaparecido intencionadamente y que seguramente los encontraría allí a todos reunidos, pidiéndome que no revelara la verdad, que era que habían decidido quedarse en ese limbo terrenal, alejados de una vida estresante y poco placentera. En mis años como reportero internacional me había encontrado con muchos problemas a la hora de hacer fotos y hablar con la gente. Sin embargo, allí no tuve el mínimo impedimento. Cuando llegué a mi habitación, me encontré un gran festín de comida y bebida que no había pedido. Parecía que me estaban esperando, a pesar de que no había informado de mi viaje, como había hecho en tantas ocasiones. Gratamente sorprendido por tanta hospitalidad, aquella noche me acosté convencido ya de que allí no había ningún misterio que resolver.

El día siguiente lo empleé en conocer más ese lugar, sus habitantes y todas las historias que me contaban. Hasta respondían a mis incómodas preguntas sobre los extranjeros desaparecidos. Me contaban que todos estaban allí, aunque lo cierto es que por más que busqué, no vi a ninguno. Yo era el único occidental. Volví al hotel al anochecer, cargado de fotos y de datos para un reportaje, que si bien no resolvía dudas sobre los sucesos que había ido a cubrir, iba a ser bastante interesante. Al menos eso creía.
Aquella noche no fue tan tranquila y placentera como la anterior, tal vez porque no estaba tan cansado del viaje. Tuve sueños extraños, todos protagonizados por una bellísima mujer asiática, quizás la más bella que hubiera conocido. Demasiado alcohol en la cena, pensé.

El siguiente día fue igual que el anterior: gente amable, muchas fotos, pero ninguna novedad acerca de las desapariciones. Volvía al hotel, algo abatido por la falta de respuestas y convencido de que a la mañana siguiente emprendería mi viaje de vuelta. Esta vez ya era de noche. Un matrimonio de ancianos había insistido en que cenara con ellos y no quise rehusar su invitación. Las calles estaban desiertas, aparentemente tranquilas, sin mucha iluminación. La luna nueva tampoco ayudaba a que pudiera ver poco más. Encendí mi pequeña linterna de bolsillo para guiarme. De pronto, escuché el vuelo de un pájaro, o eso me pareció. Miré al frente y vi una figura. La enfoqué con mi linterna, confiando en que fuera uno de los aldeanos que me llevara al hotel. Estaba totalmente desorientado. Sin embargo, cual fue mi sorpresa al descubrir que era la protagonista de mis sueños nocturnos, aquella bella mujer asiática con un vestido largo y azulado que brillaba en la oscuridad. A decir verdad, toda su silueta brillaba, y más que andar, parecía que danzaba en el aire. Fascinado, comprobé que me miraba sonriendo antes de alejarse. Llevaba noches sin probar las mieles de los labios femeninos, así que no pude hacer otra cosa que seguirla y confiar en no dormir solo aquella noche. Caminé, algunas veces corrí, a través de callejones, para no perderla. Finalmente la vi entrar en una casa.
Había pasado durante esos dos días bastante por esa casa. Estaba a las afueras y había dado por hecho que estaba abandonada. No había visto ningún movimiento, ni ninguna persona entrar o salir de ella.
Mi instinto me decía que no siguiera los pasos de aquella mujer. Sentí un aire frío en mi nuca. Pero mi deseo hacia esa bella asiática era más fuerte que cualquier otro pensamiento. Entré, no sin cierta desconfianza y me encontré con un lugar extraño, nada relacionado con lo que había visto hasta entonces, por lo menos en ese rincón de Asia. Poco podía imaginar que desde el momento en que cruzara el umbral de esa puerta, entraría en una dimensión desconocida y confusa en la que todavía hoy me encuentro. Mis sentidos se nublaron y me convertí en una especie de zombi sin voluntad propia. Aquel local era lo más parecido a un fumadero de opio que había visto nunca, iluminado tan solo por velas. Allí me encontré con todos aquellos occidentales aparentemente desaparecidos. De hecho, parecían más espíritus que personas. Fumaban de unas grandes cachimbas sin hablar, con sus ojos mirando a la nada, semitumbados en sofás y divanes. Sonaba una música extraña y embaucadora. Entonces apareció ella, la asiática misteriosa, que cogiéndome con su mano helada me llevó a una esquina y me invitó a sentarme en un gran cojín. Acercó sus labios a los míos. No sé si llegué a besarlos. No tenía poder sobre mi propio cuerpo. Aunque en ningún momento me habló, supe lo que quería. ¿Telepatía, comunicación de mentes?. No me pidáis que lo defina. Debía quedarme allí, esperando. ¿Pero esperando a qué o a quién?. Se fue y la seguí con mi mirada perdida, igual que la de mis extraños compañeros nocturnos. Fumé de lo que me había ofrecido, aunque ya estaba drogado de deseo. Allí estuve, envuelto en ese ambiente de silencio, fascinación y confusión. Ni siquiera sé como bebí aquel raro brebaje que me dieron, ni que efectos tuvieron en mi cabeza. Solo sé que nunca me había encontrado tan bien, tan feliz: todas las preocupaciones se habían desvanecido entre el humo de aquel local. Pasaron minutos, horas…no sabría decir.

De repente, sonó algo. Era la señal. No me preguntéis como lo sabía. Poco a poco todos fuimos levantándonos y salimos en dirección a la puerta de atrás lentamente, dirigidos por aquellos sonidos de pequeñas campanillas. Al salir, una nueva sorpresa me aguardaba, aunque ya había perdido toda capacidad de asombro. Nos encontramos bajo un cielo estrellado, en una gran explanada donde nos esperaban cientos de mujeres, a cual más bella, ataviadas todas con largos vestidos, bailando al son de una canción que parecía salir de la nada. ¿Eso era el cielo o el infierno?. Sin duda, sería el cielo, porque aquellas formas femeninas, fantasmagóricas, debían ser ángeles. Allí permanecimos quietos, únicos espectadores de un espectáculo mágico, sobrenatural, que nos embriagaba a todos. Hubo una milésima de segundo en que mi razón despertó, me sentí aterrado y quise huir. Pero mis piernas no se movían: ninguna parte de mi cuerpo atendía a mi voluntad. Esos fantasmas maravillosos no tardaron en rodearnos. Noté los vestidos de seda pasar por mi piel desnuda. ¿Cómo me quedé desnudo?. No lo entiendo ni me esfuerzo en entenderlo. Fue entonces cuando me quedé clavado en aquellos ojos negros, hipnotizadores. Era ella, la bella asiática de mis sueños. ¿Había elegido yo o había sido ella la que lo tenía decidido desde el principio, desde el primer minuto que pisé aquel pueblo?. Me daba igual: ya nada importaba, ni siquiera la frialdad de sus labios, de su piel. Cerré los ojos y me dejé llevar. Fueron horas del mejor sexo que había tenido nunca, donde no existía nada más ni nadie más, ni mi mujer ni mis hijos, ni mi familia y amigos. Tan solo ella y yo fundidos en un solo cuerpo, incansables, insaciables, envueltos en sudor, humedad, besos y orgasmos continuos.

Amanecí en mi habitación, la del hotel, solo y en un estado de letargo que me impedía levantarme de la cama. Dormí durante todo el día y al anochecer regresó mi amante, la que se había convertido en la dueña de mi cuerpo y de mi mente para siempre. Me volvió a conducir a aquel extraño lugar, donde se volvieron a repetir los mismos sucesos de la noche anterior…
Y así van pasando las semanas, los meses, tal vez los años. Me paso el día encerrado en esta habitación esperando a mi amada, que nunca falta a su cita.

Soy un desaparecido más del que jamás volverá a saber nada el mundo…