martes, 19 de junio de 2007

Un petó

"Un petó"
Mia Font
Fuente: Captura

El amor es una mierda. L´amor és una merda.
Enamorarse es un asco. Enamorar-se és un fàstic.
Las mujeres son malvadas por naturaleza. Les dones són malvades per natura.
Los hombres deberíamos pensar más con la cabeza…de arriba. Els homes hauriem de pensar més amb el cap…de dalt.
El sexo sin amor es más divertido. El sexe sense amor és més divertit.
Esas frases no me las enseñaste en catalán. Seguramente porque no te interesaba que las aprendiera.
Mis problemas empezaron hace diez meses. Yo era feliz, de verdad, completamente feliz. Me gustaba mi vida. Era atractivo y con la suficiente verborrea para llevarme cada noche a una mujer diferente a la cama. Adoraba a las mujeres, a todas. Daba igual que fueran altas, bajas, gordas, delgadas, jóvenes, maduras…cada una tenía su encanto. Me encantaba sentirme como un explorador, investigando todas las particularidades de sus cuerpos femeninos. Sí, era simplemente sexo, unas noches mejor, otras peor. Por las mañanas me despedía de ellas para siempre, con un beso apasionado. Y ellas me decían adiós con una sonrisa en los labios. Muchas veces hasta me daban las gracias por sus orgasmos. Así de simple y sencillo. Manejaba las técnicas de seducción de manera perfecta.
Pero tuve que conocerte a ti aquella noche en el verano madrileño. Primer error. Entré donde tú estabas. Tenía debilidad por las morenas, y las pelirrojas me volvían loco…y tuve que caer en las redes de una rubia. Con lo poco que me llamaban la atención las rubias, sobretodo si eran de ojos claros…
Como siempre solía hacer, te miré, te sonreí amablemente y me dediqué a buscar a la que realmente me interesaba esa noche, una morena de ojos negros con curvas que quitaban el sentido, que había visto entrar hacia la barra.
Te había rechazado al primer vistazo, pensé que lo habías entendido. Sin embargo, te acercaste a mí y te presentaste, poniéndote entre la bella morena y yo. No sé como la miraste o que la dijiste, pero provocaste que se alejara. Parece ser que habías decidido que esa noche saliera de aquel bar con una rubia. Tú.
Lo cierto es que la idea de no tener que hacer nada para seducirte me gustó. Estabas totalmente entregada a cada mirada, cada sonrisa, cada palabra, cada caricia mía. Y yo estaba convencido de que era yo quien manejaba la situación. Segundo error. En menos de una hora ya tenía tu lengua metida en mi boca.
Poco tiempo después, era yo quien introducía mi lengua y algo más en ti. Pensé en llevarte a un hotel donde solía ir, pero tú me convenciste para que te llevara a mi casa. Tercer error.
Fue una de las mejores noches de sexo que he pasado. No lo niego. Recibía de ti algo que hacía tiempo que no sentía: ternura, cariño…caricias amorosas. A la mañana siguiente, cuando quise despedirme de ti, me dijiste esa frase: “creo que me he enamorado de ti”. Y después del ritual del beso apasionado de despedida, sentí deseos ya no de follarte, sino de hacerte el amor durante todo el día. Cuarto y el más fatal error.
Redescubrí esos instantes en que el mundo desaparece, en que la vida entera está entre esas cuatro paredes, donde dos cuerpos bailan al mismo son, el tiempo se mide por besos y no deseas más que estar entre los brazos de una sola mujer, que te llena la habitación de gemidos, de susurros, de temblores…
Sin embargo, el tiempo no se detiene aunque lo ansíes. Llegó el domingo por la tarde y tú tenías que coger un avión rumbo a Barcelona. Comenzó la despedida, la desesperación de perder el calor de ese cuerpo, la sensación de que te faltara el aire cuando ella se vaya, la súplica de verla de nuevo pronto…
Esa semana estuvo plagada de llamadas de teléfono, de “te echo de menos”, de “no puedo dejar de pensar en ti”, de “¿cuándo te volveré a ver?”.
Es cuando el concepto de tiempo cambia. Lo rápido que había pasado el fin de semana y lo lentamente que transcurrían las horas el lunes, el martes, el miércoles, el jueves…
Paseaba por las calles de Madrid buscándote, ignorando a todas las mujeres que se cruzaban a mi paso. Alguna podía atraer mi atención, si descubría en ella tu pelo, tus ojos, tus labios…pero ninguna era mi bella rubia catalana.
El viernes cogí un avión rumbo a Barcelona. Durante el vuelo me sorprendí a mí mismo: estaba nervioso como un niño, ansioso de verte, de besarte, de tocarte.
El amor nos convierte en unos tontos, con una sonrisa estúpida y continua en la boca.
Llegas a hacer cosas tan patéticas como correr por todo el aeropuerto y coger a tu amada en volandas. La besas y miras alrededor, sintiéndote el hombre más afortunado de la tierra y creyendo que todos los demás te envidian porque eres tú el que está con ella. Que ridículo y absurdo me siento cuando pienso en todos esos momentos…
Era la primera vez que visitaba Barcelona y me pareció maravillosa, genial, fascinante, el mejor lugar sin duda para habitar, simplemente porque allí respirabas, comías, dormías, reías…la ciudad condal podía disfrutar de ti el día entero.. Así que cuando me dijiste que me quedara a vivir contigo en tu casa, que no volviera a Madrid, me pareció la mejor noticia que había recibido en años. No importaba lo que dejaba atrás, toda mi vida, mi trabajo estable y bien renumerado, mi familia, mis amigos…y toda la larga lista de mujeres que tanto placer me habían regalado. Fue duro, lo asumo, tener que entrar en mi agenda del móvil y borrar los números de la dulce Ana, la perversa María, la explosiva Susi, la insaciable Mónica…tuve un momento de debilidad en que me pregunté si podría vivir sin tener un cuerpo diferente cada noche al que acariciar.
Mis amigos, la mayoría de los cuales ahora no me hablan por ser un “auténtico calzonazos” (palabras textuales suyas) intentaron convencerme de que lo que pensaba hacer iba a ser una de las mayores equivocaciones de mi vida. Pero yo no les hice caso. Estaba enamorado, “drogado” sin necesidad de ayuda externa. Ellos me aclararon que lo que realmente me pasaba es que estaba “encoñado”. En ese momento tal definición no me importó y les contesté con una sonrisa tonta y benevolente; hasta les miré con compasión por no tener la misma suerte que yo. Ahora mirándome desde lejos, en esos instantes de euforia, me doy pena de mí mismo…
Los seis primeros meses contigo fueron una continúa luna de miel, empalagosa e idealista. Yo sabía hablar poco el catalán y tú te ofreciste a ser mi profesora particular.
¿Quién mejor?. Sin saber “parlar” catalán, mi mercado laboral quedó muy disminuido. Tuve que aceptar trabajos por debajo de mi nivel de estudios y de experiencia. Cobraba poco y era casi totalmente mantenido por ti. Aunque el amor sea genial, no paga las facturas ni te da de comer. En algunas ocasiones el abatimiento y la desidia me invadían, momentos en que aprovechabas para echarme en cara que ya no era el mismo que conociste en aquel bar madrileño. Y tenías toda la razón: el hombre seductor y egocéntrico había desaparecido. De hecho, el sexo se había convertido en una rutina diaria, que algunas veces nos resultaba aburrida. Las noches continuas de sexo y pasión se fueron desplazando y se convirtieron en la mayoría de las veces en “algo que había que hacer”.
En abril comenzaron los problemas. Ya no volvías tan rápido de tu trabajo a casa: siempre había alguna reunión, algún café con amigas, obligaciones familiares que ahora parecían importantes…
Yo como disponía de tiempo libre, más del que me habría gustado, pasaba las horas tumbado en el sofá, sin ganas de hacer nada. Hasta que un día decidí hacer uso del primero regalo que me habías hecho: una cámara de fotos digital. Barcelona seguía siendo una esplendida ciudad que fotografiar, a pesar de los últimos altibajos sufridos.
Por las tardes, cuando acababa mi desagradable trabajo en una empresa de papel, me dedicaba a recorrer sus calles y a retratar a las personas. No había razón para volver a una casa que a esas horas estaba vacía. Mi lugar preferido donde capturar originales e improvisadas instantáneas era las Ramblas. Allí encontrabas siempre gente, turistas y barceloneses que paseaban, hablaban, reían, discutían y…se amaban.
Esta nueva afición me hacía evadirme de tus miradas hostiles, tus rechazos sexuales, tu apatía en general.
Así que cuando me dijiste que ibas a pasar el fin de semana fuera con unas amigas, casi me alegré. El sábado por la mañana cogí mi cámara y me dediqué a pasear por las Ramblas, intentando conseguir esa foto que hiciera vibrar mis sentidos. Y vaya si lo conseguí. En medio de todo ese cúmulo de gente que iba de arriba abajo, me pareció curioso y anecdótico una pareja que se estaba dejando llevar por la pasión, unidos en un profundo beso que ya duraba algunos minutos.
Cuando miras a través de la cámara ves las cosas de otra manera. De hecho, hasta que no pulsé el botón del disparo, no me percaté que la mujer rubia a la que el hombre estaba metiendo su lengua hasta el esternón eras tú. La cara que se me quedó sí que habría sido digna de fotografiar, sin duda.
No me molesté ni en ir a donde ti. Total, suponía que saltarías con alguna frase típica, como “cariño, esto no es lo que parece”. Y tampoco me apetecía enfrentarme a un tipo que me sacaba casi una cabeza. Y sencillamente, no sabía como reaccionar a una situación tan frustante y dolorosa. En unos segundos, pasaron por mi mente todas aquellas mujeres, gimiendo, gritando, mirándome con deseo…todas aquellas mujeres a las que había renunciado por una sola, que me había exigido total fidelidad, y que ahora no se molestaba ni en cambiar de ciudad para ponerme los cuernos. Que ironía.
Me dirigí a una tienda de fotografía y pedí que me hicieran cien copias de aquella foto. Fui a tu casa y me dediqué a hacer con ella lo que habías hecho tú con mi corazón: destrozarlo. Eso me tranquilizó bastante, la verdad. Repartí las noventa y nueve copias por todas las habitaciones, para que no te quedará duda de que te dejaba y el por qué.
Una copia la llevo aún en mi cartera, para que no se me olvide el precio que tuve que pagar por caer en las redes de un amor lleno de promesas que al final sonaba a chiste malo.
Te habrás enterado de que sigo viviendo en Barcelona. Ella no tiene la culpa de que una de sus habitantes sea una auténtica zorra. He encontrado un buen trabajo, hecho nuevos amigos y disfruto más que nunca de mis noches ocasionales de sexo con semidesconocidas, todas ellas morenas o pelirrojas, nunca rubias.
¡Ah!. Y mi catalán ha mejorado considerablemente.
Espero que et podreixis a l´infern. ¿Necesitas que te lo traduzca?.

19 comentarios:

  1. Ahí queda eso jajajaj

    Ma gustao!

    Petons ^^*

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  2. ¡¡Gracias Rober!!.
    Pues sí, ahí queda eso.;P
    Petons o petonets, ahora dudo...

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  3. Maika! que agradable sorpresa leer esto...

    Lo has descrito tan bien, me ha parecido genial, de verdad. Perfectamente redactos (y estructurado ehhhh????). Una historia de amor común, como nosotras, como ellos, como todos.

    estoy desaparecida en combate, pero regresaré, un besazo enorme guapa!

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  4. Es que esa rubia era muy peligrosa y perversa... Yo también la probé después del hada de los bosques de tu anterior historia y todavía no he levantado cabeza... ;)
    La historia muy buena, la verdad, sin palabras, y tiene mérito que eso lo haya escrito una mujer ya que el protagonista es un hombre y siempre cuesta más ponerte en la piel de otro sexo, pero me ha encantado. Sigues en la academia.

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  5. ¡¡Hola SS!!

    Sahona, me alegro mucho de que te haya sorprendido la historia.
    Sí, por desgracia o por suerte (no vamos a comentar nuestra experiencia, ja,ja,ja), este tipo de historias de amor es la más común. La fidelidad es una dura tarea hoy en día.
    ¡Regresa pronto del combate, que me encanta hablar contigo!.;)

    Sergi, gracias por dejar que siga en la academia.;P
    Me alegro mucho que te haya parecido que he hecho bien lo de ponerme en la piel del sexo opuesto.
    Y si te vuelves a encontrar con una rubia de estas características: ¡¡HUYE, HUYE, HUYE!!.

    Muchas gracias y muchos besos.
    Así da gusto escribir.

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  6. hola guapa, tal y como pensaba hoy resucite cuando el despertador sonó a las 7:45 de la mañana, y en este ratito de la tarde solo decirte que chapeau!(o como se diga)enhorabuena! Agar

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  7. Maika, muy bueno el relato!!! Y como dice Sergi, SIGUES EN LA ACADEMIA!

    Un besico, y sigue escribiendo cosas tan buenas!

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  8. En fin... sin palabras. Sin duda me has metido en la foto total. Me he llegado a creer esa historia de verdad.
    Sigue asi pequeña!!
    un besuco

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  9. Ya dije en mi blog, que iba a pasar por aquí, y que alegria ver este relato.
    ¡Me ha gustado mucho!, la verdad no se puede decir mejor, que gran historia, la verdad es que el amor te puede llevar a cosas como estas..
    Por cierto ¿sabes quien es Hanna Quevedo?, no estaria mal hacer un relato sobre una de sus fotos..
    ¡Un abrazo!, y gracias por pasar por mi blog...

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  10. ¡¡Hola guapas!!

    Agar, me alegro de que te hayas despertado bien. Si ya te he dicho, eres una máquina, puedes con todo.
    Hasta has tenido tiempo de pasarte por mi blog. Eres grande.;). Gracias.

    Sandra, ¿tú también quieres que continúe en la academia?. ¿pero esto, quien lo paga?.;P
    Y aunque me digas que no tengo que dar tanto las gracias, gracias, gracias y mil gracias.

    Pati, gracias, gracias y mil gracias por el arrumaco, por los consejos, por ser mi amiga, por ser mi lectora, por todo vamos.;)

    ¡¡Besos a las tres!!

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  11. La academia la paga google, que es la plataforma desde dónde escribes. ;P Juas, juas

    No, mejor! Sergi, que fue el primero en nombrar lo de la Academia! xD

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  12. ¡¡Bien, bien!!.
    ¿Y esta academia es tipo la de Antonio Gala?. ¿Me paga Sergi un año sabático para dedicarme sólo a escribir?. Si puedo elegir el sitio, por supuesto, Barcelona.;)
    Besos, guapa

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  13. ¡Qué decirte que no sepas!
    Que me encantas
    Que te adoro
    Que emocionas
    Que te quiero!
    Me encanta como escribes y me encanta tu estilo.
    Nena, llegarás lejos
    Y yo estaré aquí todavía para decirte:
    "Ya te lo decía yo... Ahora dame pasta"
    Biquiños!

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  14. ¡¡Ay mi niña!!.
    De vez en cuando arañas, pero cuando te pones a ronronear...;P
    ¡¡Quierote moito tamen, xeitosiña!!
    ¿Ya me estás pidiendo dinero?.
    No, si todavía me voy a creer del todo que eres mi hija.Ja,ja,ja.
    Muchos biquiños guapiña, y bienvenida a mi blog.

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  15. hola! pues lo de escribir desde el punto de vista de un hombre... no es la primera vez que nos publicas algo asi. la otra vez ya me lo pregunte. y ahora formulo mi cuestion en voz alta. como te da por ahi? no es por nada en concreto. pura curiosidad.
    un besazo wapa!! y sigue regalandonos historias, a mi al menos, me encantan ;)

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  16. ¡Hola Irene!.
    ¿Por qué me da por ahí?. Pues no es porque sea un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer. No.
    Es que los capturadores que hasta ahora he hecho, los fotógrafos, son Jon y Mia,hombres los dos.Simplemente por eso. No hay más misterio.;P
    Gracias, me alegro que te gusten mis regalos.;)
    Besos, guapa

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  17. jejeje
    me parece bien ;)
    curiosidad saciada! :p
    besos!

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  18. me ha encantadoooo!!ole y oleee esa maika!!jejej chulisma la historia! qué más decir? que a seguir en ello! ;)

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  19. ¡¡Gracias Ana!!
    Me alegro muchoooo que te haya gustado.
    Ole también por ti y por la que tiene la curiosidad saciada.;P
    Besos

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