jueves, 29 de noviembre de 2007

Yo escribo, tú escribes, él escribe...

Escribir. Una palabra que tiene varios significados que a veces se confunden.
Todos escribimos, salvo los analfabetos. Por lo tanto, en el significado amplio de la palabra, desde que juntas la m con la e, ya sabes escribir.
Escribir como oficio es otra cosa. El problema es que es difícil de explicar y de entender donde empieza un concepto y termina el otro.
Personalmente, echando la vista atrás, ponerme seriamente a ello, escribiendo un amago de novela, fue en el instituto. Aunque realmente desde que tengo uso de razón recuerdo que me encantaba contar historias, imaginarme aventuras, escribir mis diarios mezclando lo que realmente me pasaba con fantasías y pequeños poemas y siempre se me dio bien hacer redacciones y trabajos en el colegio...
A mí personalmente me hace "gracia" cuando dices que escribes (ya he comentado varias veces que a mí la palabra escritora se me hace grande), y te viene alguien y te dice todo ilusionado/a: "anda, yo también, llevo años escribiendo un diario, y escribo cartas a mis amigos...y a veces, cuando tengo un sueño, cuando me levanto, también lo escribo."
¡¡Ah, vale!!. ¡¡Entonces todos somos escritores, pintores (los dibujos que hago mientras hablo por teléfono merecen una exposición) y hasta escultores (yo de pequeña hacía unas esculturas de plastilina alucinantes)!!.
Todo es subjetivo y es complicado definir ciertas palabras.
A mí me costó mucho decir que escribía y mucho más enseñar lo que escribía.
Luego hay otras personas que te dicen que también escriben, pero que nadie ha leído nunca lo que han escrito, sólo ellas, porque lo consideran algo demasiado personal y privado para enseñarlo...yo por respeto, no digo nada. Cada uno que haga lo que quiera. De ese modo, se puede “presumir” de que él o ella escribe de puta madre, sólo que no es tan egocéntrico/a como tú y no tiene que enseñar sus textos al mundo. También se libra de comprobar que quizás la escritura no es lo suyo.
Lo que ocurre es que palabras como escribir, escritor, escritora, guionista, periodista, columnista…me las tomo muy en serio.
Otras profesiones como electricista, informático, fontanero, profesor, comercial no plantean tantas dudas ni tantos problemas.
Cuando alguien te dice, “soy electricista”, tú no vas y le contestas: “¿sí?, yo también. El otro día se fundió la bombilla del salón, compré una nueva, la cambié por la fundida, ¡y se hizo la luz!.”
Algunas personas piensan que escribir es lo más sencillo del mundo. Simplemente necesitas un bolígrafo y un papel, o un ordenador…y ya está. Escribes lo que piensas, lo que te ha ocurrido, lo que sientes, lo que te han contado...y ya puedes ir diciendo que escribes.
Me ofende, no por mí, sino por todos los escritores y periodistas que han conseguido que yo esté ahora aquí, que han hecho que sienta algo al leerlos. Yo no leo un libro, le cierro y pienso: “esto lo hago yo en un abrir y cerrar de ojos, en una tarde, si me pongo a ello.”
Escribir es uno de esos oficios que a menudo son menospreciados y poco valorados, a no ser que ya tengas un nombre por haber publicado varios libros y haber estado en la lista de los más vendidos.
Si perteneces a un grupo coral, como puede ser el de guionista, que pocas veces suele trabajar solo en un proyecto, o eres un “negro” que le escribes los libros a otros…para que te quiero contar…
Y no es que quieras aplausos y reconocimiento todo el tiempo, ni ver tu nombre en grande por las calles. Escribir, como ya dije ayer, en la mayoría de las ocasiones es algo que necesitas para sentirte viva, como el respirar. Si se les pregunta a los escritores famosos o conocidos en sus diversas facetas, si dejarían de escribir si no fuera por la fama o por el dinero, seguramente que la mayoría contestarían que seguirían escribiendo por el mero placer que da hacerlo. Pero de ahí a que no se valoren las horas y “comeduras de cabeza” que dedicas hasta conseguir acabar un relato, una novela, un artículo, un guión…
Por ello, si a mí se me pregunta cuando empecé a escribir y a sentirme “escritora”, diría que en el momento en que dejé de hablar de mí misma y comencé a relatar historias que no tenían nada que ver con mi vida, y sin embargo, resultaban creíbles. Cuando mis amigos me leían y me decían que les había gustado, que lo habían leído de un tirón y que no habían podido parar hasta llegar al final. Cuando fui subiendo escalones, buscando nuevas temáticas, nuevos retos, nuevas historias cada vez más alejadas de lo que hubiera podido vivir y sentir en persona…y logré rematar la faena de una manera acertada.
Por tanto, hermanos, un mandamiento más os dejo: no utilicéis las palabras “escribir” o “escritor/a” en vano. Amén.


miércoles, 28 de noviembre de 2007

Escribo porque respiro


Ya he hablado en varias entradas del tema: algunas veces directamente, otras veces de pasada...
Y aún no había creado nada para "etiquetarlo".
Mi nueva etiqueta para poner en la entrada que corresponda es "Escribo porque respiro."
Porque es así...
Iba a poner ejemplos de escritores, del pasado y del presente, de siempre...
Llevo años leyendo biografías, frases, entrevistas de escritores donde explican el como y el por qué escriben.
Sin embargo, he decidido explicar el por qué yo escribo. Escribo porque respiro, es parte de mi vida. No podría escribir si no respirara...principalmente porque eso significaría que estaría muerta. Pero probablemente me costaría respirar y sentirme tan viva como hasta ahora.
No puedo decir que haya sido una niña prodigio de la escritura. De hecho, mi primera forma de "manifestarme artísticamente" fue la pintura.
Escribir, lo que se dice escribir...¿qué es escribir como trabajo y como vocación?. Eso requiere toda una entrada dedicada a ello.
En esta entrada sólo voy a hablar del escribir como necesidad. Porque necesitas contar historias, necesitas escribir cada día porque si no escribes algo te sientes vacía al final del día.
Escribir como terapia cuando estás mal y necesitas sacarlo. Y escribir como un juego, como una diversión, como un reto. Aprender cosas nuevas, "tocar varios palos", intentar superarte.
Tiene muchas partes buenas, como es el pensar una historia, crearla y "completarla", leerla una vez finalizada y dar el visto bueno...y la satisfacción y alegría indescriptible que da que otros disfruten con tu lectura. Digo indescriptible, porque es difícil de describir lo que sientes cuando los demás te leen y te dicen que le ha gustado, que es genial, que hasta se sienten identificados...
Y sí, una vez que decides enseñar por primera vez tus escritos, ya no puedes parar de hacerlo, porque la satisfacción de quien lo lee se convierte en parte de ti, en parte de tu trabajo, en parte del "oficio" de escribir.
Pero cuando escribir se ha convertido en parte de tu vida, en una necesidad, en tu vocación...tiene también su parte mala: la frustración cuando no sale una historia, la ansiedad cuando no puedes escribir por falta de tiempo, la angustia de saber que es difícil poder "vivir" de ello...esto último no es porque quiera ganar mucho dinero con mis libros ni que busque la fama (¡no por Dios!). Es que eso implica tener que trabajar en otra cosa, algo que no te va a llenar ni de lejos como lo hace la escritura, y que además te dejara poco tiempo para hacer lo que realmente te gusta.
Haré más entradas con esta etiqueta, pero ahora me he quedado "seca" y además necesito irme a dormir. Me he pasado todo el día escribiendo: de las pocas ventajas de seguir en paro...

martes, 27 de noviembre de 2007

Fly me to the moon


A veces la vida que vivimos no es la que soñábamos tener cuando éramos jóvenes: mucho trabajo, poca vida social…demasiada rutina. De lunes a viernes, la jornada es una constante repetición: te levantas, vas a la empresa, metes más horas en ella de las que desearías y por la noche llegas tan cansada que apenas tienes tiempo de cenar, ver algo en la televisión e irte a dormir. La mayoría de los fines de semana estás tan agotada que prefieres descansar y no salir, a pesar de la insistencia de tus amigas casadas para que dejes de ser la solterona del grupo. Sí, a veces la soledad es una losa difícil de sostener, pero tras aguantar varias citas a ciegas y tener que soportar a hombres que te consideran una mujer objeto, decides que es mejor estar sola que mal acompañada. 

Dicen que soy muy exigente. Pero, ¿por qué conformarme con un vino de tetrabrik cuando has saboreado y disfrutado un buen crianza?
Prefiero seguir esperándole. Porque sé que existe, que se encuentra en alguna parte y que cualquier día se presentará, cuando no le esté buscando, como hizo aquel noviembre en la ciudad de las luces y las sombras.

Mientras tanto, le tengo siempre que le deseo. En sueños, pero ¿quién ha dicho que el mundo es perfecto?. Aquella noche sí lo fue. Perfecta, difícil de superar por nada ni por nadie…


Era jueves y estaba sola en una ciudad desconocida. Había ido allí por un asunto de negocios. Después de haber aguantado cinco horas de una conferencia soporífera y haber mantenido charlas insípidas con varios inversores interesados en mi empresa, lo que menos me apetecía era encerrarme en la habitación de un hotel. Caminaba por las calles casi vacías de aquella ciudad, pensando por qué no tenía el valor de dejar un trabajo que me aburría tanto y no me llenaba en absoluto, cuando escuché el siempre agradable sonido del buen jazz. Por fin un soplo cálido en medio de aquel viento frío otoñal. Me detuve y miré alrededor. La música provenía de un pequeño bajo que estaba a mi izquierda. Me fui acercando, no sin el cierto temor que dan los lugares que no conoces. Ni una ventana por la que asomarse al interior, la puerta cerrada y sin ningún cartel fuera que diera información del tipo de local que era. La única opción para descubrirlo era entrar dentro. Mi primer pensamiento fue que si me pasaba algo, nadie sabría donde encontrarme. Sin embargo, la curiosidad pudo más que el miedo a lo que pudiera suceder. Cuando finalmente respiré hondo y abrí aquella pesada puerta, no pude evitar un gesto de sorpresa. Es difícil de explicar, sobretodo para alguien que sacaba aprobados justos en las redacciones del colegio. Siempre he sido más de números que de letras. Y es una pena, porque con lo que viví aquella noche podría escribir perfectamente una novela. ¿Cómo describir lo que viví y sentí? Parecía que hu
biera hecho un viaje a través del tiempo: estaba en plenos años cincuenta o sesenta, no sabría decirlo con exactitud. Si en ese momento hubiera aparecido Humphrey Bogart, no sería él precisamente el que estuviera fuera de lugar. Un ambiente cargado de humo, repleto de gente y músicos tocando en directo el mejor jazz que había escuchado nunca. No me sentía violenta ni incómoda, más bien todo lo contrario. Las personas con las que me cruzaba, me sonreían y me daban una cálida bienvenida. Hacia tiempo que no me encontraba tan a gusto en un bar. Sola y a la vez rodeada de gente que me saludaba como si fuera una clienta habitual. El camarero me sirvió un whisky con hielo. Estaba invitada. Ni siquiera me molesté en preguntar quien podía invitarme a mi bebida preferida.
Simplemente le agradecí a él la invitación y busqué un sitio cómodo y algo escondido donde poder disfrutar de un momento tan extraño y reconfortante a la vez. Saboreé el mejor whisky que había tomado jamás y empecé a moverme al ritmo de la música. Encendí un cigarrillo y comencé a mirar a mi alrededor, intentando averiguar el nombre de aquel local, para recomendarlo a mis conocidos amantes del blues y del jazz. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, que me sorprendió que mis ojos se encontraran con otros que me estaban observando detenidamente. En una esquina de la barra, ese hombre más que mirarme, parecía que estuviera estudiándome. Desvié mi mirada, pero en cuestión de segundos, no pude evitar volverla hacia él de nuevo. Era un hombre que si no había pasado los cuarenta años, estaba a punto de hacerlo. Llevaba un traje gris oscuro, con el pelo castaño claro, algo canoso, peinado hacia atrás. Sus ojos eran azules o verdes. No podía distinguirlos bien entre la densa cortina de humo que se interponía entre los dos. Tenía esa elegancia que no se consigue por mucho que lo intentes: se nace o no se nace. Sus manos acariciaban su vaso de whisky y me sonreía. En otra circunstancia, en cualquier otro lugar, mi reacción habría sido ignorarle, mirar hacia otro lado, hasta irme…pero me sentía paralizada, incapaz de dejar de mirarle y sonreír. No sabía que me ocurría ni quería pensarlo. No sé cuantos minutos pasamos así, o si pudieron pasar horas. Para mí, el tiempo se había detenido desde que había entrado por aquella puerta. Estábamos alejados, separados por varios metros, pero nunca me había sentido tan cercana a nadie como a él. De hecho, se podía decir que era una conversación donde no hacían falta palabras, porque con las miradas nos lo estábamos diciendo todo. Esa conversación fue interrumpida por una mujer que vino a pedirme fuego y se puso en medio de los dos. Cuando volví a guardar el mechero, miré hacia la barra pero él ya no estaba. Le busqué, primero desde donde me encontraba, después recorriendo el bar. Era inútil: había desaparecido. Volví a la realidad. El concierto había terminado y sonaba un viejo tocadiscos. Algo abatida, estaba a punto de pedir otro whisky, cuando escuché las primeras notas de la canción que más necesitaba en ese momento: «Fly me to the moon» en la voz del insustituible Frank Sinatra. Alguien acarició mi brazo y fue bajando lentamente hasta que me cogió la mano. Me volví y me encontré con mi hombre misterioso. Me sonrió y me besó la mano dulcemente. Se acercó y me susurró al oído con una voz grave: «¿puedo pedirte que me agradezcas la invitación de antes con un baile?». Yo apenas pude responder. Me dejé llevar por la música y por él hasta el centro de la pista. Me apretó fuertemente contra su pecho y yo más que bailar, estaba flotando. Pude comprobar que sus ojos eran de un verde intenso, antes de que pegara su mejilla contra la mía y me cantara suavemente al oído. No habría consentido a ningún otro que tapara con su voz a La Voz, a Sinatra. Pero estaba segura de que había perdido toda resistencia con aquel hombre desconocido que me había llevado volando hasta la luna. Así que cuando, con las últimas notas, me acarició el cuello y me besó, no pude hacer otra cosa que seguir dejándome llevar por él. Nunca me han besado ni seguramente me besarán como lo hicieron aquellos labios dulces y suaves. 

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté sola en la habitación de mi hotel: ni una nota ni ningún rastro de él. Me vestí y me puse a buscar el local de la noche anterior. Pero por muchas vueltas que di a la ciudad y a sus calles, no lo encontré.

Cuando regresé a casa, se lo conté a mis amigos, pero nadie me creyó. Era algo difícil de explicar y mucho más difícil de entender. Pensaron que todo era fruto de mi imaginación. Sin embargo, yo sé que fue algo real, que no lo soñé.

Y si al final fue todo un sueño, yo no pedí despertarme de él.

Por eso cada noche me acuesto con la esperanza de cerrar los ojos y volver a aquel lugar y a sus brazos…




Historias al son de una canción

¿Qué mejor día para subir una nueva sección al blog?.
Se llama "historias al son de una canción". El mismo título lo explica. Historias que giran en torno a canciones. Ya hice una entrada de este estilo hace unos meses con Sábado por la noche, que bien podía incluirse en esta sección.
No es una sección original, pero sí llena de posibilidades. Y es que hay tantas canciones y tantas historias que contar al son de ellas...
Escribiendo la primera historia, la "culpable" de que se me ocurriera esta sección. Continuará.
Espero que disfrutéis leyendo esta sección como yo estoy disfrutando escribiéndola.

lunes, 26 de noviembre de 2007

REC

El sábado tuve una noche "movidita", porque después de ensayar la obra "La que se armó en el Tenorio" para el domingo y de disfrutar como espectadora del "Maqui", me fui al cine a ver en la sesión "golfa" "REC". Tenía muchas ganas de verla, sobretodo desde que me la habían recomendado. Y porque me encantan las películas de suspense y de terror.
Y después de ver esta película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, me vuelvo a preguntar lo que llevo preguntándome desde niña: ¿por qué voy a ver estas películas si después lo paso tan mal?.
Y es que no puedo evitarlo. Desde que convencí a mis padres para que me dejaran ver con pocos años "Drácula", dentro del programa de "Historias para no dormir". Es como meter los dedos en el enchufe sabiendo que te vas a llevar un buen calambrazo. Película de terror tras película de terror; serie de terror tras serie de terror (¿cómo olvidar "El misterio de Salem´s Lot"?), la misma conversación con mi madre:
-"Mamá, anda, déjame verlo."-
- "No, que luego tienes miedo y vienes por la noche a mi habitación con que no puedes dormir porque tienes pesadillas."-
- "Que no, que te prometo que no."-
Mi madre al final cedía, cansada de tener a una pesada como hija. ¿Y qué pasaba después?. Que la niña Maika iba asustada a la cama de sus padres porque tenía miedo y no podía dormir...
Ahora ya no voy a la cama de mis padres, llorando porque tengo miedo, pero lo sigo pasando mal y me acuesto algo asustada, con un ojo cerrado y el otro abierto, por si acaso...
Es lo que tiene tener tanta imaginación y tanta sugestión...recuerdo que sobretodo de pequeña, no solía asustarme yo sola creyendo ver, sentir o escuchar algo sospechoso o terrorífico; lo peor es que acababa convenciendo a los amigos que estaban conmigo, que veían, sentían o escuchaban lo mismo también...
Pero dejaré de hablar de mi infancia y seguiré con la película "REC".
No voy a hacer una crítica al más puro estilo cinematográfico, porque no es lo mío.
Sólo diré lo que me pareció como espectadora.
Me ha gustado. Ya está.
Bueno, vale, me extiendo un poco más.
La película envuelve su trama en un reportaje que te recuerda a programas como "España Directo" o "Está pasando". Y sí, yo sonreí maliciosamente en algún momento cambiando la cara de la protagonista por alguno de los reporteros "dicharacheros" de los citados programas.
No puedo decir que la vi entera, porque sí, soy de ese tipo de personas que llega un momento que cierra los ojos o se tapa la cara en ciertas escenas. Todo ello acompañado de comentarios a mi amigo Rober: "necesito un cigarrillo"(lo malo de verlo en el cine y no en tu casa), o "¿qué ha pasado?", cuando cerraba los ojos y oía los gritos.
Esta película que ves a través de la cámara de "Pablo", te tiene en una constante tensión. Estás tan concentrada en fijar tu atención y no "perderte" ante tanto movimiento de cámara, que claro, cuando llega el momento del "susto", te pilla desprevenida.
Y sí, lo reconozco, me perdí casi todos los minutos finales de la película, porque mi corazón no aguantaba más sobresaltos, y era lógico pensar que las últimas secuencias serían las más aterradoras. Ay, ese ático...
Cuando terminó la película, casi lo agradecí, porque tenía ganas de fumar y porque quería relajarme.
Pero todavía había algo que añadir a la tensión. Porque cuando sales del cine de una sesión golfa y te entretienes un poco yendo al baño o echando un cigarrillo antes de ir a coger el coche al parking...te encuentras con un centro comercial vacío, con la única presencia de tres amigos y tú. Y como sigues sugestionada por la película, piensas que en cualquier momento aparecerá un trabajador de Cinesa "infectado" por el virus...
Y aunque la actriz que interpreta a la reportera Angela no tiene la culpa, la llegué a coger tanta manía por su creciente histerismo, que deseaba que llegara una toma en que el cámara Pablo la abofeteara para que se calmara. Y es que Pablo aparte de un excelente profesional (yo habría tirado la cámara a mitad de la película), tenía una paciencia de santo ante los gritos de su compañera: "Grábalo todo, Pablo, por tu puta madre."
Se desconoce la relación que les unía a Angela y Pablo antes de hacer ese reportaje acompañando a los bomberos, pero vamos, para aguantar tanto, serían compañeros de trabajo y amigos con derecho a roce porque...
¿Conclusión?. Recomiendo que vayáis a verla si sois amantes del género del terror y del suspense. Si no os gustan estos géneros o padecéis del corazón y/o de los nervios, mejor que veáis "Shrek", que hay un ogro en ella, pero no asusta tanto...
¡Ah!. Y me ha quedado una cosa clara también: si algún día me voy a vivir a Barcelona, me pensaré mucho elegir un bloque de pisos parecido al de la película. Por lo de siempre: por si acaso...

El Maqui

"Un hombre moreno venido del norte, al que todos llaman "El Maqui" llegó al valle nada más acabar la guerra civil. No buscó trabajo como jornalero, como solían hacer los gitanos, sino que compró la vieja carpintería y se instaló en ella.
La gente le consideró un loco, pues el edificio, después de haber sido bombardeado durante la guerra, sólo era un montón de escombros. A pesar de todo, el Maqui se quedó allí trabajando duro para sacar adelante una serrería. Imitaba como un artista a toda la fauna de animales y personas que vivían a su alrededor pero cuando la tristeza embargaba su corazón aullaba desesperadamente.
El Maqui es el retrato de un ser humano que va contra corriente, libre y tozudo, por el camino que su intuición y espíritu más primario le marcan. No hace daño a nadie pero su forma de afrontar la vida hiere el orgullo de los que están atrapados por la tristeza cotidiana."
La sinopsis de la obra fue lo único que sabía cuando el sábado pasado me dispuse a ver "El Maqui" del grupo navarro La Ortiga T.D.S. (las siglas significan Teatro de Denuncia Social), grupo participante del VIII Festival del Otoño Aficionado. Suelo ir todos los años, porque aunque algunas obras a concurso son soporíferas, de vez en cuando te llevas una agradable sorpresa, como en esta ocasión.
El Maqui es una obra original, refrescante y con una puesta en escena impresionante, acompañada con músicos en directo: un acordeonista y un guitarrista. Porque también tiene su parte musical. Confío en que se lleven el primer premio del Otoño Aficionado de este año. Se lo merecen.
No sería su primer premio. Este montaje ya consiguió el primer premio de Artes Escénicas de los Encuentros de Jóvenes Artistas Navarra 2006. Y no es la primera vez tampoco que ganan premios por sus obras. Ya consiguieron hacerlo con dos de sus tres anteriores trabajos: “Los Justos” de Albert Camus y “La Ceguera” de José Saramago. Con su tercera obra puesta en escena, "Ubú Cabrón” basada en el texto de Alfred Jarry, "Ubú Rey", no sé si habrán conseguido algún premio, pero visto la trayectoria de este grupo teatral, no me extrañaría.
La Ortiga T.D.S. es un grupo de teatro del Valle de Aranguren que desde noviembre del 2001 y siempre dirigidos por Angel Sagüés, utilizan sus montajes como un medio para "denunciar" y dar un toque de atención a la sociedad.
La obra que yo tuve el placer de ver el sábado pasado, "El Maqui", está basada en una novela de Arto Paasilina: "El molinero aullador".

Este montaje trata de los problemas que puede tener una persona cuando intenta ser diferente, no seguir al rebaño, vivir la vida a su manera sin hacer mal a nadie. Un hombre soñador que tiene que enfrentarse a un pueblo cuya sociedad por desgracia es la que existe en estos tiempos. Una sociedad donde prima la envidia, las falsas apariencias, el que dirán.
Los marcados por el pueblo como locos, raros o tontos, al final son los mejores de esta historia.
Y es triste comprobar que por mucho que avancen los tiempos, siempre estará mal visto intentar hacer algo original, seguir tu instinto y tu corazón, no dejarte llevar por la corriente.
Y como ya he dicho, por desgracia, es algo que ha pasado, que pasa y que pasará. Sólo hay que leer un poco de historia y mirar alrededor: en nuestra ciudad, en nuestro país, en el mundo en general.
Por eso pienso que esta obra se merece el primer premio del Otoño Aficionado.
Porque consiguen hacer una crítica dura, pero bien aliñada con momentos músicales y golpes de humor, para que no "duela" tanto.
Unos breves comentarios de la obra:
La canción "principal" de la obra, era cantada por el Maqui principalmente, acompañado del "loco", versionando a Andrés Calamaro:
No sé que quiero pero sé lo que no quiero
sé lo que no quiero, y no lo puedo evitar.
Puedo seguir escapando y aún lo estoy pensando,
lo estoy pensando pero estoy cansado de pensar.
Quizás de todas las canciones, fue la que más me tocó, porque es mi favorita del gran Calamaro.
Sobretodo la parte que he puesto. Me siento reflejada siempre en esas frases...
Un buen golpe de humor irónico a mi parecer fue el momento en que descubrimos que el llamado "tonto del pueblo" tiene en los montes una pequeña plantación de marihuana.
Lo dicho, el mundo al revés. Con frecuencia, los que son tildados de locos suelen ser los que más claro lo tienen, los definidos como tontos suelen ser más listos de lo que parecen...pero suele resultar más fácil etiquetar a las personas, juzgarlas, criticarlas, intentar cambiarlas...que mirar hacia uno mismo, sobretodo cuando sabes que si dedicaras más tiempo a observarte y "psicoanalizarte"... descubrirías que todo los defectos que crees ver en los demás, en realidad están en ti.
Y es que ya lo dice el refrán: "ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio."
Por lo pronto, yo salí de ver "El Maqui" con una gran sonrisa y con las manos doloridas de tanto aplaudir.
Y es que después de todo, quizás no es tan malo ser Maika la caótica, la loca, la bipolar, la fantasiosa y soñadora...mientras viva y deje vivir, espero no tener que huir a los montes como "El Maqui"...

sábado, 24 de noviembre de 2007

Una historia de amor con final trágico

Lo que voy a contar es una historia de amor. Una historia de amor "animal". No, no me refiero a una historia de amor llena de pasión y de sexo. No: una historia de amor entre animales.
La historia comienza cuando un faisán apareció mal herido cerca de mi casa. Mi madre le recogió y le puso en el gallinero junto con los pollos para que mejorara.
Con el transcurso de los días, fue saliendo fuera, al patio con los pollos. Una buena tarde, con el sol dándole en el pico, cogió aire y "gritó", signo evidente de que ya estaba perfectamente. Días después empezó de nuevo a volar. Pensábamos que cualquier día se escaparía y seguiría su viaje interrumpido cuando fue herido. Pero no fue así. Tan sólo le gustaba salir de su pequeña celda de alambres, subir al tejado del gallinero, y de vez en cuando pasearse libremente por la huerta. Cuando estaba cansado o hambriento, simplemente regresaba con sus nuevos amigos los pollos.
En mi gallinero, los pollos están separados de las gallinas. Cada grupo tiene su habitación y al salir al patio, están separados por una barrera hecha de alambre. Al más puro estilo carcelario humano, donde los hombres están separados de las mujeres.
Pronto, el faisán, con su porte y elegancia, captó la atención de las gallinas. No cabía duda de que era el más atractivo de todos los machos. Sobretodo una de ellas, no le quitaba ojo. Primero estaba todo el tiempo pegada al alambre, observando al faisán. De tanto mirarle debió de querer ser libre como lo era él, cuando volaba y salía al exterior de la jaula. Sus primeros intentos fueron fallidos. Alguna vez tuve que cogerla porque se enganchaba con la parra que rodea la pared del gallinero. Sin embargo, esta gallina era constante y el deseo de estar con el faisán fue mayor que su torpeza. La mayoría de las mañanas ya conseguía librar la barrera que los separaba y estaba con él en el patio de los pollos. Al ser la única gallina de esa zona, todos los pollos la acosaban. Pero ella sólo tenía ojos y pico para su faisán. Al faisán no parecía disgustarle su compañía, así que día tras día fueron "avanzando" en su relación: en el patio, luego en el tejado del gallinero y finalmente dando largos paseos románticos por la huerta y el jardín. Por las noches, mis padres (en esta historia, llamémosles los malos de la película) intentaban separarles, y alguna vez lo conseguían, aunque no siempre. Durante semanas disfrutaron a su manera de este amor lleno de plumas y picos.
Yo ya sabía que no podía terminar bien. Probablemente cualquier día mis padres pondría fin a ese amor con la muerte de uno de ellos (ya he dicho que son los malos de la película, los "asesinos"). Yo imploraba por sus vidas. Total, pensaba, para una que se enamora y es correspondida...
Sin embargo, ¿por qué un final tan trágico?.
El gallinero está al lado de las vías del tren.
A continuación una foto captada del desafío al que "jugaban" esta pareja, arriesgando sus vidas muchas veces para seguir juntos.

Ayer por la tarde, cuando mis padres volvían a casa, encontraron la dantesca escena. La gallina había sido atrapada por el tren. El faisán andaba por la huerta, visiblemente conmocionado.
Mis padres decían: "Si se veía que iba a pasar algo así. La está bien por seguir al faisán."
Practicaron sus labores de investigación, al más puro estilo CSI, intentando averiguar la hora de la muerte...para ver si podían sacar provecho de su carne. Así somos los humanos.
Mi padre, enfurecido, gritó: "¡Ese faisán tiene los días contados!. En cuanto pueda cogerle, le mato y a la cazuela. Pero como ataca el muy cabrón, no hay quien le pille al muy hijo de puta."
Mi padre es que es muy mal hablado.
Triste por la pérdida de la gallina, por el final de esta historia de amor, yo miré al faisán, le sonreí, levanté el puño al más puro estilo de la Pasionaria y le animé: "Resiste, faisán, resiste, lucha contra los humanos, ataca, no te dejes atrapar. Que uno de los dos se salve de las garras de la cruda realidad."
Hoy el faisán está triste. No se ha escapado a pasear fuera del gallinero. Los pollos le observan extrañados sin saber por qué hoy no se escapa de su encierro. Yo lo sé. Le comprendo. El desamor es así: te deja sin fuerzas para volar...

Esta historia está basada en hechos reales...y no, no me he tomado nada. Es sábado por la mañana. Simplemente es que yo soy así, sin ayuda del "exterior"...


jueves, 22 de noviembre de 2007

Fernando Fernán Gómez

Ayer por la noche murió Fernando Fernán Gómez a los 86 años. Sí, ya lo sé, no estoy diciendo nada nuevo. Desde anoche, la televisión no deja de hablar de ello.
Yo me enteré viendo la gala de la ATV, cuando lo dijo nada más comenzar Andreu Buenafuente.
Tras él, muchos profesionales que estaban en esa gala dijeron unas palabras dedicadas a la pérdida de una figura como Fernando Fernán Gómez.
Como este es un blog y no un periódico, no voy a "dar el parte". Simplemente mi opinión.
Fernando Fernán Gómez era (como cuesta al principio cambiar el es por el era) un gran actor, director y escritor (también guionista). Un genio. Alguien a quien muchos actores habrán tenido como referente, así como algún escritor tal vez. Y seguramente algún director.
Fernando Fernán Gómez comenzó como actor. Hizo películas buenas, pero también malas.
Pedro Almodóvar ha dicho hoy de él que era un actor nato, que tenía la mentalidad de cómico antiguo y todo lo hacía bien, hasta las películas malas. Totalmente de acuerdo con él.
Fernán Gomez era de la vieja escuela. De los actores que no salieron con un título de interpretación bajo el brazo de una academia de actores ni nada parecido. Nació actor, no se hizo actor. Bien quizás tenía a su favor ser hijo de una actriz de teatro. "Mamó" el teatro desde pequeño. Eso no significa que no tuviera estudios. Tenía la carrera de Filosofía y Letras. Con tan sólo 17 años empezó su andadura como actor de teatro. Chupó varios escenarios teatrales antes de pasar a la gran pantalla. En mi modesta opinión, todos los actores deberían pasar por el teatro antes de llegar al cine o la televisión. Si eres actor de teatro, es más probable que llegues a ser buen actor en pantalla. Lo contrario: ser primero actor cinematográfico o televisivo y luego pasar a teatro...es más difícil. Puedes valer o no valer. Conozco casos con nombre y apellidos. Actores que han querido hacer teatro, y no "daban la talla".
Pero una persona de la talla de Fernando Fernán Gómez tenía más inquietudes. También dirigió en cine y en teatro. Y después comenzó su andadura como guionista y escritor.
Era asiduo de las famosas tertulias del Café Gijón. Para mí, el Café Gijón es una visita obligada en todas las ocasiones que voy a Madrid. La primera vez que fui...no sé describir la emoción que sentí al sentarme donde tantos escritores y tertulianos durante tantos años estuvieron sentados y aún alguna vez están. Pero eso es otra historia que contaré en otra ocasión.
Para destacar su gran talento en varios campos, sólo decir que ha sido el único actor miembro de la Real Academia Española.
Es tan larga y consolidada su vida y su carrera profesional, que me voy a ahorrar el decir todo lo que hizo en todas sus facetas durante sus 86 años de edad. Para eso ya tenemos la estupenda Wikipedia.
Lo curioso del mundo en que vivimos, de la televisión que tenemos cada día, es que con todo lo que hay que decir de Fernando Fernán Gómez, de toda su carrera, ¿qué ha sido hoy lo más comentado no sólo por la mayoría de los programas, sino también por la gente en general?.
Su ya mítico "¡A la mierda!".
Bien, bien. Tírate casi toda tu vida actuando, escribiendo, dirigiendo, para ser recordado como una persona con mal carácter y maleducado.
Fernando Fernán Gómez no era una persona afable, de buen carácter, de eso no hay la menor duda. Como él mismo dijo una vez: "Cuando era joven, por luchar contra mi timidez, ya era antipático. Siempre lo he sido."
¿Eso resta su talento?. No. Si miramos un poco, grandes genios del arte, del pasado y del presente, han sido personas difíciles de tratar, algunos hasta con problemas psicológicos: Picasso, Dalí, Van Gogh, Rafael Alvárez "El Brujo", Arturo Pérez Reverte, etc...una larga lista.
¿Dejamos de admirar sus obras por ello?.
Sé que lo normal cuando se muere alguien es elogiar todas sus virtudes: "que bueno era", "siempre se van los mejores", "no había nadie más bueno que él"...
Tampoco eso es bueno. Suena a falso, a frases de conveniencia.
Pero que al pensar en Fernando Fernán Gómez, sólo salga la frase "¡A la mierda!" y los problemas que tuvo en su vida por su mal carácter...una pena.
Para dar punto y final a esta entrada, sólo una cosa que suele pasar.
Fernando Fernán Gómez acumuló varios premios en vida.
Mañana el Consejo de Ministros el Consejo de Ministros le otorgará una distinción a título póstumo. Alberto Ruíz-Gallardón, anunció en su velatorio que el hasta ahora Centro Cultural de la Villa pasará a llevar el nombre del artista fallecido, y seguramente que recibirá varios homenajes. Bueno, está bien. Otros artistas fallecidos no han tenido esa suerte.
Pero, ¿por qué se espera a hacer estas cosas cuando se muere la persona?.
Adiós, Fernando Fernán Gómez, gran actor, director, escritor y guionista.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Una visita inesperada

Anoche disfruté de una visita inesperada...
Adoro el suspense, y creo que he leído todas las novelas de Agatha Christie. Lo bueno que tengo en ciertos casos es que no tengo buena memoria a largo plazo. Lo bueno de ir a ver una obra de suspense basada en un libro de Agatha Christie, es que no recuerdes el final. Lo hace más emocionante...
Ver una obra de teatro de suspense es un placer, si está basada en el libro de una de las grandes damas de este género mejor que mejor...y si está protagonizada por un actor de la talla de Jaime Blanch. ¿Qué más se puede pedir?.
"Una visita inesperada" es una comedia de misterio donde una mujer que aparentemente acaba de asesinar a su marido recibe la visita inesperada de un extraño que se ofrece a ayudarla para encubrir el asesinato. Durante las dos horas que dura la obra, vas intercambiando sospechosos, pensando quien ha podido ser...hasta que llega el final sorprendente.
Tuve buena compañía, en la "fila de los mancos". Y no, nada de pensar mal. Yo estaba concentrada en la obra, sin perder detalle.
Y ahora llega el momento especialmente dedicado a aquellos que me llaman frikie, que dicen que me encanta el famoseo, bla, bla, bla.
Mi profesora de teatro ha sido compañera de trabajo durante años de Jaime Blanch, y tuve el placer de ir a los camerinos a saludar a la compañía, todos actores estupendos. Pero para qué mentir, yo a quien quería conocer y con quien quería hablar era Jaime Blanch.
Jaime Blanch es uno de esos actores de toda la vida, que los conoces desde siempre, y que tiene esa caballerosidad y elegancia que de vez en cuando te gusta encontrar en un hombre. Su voz, su porte, su educación...quedan pocos hombres así...
Nos comentó si en Torrelavega teníamos muchos tuberculosos. Y eso es una lástima. Porque le tienes que dar la razón. ¿Tanto cuesta no toser durante la actuación?. Y si lo haces, ¿no puedes por lo menos "reprimirte" y no toser como si estuvieras en el salón de tu casa?.
Y hablando de educación: ¿tanto cuesta también apagar los móviles?. Un poco de respeto a los actores y al público, por favor.
También recibí un consejo algo ¿desconcertante?: "¿has visto la obra?, ¿estás estudiando interpretación?. Pues lo que has visto esta noche es lo que nunca debes hacer..."
Debí de poner una cara que lo decía todo, porque mi profesora Ana se rió, y me dijo: "no le hagas caso, siempre dice lo mismo."
Lo dicho, un lujo que puedo permitirme de vez en cuando: conocer a gente que admiro y disfrutar de su charla y su compañía durante unos minutos...
Con todo, casi no hable. Quien me conoce, lo sabe.
Así que sólo terminar, para recomendar que si recibís una visita inesperada en el teatro donde vivís, no dudéis en darla la bienvenida y averiguar en su compañía quien es el asesino...o asesina.
Besos y gracias por leerme.
Hacía tiempo que no me despedía de esta manera, como hacía siempre al principio.
Soy muy besucona y muy agradecida, que se le va a hacer.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Arturo Pérez-Reverte


Admirar el trabajo y la personalidad de un escritor como Arturo Pérez-Reverte es algo fácil y nada original. Hoy he querido escribir sobre él, a raíz de leer, como todos los domingos desde hace años, su columna en la revista "XL Semanal". Con el título "20,15,750", ha querido celebrar a su manera el 20º aniversario de este dominical. Yo aquí quiero dar también mi pequeño homenaje como lectora. Cada domingo, desde hace años, hago la misma operación. Abro la revista "XL Semanal" y mi primera parada siempre es la misma. La página de Arturo Pérez Reverte. Disfruto con sus columnas casi más que con sus libros. Me gusta su manera de escribir, su manera de expresarse, sus críticas, sus tacos, su forma de llamar a las personas y a las cosas. En numerosas ocasiones estoy de acuerdo con él. Es de los escritores y periodistas que más admiro y que más credibibilidad me dan. Dice la verdad, su verdad, con sus palabras, a su modo, guste o no guste. Se lo puede permitir. Es un viejo lobo de mar curtido en muchas batallas, que ha visto y vivido tanto, que poco le importan las críticas y pataletas de los que no están de acuerdo con él. He recordado con él a Javier Marías, su vecino perro inglés, con quien tanto disfrutaba también. Ese "compadreo" que se marcaban, así como los propios artículos de Javier Marías...que buenos momentos me han hecho pasar...se le echa de menos.
De escritores y periodistas como Arturo Pérez Reverte aprendo mucho. No sólo de sus libros, sino de sus artículos y de sus entrevistas. Todo lo que dicen, todo lo que escriben, son pequeñas lecciones para mí. Tengo el hábito de coleccionar frases de escritores, partes de entrevistas, artículos...no hay ninguna carrera de escritor, no puedes licenciarte en nada parecido, como no sea periodismo. Yo perdí la oportunidad de estudiar la carrera de periodismo: la distancia, el dinero, la puñetera selectividad...así que desde hace años soy autodidacta, y aparte de escribir, persigo mejorar con la experiencia de otros, leyendo sobre ellos y de ellos.
Por todo esto, debo decir que Arturo Pérez-Reverte es uno de mis profesores en mi "universidad vital". Lástima que en esta universidad no tenga clases presenciales. Así que tengo que conformarme con estas particulares clases a distancia.
No puedo aspirar a llegar nunca al nivel de Arturo Pérez-Reverte. Es imposible. Sin embargo, en momentos de desánimo, en que pienso que ya es tarde para emprender este viaje, que es muy difícil y duro el camino para conseguir vivir de la escritura, tengo estos "arrumacos" de mis escritores y periodistas favoritos para animarme. Arrumacos en forma de artículos o de frases como estas de Arturo Pérez-Reverte:
"La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros."
"Hay gente que sueña y que se resigna solo a soñar y gente que sueña y que además, pone un pie delante del otro y camina para hacer realidad sus sueños."
"Escribo novelas para recrear la vida a mi manera."
"El azar tiene muy mala leche y muchas ganas de broma."
Gracias, profesor Arturo Pérez Reverte, por tus clases magistrales a distancia.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Me tocó a mí

Como he estado días alejada de internet, han ido retrasándose varias entradas, entre ellas esta.
Ya he hablado de todo lo bueno de aquella noche del 31 de octubre tuve, con el estreno del "Don Juan de Noviembre" y todo lo relacionado con ello. Pero no fue una noche redonda, perfecta.
En los años que llevo como conductora, he de decir que sólo me han puesto tres multas. No está mal. Y las tres igual de absurdas y desesperantes.
La primera fue en Palencia. Salí de Aguilar de Campoo de trabajar, y paré en un andén bastante amplio, en una recta, para cambiarme el calzado, porque con los tacones no podía conducir. Pararon dos motoristas y me dijeron que ahí no podía estacionar. Dieron igual las explicaciones. No me libré de la multa. Y aunque tenía dudas, sí, llegó la multa a Cantabria y la tuve que pagar.
La segunda, fue con la famosa OLA de Santander. Vi la multa en el parabrisas y pensé que era porque me había pasado diez minutos de la hora. Pero no...¡era porque el "agente" no había visto el ticket del parkimetro!. Se lo perdonaré porque llovía mucho y quizás le costó ver el ticket...¡encima del salpicadero!. Bueno, esa multa no la pagué, porque una es muy recogida y se guardó el ticket con fecha y hora, y me quitaron la multa.
Sin embargo, la tercera, la tercera... Os pongo en antecedentes. En Torrelavega hay sitios con línea amarilla en los que no puedes aparcar teóricamente, pero siempre aparcas, como en todos las ciudades. En el caso de Torrelavega, uno de ellos es una cuesta que conduce a un cementerio.
La que aparece en la foto. TODOS LOS DÍAS, todos, está como la véis en la foto. He aparcado allí durante todos los ensayos del corto "Cuestión de Fé", la mayoría de los ensayos del "Don Juan de Noviembre". Lamentablemente, también aparqué allí el miércoles 31 de octubre, el día que estrenamos la obra. No porque me guste aparcar donde no se debe. Es que en Torrelavega no abundan los aparcamientos desde que decidieron hacer la mayoría de las calles peatonales.
Bien, cuando volví a las tres de la mañana a buscar mi coche, como tantas veces había hecho...no estaba. Por suerte me acercaba un amigo en su coche, que fue el mismo que me llevó hasta el depósito de la grúa. Y menos mal, porque al principio la policía me dijo que no se lo habían llevado ellos. Y claro, siempre es mejor que te haya llevado la grúa el coche, que no que te lo hayan robado. El colmo es que SOLO habían quitado el mío. Cuando le aparqué por la mañana, era el único hueco que había en la cuesta, y la furgoneta de detrás mía estaba mal aparcada, y sí que obstaculizaba el paso. Sin embargo, sólo había una pegatina de la grúa. Sólo se habían llevado mi coche. Cuando llegué al depósito, junto a mi coche solamente había coches con golpes. Vamos, que me tocó a mí pagar los ramos del día de los difuntos a alguien. Y llegó la conversación de besugos con el encargado del depósito.
- ¿Por qué me han llevado el coche?.-
- Porque estaba en línea amarilla.-
- Sí, pero la línea amarilla está todos los días, y todos los días aparcan allí coches.-
- Ya, pero es que mañana es el día de difuntos y la gente va a llevar ramos y visitar los cementerios.-
- Sí, pero cuando yo aparqué el coche, había más coches aparcados y únicamente se han llevado el mío.-
- Bueno, sería el único que quedaba. Aunque seguramente que se han llevado más coches.-
- No, porque sólo había una pegatina, donde estaba mi coche. Siempre aparco allí y nunca me lo habían retirado.-
- Pues suerte que has tenido, y mal que lo has hecho, aparcando allí cuando hay línea amarilla.-
Podría alargar más la conversación, porque fue un bucle del que no había salida. Tuve que pagar si quería retirar el coche. La mitad de lo que había ganado con la obra de "Don Juan de Noviembre".
Ahora puede haber una segunda parte: la multa aparte de la grúa. No creo que me la manden.
Por si acaso, todos los días, procuro hacer fotos de la cuesta. Porque sí, la gente sigue aparcando todos los días en esa cuesta.
¿Qué esta mal aparcar en línea amarilla, qué es "ilegal"?. Vale, hasta ahí de acuerdo.
¿Qué voy a ser la única que pague lo que hace todo el mundo?. ¡Ni hablar!. Que no piensen que me voy a quedar parada y callada. ¡Conocerán la vena mantilla, como yo la llamo!.
Bien, fin de la entrada protesta. No arreglaré nada, no conseguiré que me devuelvan el dinero de la grúa...pero que bien me he quedado...

domingo, 4 de noviembre de 2007

Sorprendente versión del Tenorio

Así lo titulaba en su crónica el periódico de Cantabria, Alerta.
Hay tantas fotos hechas y tanto que contar, que no sé como lo voy a hacer la verdad, para que esto no parezca el antiguo testamento...
Han sido cerca de dos meses de ensayos todas las semanas, de cambios de guión, de novedades en el último día, de nervios, de gritos...
Recuerdo la primera vez que me habló de mi personaje, la directora de la obra, Ana Luisa Pérez de la Osa. Ana me decía que había pensado en mí para hacer el papel de la encargada de atrezzo, una mujer algo peculiar. Según me iba describiendo el personaje, lo admito, enseguida me vino a la mente la compañía de teatro "La Cubana". Era un personaje propio de esta compañía. Muy variopinto y con mucha improvisación. Y fue a este gran grupo teatral el que me sirvió como referente. Todo un placer. Claro que hay mucha distancia entre un actor de la Cubana y yo. Lo sé, lo sé.

Para los que no pudistéis verlo, voy a resumir algo la particular versión que hicimos del "Don Juan". Empezaba más o menos clásico, con el Don Juan visitando el cementerio, abatido por la muerte de Doña Inés. Don Juan y Doña Inés, interpretados por Pedro Morales (que ya lleva varios Don Juanes a sus espaldas) y Carlanny Ventura (joven pero sobradamente preparada), fueron los únicos personajes originales de la novela de Zorrilla.


Tras unos minutos, donde se iba descubriendo que Doña Inés no era la inocente y virginal mujer de los textos originales, "rompía" la escena romántica un presentador, interpretado por Joaquín Izuel. He de decir, que Joaquín con su papel de maestro de ceremonias, es el que llevaba más carga en la hora que duró la representación.

A partir de ese momento, la obra se convertía en un concurso, donde participaba el público, ganando premios por piropear a Don Juan o a Doña Inés.
El presentador contaba con la "inestimable" ayuda de dos...¿mujeres?.
La primera, la azafata, la señorita Selena. Pero no era una mujer precisamente. De hecho, estaba interpretada por un hombre, Rubén, una ¿bella? drag queen.

Se encargaba de mostrar los premios, de lucir su palmito, de elegir al jurado y de ¿ayudar? a la encargada de atrezzo, una servidora. La señorita (con esa pinta por mucho tiempo), Avelina.
Al son de la canción de "Betty la fea" aparecía yo en escena, bailando y enseñando mis ¿virtudes físicas?. La cara de Joaquín lo dice todo. Arranqué "pasiones" entre todos los asistentes. Desde aquí, agradecer a MªLuz que me ayudó a afearme soberanamente. Un traje "espectacular" y unos gestos mal puestos más y acababa de "impresionar" con mi presencia.

Avelina, con su gracia particular, se encargaba de ¿ayudar? al público que subía, vistiéndoles, pintándoles y acompañándoles a sus sitios.

Después, sumaba las puntuaciones del jurado y junto con el presentador, anunciaba a los ganadores. Y todo el tiempo, ligaba con todo hombre que estuviera delante: Don Juan, el presentador, concursantes, jurado, público...
Para no alargarme más en mi papel, sólo decir que la azafata Selena y yo, Avelina, hacíamos una pareja genial. A cual más mona...

Metidos entre el público, había más actores "camuflados".
Una corta aparición de una novata, Sandra, que era la que rompía el hielo y animaba a los verdaderos espectadores a concursar. De su papel no voy a decir mucho, ya que en sí no tenía que hacer nada, simplemente subirse y no acabar de piropear al Don Juan, "rajarse". Aprenderá con el tiempo que es muy importante ser buena compañera sobre el escenario. Yo ya me entiendo...


El resto, aparte de subir al escenario entre el público, interpretaban un papel. Iván Arbildúa hacía el papel de borracho, intentando ligar con Doña Inés (provocando como no, el deseo de Selena y Avelina) y provocando los celos de Don Juan, lo que los llevó a batirse en duelo. Iván ya lleva años sobre los escenarios, y ya ha participado en otras ediciones de este "Don Juan de Noviembre" y eso se nota.

Tras el borracho y varios asistentes, entraba en acción un pasiego, que ante el grito de ¡¡Mozo!! hacía su aparición, intentando poner toda la carne en el asador, para lograr los favores de Doña Inés. ¡¡El único hombre que no gustó a Avelina!!. Y el único que quiso algo con ella y la tocó el culo. He de decir, que con Borbo, que era el que interpretaba al pasiego, es con quien más sufrí. Más que nada, porque me temía que no me entrara la risa con él. Borbo no hace teatro, pero por falta de tiempo, no por falta de talento para ello. Por suerte, como suele decir mi profesora de teatro, seguí en mi papel, y conseguí aguantarme la risa...

También había una viejecita muy particular, con mucha marcha y muchas ganas de ligar con el Don Juan, Cristina Allende. Con Cristina, amiga mía de hace varios años, fue con quien comenzé yo teatro, y tiene una vis cómica genial. Provocaba un baile bastante divertido. Lástima que no tenga fotos de ese momento...pero de ella sí.

Hubo tres ganadores para tres premios: el tercer premio era una torta de pan y un chorizo; el segundo premio, un jamón; y el primer premio un viaje a Sevilla.
Y aquí están los ganadores, donde no hubo tongo, pero sí casualidades. Había una actriz entre los ganadores, pero no participante de la obra. Eso sí, amiga, para qué mentir...y me alegro de que se llevara el premio. Eso sí, tengo bien guardadas las puntuaciones, por si acaso...

Lo que iba a ser una media hora de representación, se alargó hasta más o menos una hora. Eso por lo que me dijeron, porque encima del escenario, se pasa el tiempo volando.

Hubo muchos ensayos, seguimiento del guión...pero también mucha improvisación. Y eso a mí me encantó. Poder improvisar, dar juego a mi papel, ver como mis compañeros también improvisaban, lo que hacía que fuera más divertido aún. A destacar la conversación que tuve con una niña, que me iba "chivando" las puntuaciones totales de todo el jurado. Ya le dije: "¿te creeras muy lista?". Y también: "ya te daré algo luego". Porque la verdad, una es de letras puras, y lo más importante de todo era no meter la pata a la hora de puntuar. Así que ya cogí la tónica de mirar a la niña para que me diera las puntuaciones y comprobar que fuera el mismo resultado que el que tenía yo apuntado.

Por lo comentado después, parece ser que los personajes que más gustaron fueron los de Joaquín y el mío. Pero es que también nos dábamos mucho juego el uno al otro, con nuestros comentarios a los concursantes. Para mí personalmente todos hicimos un buen papel. Y estoy orgullosa de haber compartido escenario con todos ellos.
No puedo decir que todos los ensayos hayan sido divertidos, amenos. Pero lo importante es que la obra salió bien. Sobretodo porque había buen rollo entre todos.

No voy a contar todo lo que pasamos en los ensayos, todo lo que vivimos ese día antes de la actuación a las doce de la noche. Sólo decir el buen rato que pasamos por la tarde bailando sobre el escenario mientras los técnicos de sonido probaban todas las canciones.
Varios estuvimos pendientes del montaje del escenario en la Casa de los Escudos de Torrelavega, de los últimos detalles...y claro, desde las once de la mañana hasta las doce de la noche, hay muchas horas por medio que había que rellenar con comida y...bebida. Pero fuimos buenos, y ninguno, ni el borracho, subimos al escenario con ninguna copa de más. Puedo prometer y prometo.

Para terminar, gracias a nuestra profesora y directora de teatro, Ana Luisa. Gracias a mis compañeros, por el buen rollo que hubo y por sus interpretaciones. Y gracias al público que vino a vernos, aguantando de pie y con frío. Menos mal que luego estaban invitados a una sopa de ajo y unas galletas en forma de corazón.

Y aquí acaba la crónica de mi primer trabajo remunerado como actriz, y con el placer añadido de haber conseguido un reto personal: saber que puedo hacer personajes cómicos, algo que dudaba hasta el miércoles pasado.