martes, 27 de noviembre de 2007

Fly me to the moon


A veces la vida que vivimos no es la que soñábamos tener cuando éramos jóvenes: mucho trabajo, poca vida social…demasiada rutina. De lunes a viernes, la jornada es una constante repetición: te levantas, vas a la empresa, metes más horas en ella de las que desearías y por la noche llegas tan cansada que apenas tienes tiempo de cenar, ver algo en la televisión e irte a dormir. La mayoría de los fines de semana estás tan agotada que prefieres descansar y no salir, a pesar de la insistencia de tus amigas casadas para que dejes de ser la solterona del grupo. Sí, a veces la soledad es una losa difícil de sostener, pero tras aguantar varias citas a ciegas y tener que soportar a hombres que te consideran una mujer objeto, decides que es mejor estar sola que mal acompañada. 

Dicen que soy muy exigente. Pero, ¿por qué conformarme con un vino de tetrabrik cuando has saboreado y disfrutado un buen crianza?
Prefiero seguir esperándole. Porque sé que existe, que se encuentra en alguna parte y que cualquier día se presentará, cuando no le esté buscando, como hizo aquel noviembre en la ciudad de las luces y las sombras.

Mientras tanto, le tengo siempre que le deseo. En sueños, pero ¿quién ha dicho que el mundo es perfecto?. Aquella noche sí lo fue. Perfecta, difícil de superar por nada ni por nadie…


Era jueves y estaba sola en una ciudad desconocida. Había ido allí por un asunto de negocios. Después de haber aguantado cinco horas de una conferencia soporífera y haber mantenido charlas insípidas con varios inversores interesados en mi empresa, lo que menos me apetecía era encerrarme en la habitación de un hotel. Caminaba por las calles casi vacías de aquella ciudad, pensando por qué no tenía el valor de dejar un trabajo que me aburría tanto y no me llenaba en absoluto, cuando escuché el siempre agradable sonido del buen jazz. Por fin un soplo cálido en medio de aquel viento frío otoñal. Me detuve y miré alrededor. La música provenía de un pequeño bajo que estaba a mi izquierda. Me fui acercando, no sin el cierto temor que dan los lugares que no conoces. Ni una ventana por la que asomarse al interior, la puerta cerrada y sin ningún cartel fuera que diera información del tipo de local que era. La única opción para descubrirlo era entrar dentro. Mi primer pensamiento fue que si me pasaba algo, nadie sabría donde encontrarme. Sin embargo, la curiosidad pudo más que el miedo a lo que pudiera suceder. Cuando finalmente respiré hondo y abrí aquella pesada puerta, no pude evitar un gesto de sorpresa. Es difícil de explicar, sobretodo para alguien que sacaba aprobados justos en las redacciones del colegio. Siempre he sido más de números que de letras. Y es una pena, porque con lo que viví aquella noche podría escribir perfectamente una novela. ¿Cómo describir lo que viví y sentí? Parecía que hu
biera hecho un viaje a través del tiempo: estaba en plenos años cincuenta o sesenta, no sabría decirlo con exactitud. Si en ese momento hubiera aparecido Humphrey Bogart, no sería él precisamente el que estuviera fuera de lugar. Un ambiente cargado de humo, repleto de gente y músicos tocando en directo el mejor jazz que había escuchado nunca. No me sentía violenta ni incómoda, más bien todo lo contrario. Las personas con las que me cruzaba, me sonreían y me daban una cálida bienvenida. Hacia tiempo que no me encontraba tan a gusto en un bar. Sola y a la vez rodeada de gente que me saludaba como si fuera una clienta habitual. El camarero me sirvió un whisky con hielo. Estaba invitada. Ni siquiera me molesté en preguntar quien podía invitarme a mi bebida preferida.
Simplemente le agradecí a él la invitación y busqué un sitio cómodo y algo escondido donde poder disfrutar de un momento tan extraño y reconfortante a la vez. Saboreé el mejor whisky que había tomado jamás y empecé a moverme al ritmo de la música. Encendí un cigarrillo y comencé a mirar a mi alrededor, intentando averiguar el nombre de aquel local, para recomendarlo a mis conocidos amantes del blues y del jazz. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, que me sorprendió que mis ojos se encontraran con otros que me estaban observando detenidamente. En una esquina de la barra, ese hombre más que mirarme, parecía que estuviera estudiándome. Desvié mi mirada, pero en cuestión de segundos, no pude evitar volverla hacia él de nuevo. Era un hombre que si no había pasado los cuarenta años, estaba a punto de hacerlo. Llevaba un traje gris oscuro, con el pelo castaño claro, algo canoso, peinado hacia atrás. Sus ojos eran azules o verdes. No podía distinguirlos bien entre la densa cortina de humo que se interponía entre los dos. Tenía esa elegancia que no se consigue por mucho que lo intentes: se nace o no se nace. Sus manos acariciaban su vaso de whisky y me sonreía. En otra circunstancia, en cualquier otro lugar, mi reacción habría sido ignorarle, mirar hacia otro lado, hasta irme…pero me sentía paralizada, incapaz de dejar de mirarle y sonreír. No sabía que me ocurría ni quería pensarlo. No sé cuantos minutos pasamos así, o si pudieron pasar horas. Para mí, el tiempo se había detenido desde que había entrado por aquella puerta. Estábamos alejados, separados por varios metros, pero nunca me había sentido tan cercana a nadie como a él. De hecho, se podía decir que era una conversación donde no hacían falta palabras, porque con las miradas nos lo estábamos diciendo todo. Esa conversación fue interrumpida por una mujer que vino a pedirme fuego y se puso en medio de los dos. Cuando volví a guardar el mechero, miré hacia la barra pero él ya no estaba. Le busqué, primero desde donde me encontraba, después recorriendo el bar. Era inútil: había desaparecido. Volví a la realidad. El concierto había terminado y sonaba un viejo tocadiscos. Algo abatida, estaba a punto de pedir otro whisky, cuando escuché las primeras notas de la canción que más necesitaba en ese momento: «Fly me to the moon» en la voz del insustituible Frank Sinatra. Alguien acarició mi brazo y fue bajando lentamente hasta que me cogió la mano. Me volví y me encontré con mi hombre misterioso. Me sonrió y me besó la mano dulcemente. Se acercó y me susurró al oído con una voz grave: «¿puedo pedirte que me agradezcas la invitación de antes con un baile?». Yo apenas pude responder. Me dejé llevar por la música y por él hasta el centro de la pista. Me apretó fuertemente contra su pecho y yo más que bailar, estaba flotando. Pude comprobar que sus ojos eran de un verde intenso, antes de que pegara su mejilla contra la mía y me cantara suavemente al oído. No habría consentido a ningún otro que tapara con su voz a La Voz, a Sinatra. Pero estaba segura de que había perdido toda resistencia con aquel hombre desconocido que me había llevado volando hasta la luna. Así que cuando, con las últimas notas, me acarició el cuello y me besó, no pude hacer otra cosa que seguir dejándome llevar por él. Nunca me han besado ni seguramente me besarán como lo hicieron aquellos labios dulces y suaves. 

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté sola en la habitación de mi hotel: ni una nota ni ningún rastro de él. Me vestí y me puse a buscar el local de la noche anterior. Pero por muchas vueltas que di a la ciudad y a sus calles, no lo encontré.

Cuando regresé a casa, se lo conté a mis amigos, pero nadie me creyó. Era algo difícil de explicar y mucho más difícil de entender. Pensaron que todo era fruto de mi imaginación. Sin embargo, yo sé que fue algo real, que no lo soñé.

Y si al final fue todo un sueño, yo no pedí despertarme de él.

Por eso cada noche me acuesto con la esperanza de cerrar los ojos y volver a aquel lugar y a sus brazos…




13 comentarios:

  1. Preciosa canción, me encanta tocarla, cantarla y escucharla.

    Besos!!!

    ResponderEliminar
  2. ainssssssssssssss ME ENCANTA!! madre mia madre miaaaaaaaaaaa... no diré más cosas sobre ella y sobre Sinatra es mi todo!! ainssssssss

    deseando leer la historia, que más pedir que vaya a existir una historia sobre esta canción venida de ti, ains q ganas!!

    saludineeeeeeeeeees

    ResponderEliminar
  3. ale q ya te firmao un par de entradas pasadas

    MUAAÑAÑA

    ResponderEliminar
  4. ¡Es genial! La canción, la historia, Sinatra, tú...
    Sigue así. Gracias.
    ¡Besitosss!

    ResponderEliminar
  5. La història aquesta m'ha agradat realment, el final et fa canviar la concepció que tenies fins llavors i que em trenquin els esquemes en aquestes coses m'agrada força, jeje.
    Al principi creia que eres tu la de la història però conforme avança ja he vist que no, sobretot quan has dit 'jo sóc més de números que de lletres', perquè crec que és al revés... Si m'equivoco, no m'ho tinguis en compte, jeje...

    ResponderEliminar
  6. Hola Maika!!

    Es curioso esto de las canciones y la música en general. Si estas mal te ayudan a desahogarte o te pueden hacer levitar hasta encontrarte bien otra vez. Si estas bien, te ayudan a seguir bien.

    A tí las canciones te hacen contar historias, a mí las canciones me hacen dibujar.

    Un abrazo y a seguir contando cosas!!!

    ResponderEliminar
  7. Me ha gustado mucho la historia. Aunque no le vuelva a encontrar nunca y no vuelva a sentir un beso igual, habrá merecido la pena...

    besos!

    ResponderEliminar
  8. Tremenda historia. La verdad que no sé porquè me sorprendo. Muy buena redacción. Me quito el sombrero.


    Y bueno, la canción muy buena tb! Para qué negarlo!

    ResponderEliminar
  9. ¡¡Hola a los siete!!

    Ana: te contesto los dos comentarios. Yo sólo la escucho y la "mal canto". Una cosa más que te pido: quiero oírtela tocar y cantar.;)
    Me alegro de que te haya gustado mucho la historia.
    "Aunque no le vuelva a encontrar nunca y no vuelva a sentir un beso igual, habrá merecido la pena..."
    Totalmente de acuerdo. Aunque duela que sólo sea una noche, sobretodo al principio, es bueno por lo menos pensar que durante unas horas lo viviste.;)

    Esther: que emoción. Espero que cuando leas la historia, sientas lo mismo.XD

    Ethan: sí, sí, te has portado bien. Ahora tendrás que "volver" y leer la historia.Es lo que pasa cuando subes una entrada anunciando algo antes de tiempo. Tengo tan buenos "comentaristas" que me dan arrumacos por adelantado.;)

    Ana: va, tonta, va.Ja,ja,ja.
    Gracias a ti.;)

    Sergi: ay, ay, ay. ¿Cuántas veces tendré que repetir que las historias que escribo son inventadas?. Sí, menos mal que puse lo de que era más de números que de letras.;P
    Con todo, me quedo con que en cierta forma, te he sorprendido.;)

    Clara: hola, hola, hola.Que bien tenerte por aquí de nuevo.;)
    ¡¡Quiero ver tus dibujos!!.
    La música es una de las principales fuentes de inspiración, por lo menos para mí.
    Seguiré contando cosas y escribiendo historias, por supuesto.;)

    Sandrita: gracias, gracias, gracias. "Of course", la canción es mucho mejor que mi historia.;)

    ¡¡Besazos a los siete!!

    Disfruto con todos los arrumacos de todas las entradas, pero ya sabéis que los que más agradezco son los de mis historias.;)

    ResponderEliminar
  10. joe ... te e firmao hablando de esta historia en la otra entrada que has echo, que antes no me salia lo de comentar... juuuu
    pero bueno aprovecho para decirte aqui que me encanta esata cancion de sinatra... tanto como si la canta Sinatra, como si la canta Michael Buble, o como si la canta Edu en su personaje de miguel chicle(gran momento donde los haya)

    bess

    ResponderEliminar
  11. Pati: ya me he quedado yo extrañada con el tema de los comentarios.
    ¡¡Complot!!.Ja,ja,ja.
    Genial canción, sí señor. Por desgracia, yo no consigo encontrar la versión de Michael Bubblé, pero la de Miguel Chiclé...que momentos de luna buenafuentera. Que buenos recuerdos.^^
    ¡¡Muchos besucos guapa!!

    ResponderEliminar
  12. Sinatra es uno de los grandes, pero tú también

    MUAAÑAÑA

    ResponderEliminar
  13. ¡¡Hola Rober!!
    Tú sí que eres grande.
    Yo me siento tan pequeña...que te voy a contar...
    ¡¡Besazos guapo!!

    ResponderEliminar