martes, 18 de diciembre de 2007

Dedicatoria maldita

La historia capturada, la continuación de la anterior, se está resistiendo. La falta de tiempo es la culpable de que no la termine, de que no ponga la guinda deseada al pastel.
Mientras tanto, un mini relato. Se me ocurrió al releer uno de los libros que tengo dedicados.
Este relato se lo dedico a todos aquellos que cuando me he acercado para que me firmaran sus libros, han empleado más de cinco minutos de su tiempo para hacerme una dedicatoria más personal, más original. Gracias.

En múltiples ocasiones, la cabeza se nos llena de por qués. ¿Por qué la vida es así?, ¿por qué el amor es tan irracional?; ¿por qué nos enamoramos de quien no nos corresponde?; ¿por qué es tan difícil corresponder al que nos ama?; ¿por qué no podemos mandar sobre nuestro corazón y ordenarle a nuestro antojo que ame a quién se lo merece y no a quien nos hace daño?; ¿por qué no existe un mando interno con el que manejar lo que sentimos, lo que pensamos?; ¿por qué si me cuesta tanto enamorarme, tuve que elegirle a él y no a otro?; ¿por qué es tan complicado demostrar cuando es algo más que una mera atracción física?; ¿por qué cuesta entender que ames con tanta fuerza a alguien que apenas conoces?...
Muchas noches mi cabeza se llenaba de preguntas, de por qués. Daba vueltas en mi cama y no conseguía conciliar el sueño. Entonces me levantaba, me acercaba a la estantería y cogía su libro; lo abrazaba como quería abrazarlo a él y le abría, releyendo por milésima vez su dedicatoria: “a veces, el silencio dice más que las palabras.”
Cuando aquella noche me acerqué tímidamente con su libro para que me lo firmara, esperaba el clásico: “para…con cariño”, “gracias por comprar mi libro”, “espero que te haya gustado”, etc…
Sin embargo, sí me dio las gracias, pero se sentó tranquilamente y se puso a dibujar en él, mientras me comentaba que tenía el proyecto de un nuevo libro.
Charlamos, reímos y terminó la dedicatoria escribiendo la frase maldita.
Quizás fueron los nervios, quizás una extraña tontería de educación y respeto, quizás las prisas a la hora de despedirnos…el caso es que no leí su dedicatoria hasta que estuve en el coche, rumbo a casa cuando él ya se había marchado.
Entonces se volvían a amontonar las dudas, las preguntas sin respuesta: los por qué.
¿Por qué me hizo esa dedicatoria?, ¿por qué tuve la sensación de que se quedó con ganas de decirme algo?, ¿por qué yo también me quedé con ganas de decirle tantas cosas?, ¿por qué me le quedé mirando, sin abrir la boca, esperando que él leyera mi mente a través de mis ojos?, ¿por qué no leí su dedicatoria delante de él y le pedí una explicación en ese momento, para así no tener tantos por qués sin “porqués”?, ¿por qué nos complicamos tanto la existencia llenándonos de preguntas que pueden tener respuestas sencillas?.
Todos estos “por qués” estaban en mi cabeza y a veces me impedían dormir, robándole las horas a la madrugada, para acabar sin ninguna respuesta, porque el único que me las podía responder era él.
Cuando resignada, volvía a dejar el libro en la estantería y me metía nuevamente en la cabeza, sola, abrazada a la almohada, cerraba los ojos con los últimos por qué de la noche: ¿por qué nos conocimos aquella noche?, ¿por qué no se limitó a un gracias?, ¿por qué tuve que enamorarme de alguien tan inaccesible?.
Y era duro y triste saber que hasta que no se contestarán todas esas preguntas, no podría cerrar esa historia y seguir con mi vida dejando el pasado totalmente atrás.
Solía poner siempre el mismo ejemplo: era como si te enseñaran lo feliz que puedes llegar a ser, que estuvieras a un paso de entrar en tu paraíso personal…y cuando estuvieras a punto de hacerlo, te cerrarán las puertas en tus narices y te dijeran “tienes que esperar tu turno.”
Fueron meses sin saber de él. Había desaparecido totalmente de mi vida y parecía que también del mundo.
No había ninguna manera de ponerme en contacto con él, ni siquiera en la distancia. La nuestra era una historia de desencuentros, de desacuerdos, de un quiero y no puedo, de silencios, de palabras que no querían salir cuando hacían falta. Hubo muchas miradas, eso sí. Todas decían algo.
Estaban las del principio: eran miradas de deseo, de empatía, de interés.
Por desgracia, el recuerdo de estas miradas no podían borrarme las de la última noche que nos vimos. Es difícil de explicar como notas que el corazón se ha agrietado completamente cuando sus ojos se clavan en ti llenos de desprecio, de ira, hasta de asco…sin haber hecho tú nada para provocarlo.
En un mes pueden cambiar muchas cosas. Sin embargo, ¿cómo puede alguien pasar de un extremo a otro de los sentimientos cuando tú estás segura de que no has hecho nada para provocar sus puñaladas dolorosas?. Tenía la intención de hacerme daño, de que me quedara claro que no tenía ni ganas de saludarme; y sin embargo, yo me seguía aferrando al recuerdo de las otras miradas, de sus sonrisas…y de aquella dedicatoria maldita. Y tenía claro que llegaría el momento de reencontrarnos, de aclarar las cosas, de concluir la historia inacabada.
La casualidad, la suerte que tantas veces había jugado a mi favor, hizo que visitara una ciudad y una librería, donde él estaba firmando su nuevo libro.
Tenía la oportunidad de encontrar respuestas, sino a todas, a muchas.
Durante dos horas estuve fuera de esa librería intentando reunir todo el valor que no había tenido en nuestros anteriores encuentros.
El recuerdo de la última noche en la que habíamos coincidido me llenaba de miedo. ¿Cómo reaccionaría al verme?, ¿cómo serían sus miradas?, ¿sentiría algo aún por mí?, ¿valía la pena el haberle esperado, haberle seguido amando a pesar de tantas preguntas sin respuesta?.
Finalmente, abrí la puerta y entré.
Me sentí tan estúpida y tan patética…
Supe lo que significaba querer desaparecer del mundo, de mi vida, de mi pasado, presente y futuro.
De repente, tantos por qués obtuvieron su respuesta, aunque no fuera la deseada.
Ante mí, un gran cartel promocionaba su nuevo libro: “A veces, el silencio dice más que las palabras.”
No podía creerlo. Cogí uno de aquellos libros y me quedé mirando la portada: debajo del título, un dibujo que si no era el mismo, era muy parecido al que me había dibujado aquella noche.
Cuando avergonzada, intenté escabullirme de aquel lugar sin que nadie me viera, terminé de comprobar lo absurdas que habían sido todas mis preguntas, lo absurdo que había sido mi amor, lo absurda que era mi vida.
Me di de bruces contra él. Su nuevo libro cuyo título había sido causante de tantas noches de insomnio, se cayó de mis manos. Él lo recogió y nos miramos. Y se hizo realidad una de mis peores pesadillas.
“Gracias por comprar mi libro. ¿Quieres que te lo firme?. Tu cara me suena, pero no te recuerdo bien. ¿Nos conocemos?.”
¿Qué que hice yo?. A esto tengo también respuesta. Negué con la cabeza, pagué el libro, me lo firmó y salí lo más rápido que pude de aquel sitio, intentando que no se me derramara ninguna lágrima delante de él. Tiré su libro en la primera papelera que encontré. Esta vez preferí no leer su dedicatoria. Ya había perdido demasiadas horas, demasiados meses con la primera.

5 comentarios:

  1. ay Dios!! nunca escribirás un final bonito...
    Me ha gustado, sobre todo el final......me has dejado muy mal...pobre chica, joe.
    A veces te enamoras de quien no debes, pero el amor es así, no se busca, sólo se encuentra.

    saludines guapa!

    Y ESCRIBE ALGUN FINAL BONITO!!

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  2. Exacto, ¿por qué, por qué, POR QUEEEÉ? ...
    Me ha encantado ¡felicidades!
    Besitossssss

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  3. ¡¡Hola a las dos!!

    Esther: es que lo de los finales bonitos...si te refieres a felices, no es mi estilo. ¿Cuántos finales felices te encuentras en esta vida?. Como mucho, como mucho, agridulces...
    Los finales felices comiendo perdices, me parece que se lo dejo a los cuentos de hadas.
    Venga, alguna vez pensaré en hacer un final bonito...;)
    Sí, pobre chica. Pero ya sabes que yo soy de esa opinión: el amor no le eliges, es lo que te toca...

    Ana: ¿por qué?. Porque la vida es así...

    Me alegro que haya gustado, aunque fuera solamente a dos.Ja,ja,ja.
    Con eso me basta.;)
    Gracias por pasar a leerme y a felicitarme.^^

    ¡¡Besazos a las dos!!

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  4. Cuando me he querido dar cuenta me estaba imaginando todo lo que estaba pasando, y eso solo me pasa con las cosas con las que realmente he conectado. Me ha gustado mucho. Pero es verdad...¿Porque el amor es asi? yo tengo la respuesta...porque no existe, el amor, es una utopia, como la paz, el fin del hambre...y esas cosas...cada dia la vida me da la razon!

    besotes guapa

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  5. ¡¡Hola mi Niña María!!
    ¡¡Ay, ay, ay!!. Me alegro de que hayas disfrutado tanto con la historia. Y bueno, el tema del amor ya lo hemos hablado muchas veces.
    El amor existe, sí existe.
    No es perfecto, no es ideal, pero existe.;)
    ¡¡Besos mi niña!!

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