jueves, 18 de diciembre de 2008

Última publicación con la revista Sede


Como todo últimamente, llego tarde con esta entrada.
Hace un tiempo ya que publiqué por última vez con la Revista Sede.
Una experiencia corta pero satisfactoria.
Algunos ¿privilegiados? ya han leído el relato en papel.
Para los demás, aquí la tenéis.
Y por pura aclaración, cualquier parecido con la realidad es coincidencia. Esta historia la escribí hace varios meses, antes de que mi vida diera este giro.
Espero que os guste.

"Vivir, no sobrevivir"
Tengo treinta y tres años y acabo de nacer. ¿Suena extraño, no?.
Quizás tendría que explicarlo mejor. Sé que lo más normal es decir “he vuelto a nacer”…sin embargo, no es que sienta que tenía otra vida antes que esta…
No he pasado por ningún accidente grave ni me han sometido a una operación complicada que me hayan hecho sentir que estaba cercana a la muerte…simplemente es que por primera vez me siento viva y dueña de mí misma. Siento que he despertado de un largo sueño.
Me miro en el espejo y no me reconozco. Quizás mi madre tenga razón cuando dice que estoy desconocida. Y es que no tengo mucho que ver con la hija que ella tuvo. Somos dos extrañas: ella aprendió a sobrevivir…yo prefiero disfrutar de cada minuto que respiro.
Desde que tengo uso de razón, he hecho lo que se suponía que debía hacer, siguiendo las normas de la sociedad. Debía de convertirme en una mujer de provecho. ¿Qué es exactamente una mujer de provecho?. ¿Estudiar una carrera, acabar en un trabajo estable, casarte, tener hijos, tener buena salud, cuidar de las personas, principalmente de la familia?. Mi vida ya estaba planeada antes de que naciera. Y seguí ese plan al pie de la letra, sin torcerme en ningún momento.
Mis padres me enviaron al mejor colegio de la ciudad. No fueron años fáciles. Nunca fui muy inteligente y me costaba sacar buenas notas. Tuve que estudiar muchas horas para lograrlo. Eso incluía no tener tiempo de ir a clases de pintura.
Una lástima, teniendo en cuenta que pintar era lo que mejor se me daba. Me dijeron que tenía cualidades para convertirme en una gran pintora. Se supone que era una niña prodigio en ese campo. Pero eso no era importante para mi educación. Tenía que centrarme en los estudios para llegar a ingresar en la universidad y conseguir una buena carrera. Así que me esforcé al máximo para llegar a tener un buen expediente académico y dejé para más adelante mi pasión por la pintura. Ya habría tiempo…
Pero en la universidad tuve todavía menos horas libres para dedicarlas al ocio y a mi hobby personal, que no era más que dibujar lo poco que veía del mundo exterior. Tras conseguir la licenciatura realicé un máster para llegar a tener un buen empleo. Y lo logré: acabé trabajando con un puesto estable en una de las empresas más importantes de mi provincia. Mis padres estaban orgullosos de mí. Y yo estaba feliz porque los veía a ellos felices.
A los veintisiete años me encontré con un trabajo estable y un pequeño círculo social con el que compartir mi tiempo. Dentro de esos pocos amigos que tenía, casi todos compañeros de la universidad, estaba Juan. Juan era lo que comúnmente se conoce como un buen partido: inteligente, serio, religioso, con una prometedora carrera como funcionario, fiel a las tradiciones, culto…quizás no muy guapo, pero lo suficientemente atractivo; quizás no muy divertido, pero con el suficiente sentido del humor para no ser el más soso de las reuniones. Mi relación con Juan siempre fue fácil, cómoda y sin apenas altibajos. Una noche me invitó a cenar. A la semana siguiente me llevó un ramo de flores a la salida del trabajo y me dijo que quería salir conmigo. Sí, aunque parezca increíble en estos tiempos, me pidió salir. Yo acepté porque no estaba enamorada de él. Puede sonar contradictorio, sin embargo no lo es. Sólo me había enamorado una vez, a los veinte años, y no había sido una experiencia agradable. Salió mal: él no quería sentirse atado por nada ni por nadie. No quería volver a arriesgarme a sufrir tanto y a derramar tantas lágrimas. No podía permitírmelo.
También se llamaba Juan. Es lo único que tenían en común, el nombre. Juan, mi novio, nunca me hizo daño. Tampoco sentía mariposas en el estómago cuando le veía ni temblaba como una hoja cuando me besaba. Tenía claro que no le amaba, que solamente le quería. Pero todo resultaba sencillo a su lado, así que no tuve ninguna duda cuando me pidió que me casara con él. El amor era para las películas, para los soñadores románticos. Yo no tenía tiempo para soñar. Mis padres, por supuesto, se alegraron mucho de la noticia. Todo su plan, mi vida, iba sobre ruedas. La boda no la recuerdo de una manera especial. Sólo un mero trámite con una corta luna de miel, ya que lo primero era el trabajo. Los dos primeros años de matrimonio nos centramos en conseguir mejores puestos en nuestras respectivas empresas. Teníamos que conseguir un buen nivel económico para conseguir la casa de nuestros sueños. ¿Y mi sueño personal de llegar a ser pintora?. Se resumió en pintar las paredes de nuestro hogar…
Así era yo, así era mi vida. Pasaba los días consiguiendo objetivos, principalmente materiales, para lograr llegar a una meta que yo no había fijado.
Una noche, Juan me sentó junto a él en nuestro lujoso sofá y me dijo que había pensado que ya era hora de que fuéramos padres. Me lo explicó todo detalladamente hasta con un “planning” detallado en un folio, con los mejores meses para concebir nuestro hijo. Hasta eso tenía que estar bien planificado. Yo asentí, al igual que asentía a las órdenes de mi jefe…
Fue entonces cuando vi la luz, me desperté…como se prefiera decir.
A la mañana siguiente me encontré tomando una taza de café y pensando en lo que había sido mi existencia hasta entonces. No recordaba ningún momento en que hubiera sido realmente feliz. Sí recordaba momentos en que había hecho felices a los demás: a mis padres, a mi familia, a mis amigos, a Juan…
Habían ido transcurriendo los años sin apenas darme cuenta de ello, haciendo lo que deseaban los otros, lo que debía de hacer para llegar a ser una mujer realizada, independiente, modélica, “miembro ejemplar” de la sociedad.
Con gran esfuerzo, recordé los dos únicos momentos en los que llegué a rozar la felicidad: cuando el profesor de dibujo de mi colegio me dijo que tenía talento al ver uno de mis cuadros realizados…y cuando Juan, el que no era mi marido, me había besado por primera vez. Sin olvidar las horas dichosas que me proporcionaba llenar de colores un lienzo en blanco. Instantes y sensaciones poco apropiadas y nada recomendables, culpables de que pudiera torcerme y perder el “rumbo dictado”.
Había sido una marioneta cuyos hilos habían sido manejados por ellos, los que nunca se habían detenido a preguntarme cuales eran mis sueños, mis deseos, mis ilusiones. Yo me había dejado hacer porque era el camino fácil, un camino de baldosas amarillas construido por otros y que yo debía de seguir sin rechistar. Eso me liberaba de decisiones propias, de riesgos, de dudas, de miedos…
Detestaba mi trabajo aburrido, me acostaba todos los días con un hombre al que no amaba, seguía los mandamientos de mis padres sin rechistar. Y mostraba siempre una sonrisa fingida que ocultaba mis verdaderos sentimientos.
Dicen que todos los nacimientos son traumáticos. Este también lo fue: sentí que me ahogaba, que no tenía aire para respirar y no podía dejar de llorar. Fueron días duros, dolorosos. Abandoné todo: mi trabajo, mi familia, mi marido, mi hogar artificial…
Menos mal que no llueve para siempre. Pronto salió el arco iris, y con él llegó una enorme sensación de libertad.
Cuando cogí el tren rumbo a un lugar que me alejara de todo, siendo la única responsable de mi destino, llevaba una enorme sonrisa en la cara.
Tengo treinta y tres años y acabo de nacer. Desconozco que me deparará el futuro, pero ahora sé lo que quiero y voy a luchar con todas mis fuerzas para conseguirlo.

martes, 2 de septiembre de 2008

Blog, blogger y demás

Como muchos sabréis, el pasado domingo 31 de agosto fue "El Día del Blog".
En varios sitios de internet se estuvo "celebrando" dicho día, cuestionando y opinando sobre lo que era o no era un blog, sobre quien puede ser considerado como blogger y quien no, como tiene que ser un buen blog, como tiene que ser un buen blogger, el contenido, el "continente", los temas importantes, los menos, los lectores, los comentarios, etc...
Todas estas lecturas (sin participación) me hicieron pensar...y eso es raro en mí. ¿O no?.
¿Esto es un blog?, ¿yo soy una blogger?, ¿mi blog es bueno o malo?, ¿mi contenido gusta o no?, ¿mi diseño deja mucho que desear o no?, ¿tengo pocos lectores o los suficientes?...
Y llegué a una única conclusión: me da igual.
Estoy cansada de que la gente ponga etiquetas a todo y decida lo que es bueno o lo que es malo, lo que vale o no vale.
Estoy harta de que intenten definir mi blog y ponerle defectos. Y sí, soy consciente de que una vez que te "muestras" en la red, tienes que tragar con lo bueno y con lo malo.
Más de una vez me han dicho que mi blog no es "definible", que toco "varios palos". Algo que debe de ser un error o un problema. Parece que los blogs "temáticos" tienen más nivel y prestigio que los que hablan de temas variados.
Sé que mi blog puede considerarse un caos: un día publico un relato; otro día mis inquietudes y mis pensamientos sobre el "arte de escribir"; al siguiente hablo de teatro, cortometrajes y otros "sueños ajenos" con los que disfruto; y lo peor...a veces tengo la osadía de exponer mis opiniones y (¡oh, Dios Mío!) contar alguna experiencia personal.
¿Conclusión?. Mi blog no sólo no es temático, sino que además...¡es un blog personal!. Lease:un diario para los que intentan menospreciarlo. Eso se supone que es un insulto: "es que tu blog es personal. El mío sin embargo es temático (cine, televisión, tecnología, informática, música) y por lo tanto es mucho más "cool" y más profesional." O sea...el blog no personal pero sí temático es superdivino de la muerte, lo más de lo más.
Pues mis más sinceras disculpas a todos los que se ofenden con mi blog o no lo ven suficientemente digno para sus extraordinarios ojos y su estupenda mente.
Lo siento, pero no estoy dispuesta a abrir varios blogs: uno para los relatos, otro para el teatro (por dentro y por fuera), otro para mis opiniones, otro para mis "críticas", etc...
Y puedo asegurar que mi blog no es un diario. Escribo diarios "en papel" desde niña y para mí que no, que no se parecen en nada...
Hace poco me dijeron: "es que tu blog no encaja porque habla de tus cosas personales, tus vivencias". ¿?. ¿Mande?. ¡Claro!. Es mi blog, no el del vecino de arriba (otro ejemplo de que esto no es un diario: no tengo vecinos arriba).
Y ahora que nadie se entera, voy a confesar un secreto: en ocasiones veo muertos...no, eso no era...en ocasiones (la mayoría) meto ficción también en lo que se supone que es una "entrada personal". En resumen: que quien quiera saber de mi vida, algo se enterara leyendo este blog, pero no mucho. Algunos de mis gustos, algunos de mis sueños, algunas opiniones, algún relato de los que escribo (no todos los subo aquí)...eso sí. Mi vida, mi día a día...de eso poco y al revés.
Bueno, voy a ir terminando esta entrada, que si yo me estoy cansando de escribirla, no digo los pobres que os esté tocando leerla.
En resumen: no sé si esto es un blog, si yo soy una blogger, si es bueno o malo, si le falla el contenido o el continente, si interesa o no, etc.
Sólo sé que me gusta escribir aquí. Que septiembre me ha traído suficiente energía y actualizaré más a menudo. Que tengo varias ideas, nuevas secciones y ningún pelo en la lengua. Que lo siento, pero voy a seguir hablando de experiencias personales, sobretodo ahora que se acerca un futuro lleno de cambios.
Los que estéis a gusto visitando este rincón, bienvenidos.
Los demás lo tenéis fácil: cerrad la ventana y no volváis. Es lo que yo hago como lectora cuando no me gusta un blog.

domingo, 6 de julio de 2008

¿Qué me pasa doctor?

El otro día fui a consulta, a ver si encontraba solución a lo que me ocurría.
Me senté visiblemente preocupada y entristecida y comenzé a explicarle:
"No sé que me pasa doctor, vengo aquí desesperada buscando respuestas. Hace varias semanas que no me apetece actualizar el blog. Tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerlo. De mi fotolog ni hablamos. Pero no solamente es que me desentienda de mi rincón. Ni siquiera leo mis blogs favoritos que antes revisaba diariamente. Ni contesto mis comentarios hasta después de varios días. Y no es que no tenga cosas que contar, ni ideas que escribir. Simplemente se me pasa el tiempo mirando al vacío y sólo poner mis dedos sobre el teclado me produce cansancio...
Para otros puede que esto no sea un problema. De hecho algunos me dicen que me viene bien desconectar de vez en cuando. Tampoco es que esté mal. Últimamente tengo muchos más motivos para sonreír que para lo contrario. Me han definido mi dolencia de varias maneras: vagancia, depresión, astenia...yo prefiero definirlo como desidia. Desidia. Suena a canción de bolero, o de tango. Sí, mejor de tango: tengo desidia en mi vida. Bonito título. Que más da que su significado no tenga mucho que ver con la realidad en sí...las demás definiciones tampoco me parecen acertadas...bueno, y aparte de todo esto, me duele algo la cabeza. ¿Me puede decir qué me pasa, doctor?."
El doctor me miró con una cara que no sabría explicar, entre confundido, enfadado y apenado.
"Maika, dos cosas. La primera, lo tuyo creo que no tiene remedio. Y si lo tuviera, yo no puedo hacer mucho por arreglarte la cabeza...quizás un lavado de cerebro. La segunda: ¡¡no soy doctor, soy pediatra; ya no eres una niña, madura de una vez!!.
Me marché con lágrimas de los ojos y una piruleta en la boca. ¡Tampoco es para ponerse así, un error lo tiene cualquiera!. Me abrigué e intenté cubrirme de la lluvia (¿de verdad que estamos en verano?).
Total, que lo único que he sacado en claro es que voy a actualizar más a menudo, a recuperar mis lecturas favoritas de blogs y a poner al día mi fotolog para conseguir estar mejor y que se me pase el dolor de cabeza...
Porque digan lo que digan, si no escribo, si no leo, mi vida no es mi vida...

miércoles, 11 de junio de 2008

Ha sido un placer

"Ha sido un placer"
Mikel Urmeneta

Fuente: Captura


La verdad es que no me puedo quejar. Hasta hoy he vivido como he querido…hasta los últimos instantes.
Echando la vista atrás, me doy cuenta de que siempre he hecho y he dicho lo que me ha venido en gana, salvo pequeñas cosas sin importancia.
He llevado la vida que he deseado sin hacer daño a terceras personas.
Por lo menos eso es lo que creo. De estar equivocado, seguro que ahora tendría a más de uno empujándome por si me arrepiento en el último segundo (las personas heridas son muy rencorosas). Aunque eso sería difícil, por no decir imposible. Soy de los que me gusta terminar todo lo que empiezo.
Esto no es una nota de despedida ni nada parecido. Hasta dudo que alguien la lea. Hace meses que soy el único que visita esta azotea. Una lástima, tiene unas vistas increíbles.
Así es la gente. Pocos sabemos disfrutar de los placeres que tenemos al alcance de la mano. La mayoría piensa que el mundo es más grande y maravilloso desde el Empire State. Pensándolo bien, lo que voy a hacer quedaría más cinematográfico en ese edificio y daría más color en la nota de prensa.
Hablando de notas…
Antes he dicho una pequeña mentira. Realmente quiero que lean esto cuando me haya ido. Sobretodo porque me encanta decir la última palabra.
Y luego detestaría que otros se echaran la culpa de una decisión que es mía y sólo mía.
Y por qué no, también detestaría que otros se llevaran los aplausos de lo que llamo mi última gran obra. Imaginación y creatividad me sobra para esto y más.
¡Joder con la brisa primaveral!. Como no haga esto pronto me voy a morir, sí, pero congelado. Eso no lo había pensado. Sería una solución igual de efectiva y menos escandalosa. Claro que si tardan en aparecer por esta azotea, más tarda en abrirse mi congelador. Es que no me gusta hacer esperar. Y menos semanas…o meses. Y si añado mi claustrofobia, seguro que me encontrarían con una espantosa mueca de pánico en la cara. No quiero asustar al próximo amigo que venga a gorronearme, es decir, a visitarme.
La brisa se está convirtiendo en un viento que tira de espaldas. Eso iría contra mis planes.
El caso es que tengo que pensar en un buen título para mi creación póstuma.
Un alivio saber que María nunca me falla. Para inspirarme apuraré lo que me queda de mi mejor cosecha, reservada para ocasiones especiales…lo dicho, no saben lo que se pierden por no subir a esta azotea.
¡Esto sí que es vida!. Unos porros, unas cervezas…y los buenos recuerdos de mi última noche aquí. Esas mujeres sí que saben llevarte a la gloria.
No me hace falta saber si hay algo después de la muerte. Total, ya me he encargado de tener en mi vida el cielo…y el infierno, donde estoy convencido que te lo pasas mejor y hace más calor. Eso me recuerda que tenía que haberme puesto una sudadera. ¡Pero no, eso destrozaría la composición!.
A todo esto, estoy terminando esta carta y mi existencia y todavía no he dicho por qué lo hago. ¿Acaso para todo tiene que haber una razón, una causa?. ¿Por qué tengo que justificarme?. Bueno, diré algo: ¡porque me sale de los cojones!. Lo puedo decir más alto, pero no más claro. Me muero (no, aún no) de risa sólo de pensar lo que dirán: "el genial artista español se mató en Nueva York porque le salía de los cojones".
No, la verdad es que simplemente tenía claro que quería saber la fecha y hora exacta de mi muerte. Nada de eso de que llegara cuando menos lo esperara o cuando no tuviera voz ni voto.
Y pensar que hasta hace unas horas tenía vértigo…sorpresas que da la vida, hasta en el último momento.
Y hablando de pensar…ya he decidido que título poner a mi última locura. De hecho, voy a matar dos pájaros de un tiro. Quiero que también sea mi epitafio.
“Ha sido un placer”. Me gusta. Además, ya no puedo cambiar de idea.
Una última cosa: ¡no me cogeréis vivo!. Siempre quise decir esta frase...

Octava historia capturada

Pues sí, pues sí. Una buena noticia y una mala. La buena noticia: hoy cuando se cumple un año de la creación de "Historias capturadas" publico la octava historia capturada. La mala noticia: no he cumplido mi reto personal (¡qué sorpresa!). Pero tengo una buena excusa: por culpa de la huelga de transporte ha llegado con retraso mi inspiración. Ja,ja,ja. ¡Qué chispa tengo!.
Tenía pensada otra historia como octava, pero se ha adelantado esta por la derecha y sin avisar.
Ya le tocaba una historia al loco de Mikel Urmeneta. Y sorprendentemente no es erótica- festiva (como la mayoría de sus divertidas fotos). Ooooohh.
He elegido esta porque me encantó cuando la subió. Era de la sección "Todos al día" de Captura y con la frase "Ha sido un placer". Y sí, soy así de malpensada. Me dije: "hoy el Mikel se va a desfasar con el placer carnal". Pero me sorprendió y me pareció original su foto (al margen de las magníficas vistas de New York). Me reí y no porque me gustaría que Mikel cumpliera su "amenaza" fotográfica.
Como siempre, es un relato de ficción, así que no saquéis doble lectura: ni yo soy la protagonista ni tampoco Mikel Urmeneta, al que deseo que dure muchos años, así como Kukusumusu (mis besos de pulga preferidos). Pero es que la trama argumental estaba clara.
Decir como apuntes anecdóticos, que esta historia ha sido escrita en mi rincón preferido de Cantabria (véase cabecera del blog), aunque con más ropa; que con ella he "terminado" con mi vieja libreta otoñal...y que mientras la escribía me ha cagado en mi mano derecha una cagada de una gaviota. Quizás era un mensaje divino de que esta historia es una mierda. Menos mal que cada día tengo más claro que Dios no existe...así que he ignorado la señal.
Así que, sin más dilación...tendréis que esperar un poco a que la publique. También para esto tengo una explicación: la historia llega en un camión, y está esperando a que los piquetes se vayan a casa a dormir. ¡¡Otra vez la chispa!!. ¡¡Si es que tengo una gracia que no se puede aguantar!!.
No, es que la tengo que pasar al ordenador. ¡¡Tranquilos, no entréis en estado de pánico e impaciencia!!. Lo ¿bueno? se hace esperar.

lunes, 9 de junio de 2008

¿Muchas gracias?

Mientras sigo intentando superar mi reto personal, hoy por la tarde me ha pasado algo curioso.
Y es que un Ole por España y los españoles, y nuestra costumbre de insultar, particularmente como conductores.
Os pongo en antecedentes. Tenía una entrevista de trabajo en un centro comercial (alguna vez tengo que hablar sobre las entrevistas de trabajo, que hay mucho que destripar de este tema). Llegué al parking y aparqué, muy justa al lado de un coche a mi derecha (yo no tengo la culpa de que los aparcamientos sean estrechos).
Cuando volví de la entrevista, vi que había un papel en mi parabrisas. Lo primero que pensé fue que iba a tener un regalito en la carrocería de mi coche y que habían tenido el detalle de dejar los datos para el seguro. ¡Pero no!. Era un mensaje "cariñoso" del conductor que había estado aparcado a mi derecha.
Y presumo que mi lectura del mensaje no provocó el efecto deseado por el remitente.
Que se le va a hacer, hoy me tocaba estar de buen humor y un papel escrito por un/a desconocido/a no me iba a amargar el día. Así que me reí, fui a tirarlo, pero me dije: "esto merece una entrada en el blog".
En la foto no se distingue bien, así que transcribo aquí el mensaje literalmente (comillas y subrayado incluidos):

La proxima aparca mejor y deja libre la puerta del conductor.
"Hijo de puta"
Muchas Gracias


¡Craso error!. No se puede dejar esta nota a una "purista lingüística" como yo.:P
¡Así somos los españoles!. ¡Qué se note la vena ibérica!.
Este/a desconocido/a se cabreó y como no podía tener el gustazo de insultarme personalmente porque no estaba, se molestó en sacar papel y bolígrafo (azul, para más señas) y dedicó su preciado tiempo a dedicarme unas palabras. ¡Qué clase!.
Pero analizemos el texto. Algo fácil: el remitente no tendría mi problema con las tildes. No las usa. ¿Proxima sin tilde?. ¡Por favor!. Poner una tilde te lleva menos de un segundo y no quedas mal.
Léxicamente hablando, pienso que quedaría mucho mejor decir la próxima vez, porque sino queda algo...indefinido, inexacto. ¿La próxima qué?. ¿La próxima década, la próxima legislatura, la próxima en el sentido de cercana?. ¿La "cercana" aparca mejor que yo?. No sé...
Vayamos a la segunda parte de la frase: "deja libre la puerta del conductor". Vamos a ver, vamos a ver. La puerta yo la dejé libre, que yo sepa no estaba ocupada por nada ni por nadie. Si ya me pongo "estupenda" diría que su coche estaba pisando la línea de separación. Un consejo gratuito: en estos casos, siempre es mejor pegarse a la columna, a tu derecha, que allí no va a aparcar ningún otro coche que ocupe tu "espacio vital".
Sigamos leyendo. Así, como está, entre comillas. Señor/a remitente. Hay muchos insultos, el vocabulario español es rico en este ámbito. ¿Qué culpa tiene mi madre, que es una santa y no tiene ni carnet de conducir?. Y repito, ya que te tomas la molestia de escribirme, fíjate un poco en el interior de mi coche. Es fácil descubrir que te estás dirigiendo a una mujer. Porque además, primero me había puesto "hijo de puto" y lo rectificó escribiendo encima de la "o" una "a". Si me insultas, o lo haces bien, o mejor te guardas el papel y el bolígrafo para transmitir buenos deseos y mensajes cariñosos a personas conocidas y queridas.¡Para todo hay que valer en esta vida!.
Sin embargo, lo que más me ha llegado, ha sido el final. Muchas Gracias. Así, en mayúscula y subrayado. Ahí ya me ha matado. ¿Muchas gracias por qué exactamente?. ¿Por haber aparcado muy pegada a su coche y así ser la causante de que libere toda la mala leche que llevaba guardando desde que se levantó esa mañana?. ¿Porqué hacía mucho que no escribía a mano y le ha hecho ilusión?. ¿Por qué ya sabía de antemano que iba a leerla y quiere agradecerme que gaste unos minutos con su cabreo?. ¿Por ser "un hijo de puta"?.
Sinceramente a ti, muchas gracias, por limitarte a dejarme una nota y no un rayón o más de uno en la puerta, algo que es común cuando aparcas en un centro comercial.
Esta nota, aunque parezca que no, ha conseguido que mis neuronas se ejerciten.
Y podía ir más allá, estudiar la caligrafía y analizar mejor el mensaje para saber si ha sido escrito por un hombre o una mujer. Yo apostaría por una mujer. Pero no lo puedo asegurar.
Lo que quizás podría asegurar es que es seguidor/a de La Hora Chanante. Sólo así puedo sacar una explicación coherente a la unión de "Hijo de puta" y Muchas Gracias. Y es que todos los "chanantes" conocemos esta gran canción de Marlo.



Desconocido/a, gracias por aumentar mi humor hoy, recordarme esta genial canción y "provocar" esta entrada.

lunes, 19 de mayo de 2008

Vivir sin tildes

Hace varios dias que no actualizo. Hace varios dias que no escribo mucho.
Parte es porque no tengo tiempo, parte es porque tengo la cabeza en otra parte...pero la principal razon es que no tengo tildes. Si, como se lee, no tengo tildes.
A algunos les falta un tornillo, a otros una granizada...a mi me faltan tildes.
Me gustaria que fuera un post divertido, una broma. Sin embargo, es la cruda realidad.
Lo peor es que no se como solucionarlo. Al principio pense que era un virus que se habia instalado en mi ordenador. Me he dedicado todo el fin de semana a eliminarlo, pero mi antivirus es claro: "No virus detected."
Bien, entonces...¿alguien me puede decir por que no puedo escribir con tildes en ningun rincon de mi ordenador?. Ni en word, ni en wordpad, ni en ningun blog, ni en Twitter, ni en Tuenti, etc...
¡¡No puedo con ello!!. Es superior a mi. Ofende a mi vista escribir con tantas faltas de ortografia.
Podia utilizar lo de "comprobar ortografia", pero prefiero dejarlo asi, para que veais lo que es vivir sin tildes, lo ofensivo que es para la vista.
Es mas, no puedo seguir escribiendo. No puedo.
Siempre quedara la foto, que aunque no tiene que ver con el post, esta tan bien, sin faltas de ortografia...y esos troncos recordandome la forma de las tildes, las tildes que no puedo poner.
Rober, se que te debo una entrada...¿pero de verdad quieres ver una entrada dedicada a ti sin tildes?.
Es superior a mi...¡quiero mis tildes de vuelta ya!

martes, 13 de mayo de 2008

Mi rincón soñado

"Rincón telemático"
Edu Soto
Fuente: Captura

El otro lado hablando con un amigo, me preguntó como me gustaría que fuera mi vida, mi futuro, que me gustaría hacer.
Si pudiera elegir...

Normalmente utilizo las fotos de Captura para mis historias capturadas. Pero en este caso haré una excepción. No quiero inventar ninguna historia en torno a esta foto, sino hablar de uno de mis rincones soñados.
Recuerdo que cuando colgó esta foto Edu Soto en Captura, me encantó. De hecho, la tuve de fondo en el escritorio de mi portátil durante varios meses, y me quedaba embelesada mirándola. ¿La razón?. Se trataba de un rincón soñado para mí. No por lo material, sino por su "significado".
Analicemos la foto.

Un ordenador portátil (seguramente mejor que el mío) donde escribir. Algunos escritores prefieren escribir con papel y bolígrafo, otros con una máquina de escribir de las de siempre. Yo casi siempre escribo en mi portátil, porque tengo velocidad en mecanografía, y por la costumbre. Algunas veces, si no estoy enfrente del ordenador, escribo con bolígrafo en una libreta. Y si por alguna razón, no tengo tampoco libreta, en cualquier tipo de papel (léase servilleta, klennex, tarjetas de visita que no uso, extracto bancario, etc).

Por esto mismo que he explicado, no es raro encontrar alrededor de mi ordenador papeles sueltos o libretas abiertas para pasar "a limpio" lo que he escrito estando en un bar, en medio de la calle, a escondidas mientras estaba estudiando o trabajando, etc...

Vivimos en la era de la comunicación y de la tecnología, así que también es normal tener el móvil a mano, para llamar, para responder...para comunicarme, al fin y al cabo. Aunque dependiendo del momento, le tengo desconectado o en silencio para evitar interrupciones.

Por supuesto, el reproductor de música. Mi gusto musical a la hora de escribir suele ser música clásica, jazz o blues. Preferiblemente sin voz. Bastantes palabras tengo en ese momento en la cabeza, para tener más en las canciones.

En esa mesa faltan tres cosas, que no suelen faltar en la mía.

Sintiéndolo por mis lectores de la liga antitabaco, falta la cajetilla de tabaco.

También falta la botella de agua. Algunas veces sustituida por café, Nesquik o Coca-Cola.
Y en la mayoría de las horas que paso escribiendo, la compañía de una vela encendida.
No me quejo de las vistas que tengo yo desde mi ventana...pero ese lujo de poder escribir frente al mar, en la terraza, oliendo el salitre, escuchando las olas y sintiendo la brisa marina...eso no lo tengo.
Si se me hubiera preguntado hace unos tres años tendría claro que el mar que querría tener enfrente sería el Cantábrico. Ahora ya no tengo muy claro si también el Mediterráneo me ayudará a escribir en un futuro.

Así que contestando a mi amigo, he de responderle que en principio ese sería un buen lugar para escribir.
Por lo demás. Soy una romántica empedernida. Sé que es algo difícil, casi imposible de conseguir.
Pero ya que estoy soñando despierta...
Ya he dicho varias veces que lo que más me gustaría en este mundo sería que mi "trabajo" fuera escribir. Simplemente eso (como si pidiera poco). Ganarme la vida con ello.
Permitirme el gran lujo que se pueden permitir contadas personas. No pido ser una escritora de best-sellers, con una importante suma de dinero en mi cuenta corriente. Estoy acostumbrada a vivir con lo justo. Y la fama no va conmigo. No la necesito y tengo claro que complicaría mi existencia.
Así que si puedo añadir, me gustaría que ese rincón soñado fuera mi único lugar de trabajo.
Si a eso le añades una buena compañía...¿para qué pedir más?. Como si estuviera pidiendo poco...

lunes, 12 de mayo de 2008

Maratón de Leonardo Sbaraglia

El sábado mi proceso gripal llegó a su estado máximo.
Por la mañana estuve participando en una Gymkana con unos niños encantadores, la verdad. Me lo pasé genial con ellos. Pero claro, me puse peor "de lo mío".
Por lo que lo único que podía y quería hacer el sábado por la tarde (aparte de escuchar por lo menos la voz de alguien especial) era tumbarme en la cama y dejarme mimar. Ya que no tenía cerca a nadie que me mimara, me tuve que mimar yo sola...
No podía escribir, no podía leer, no podía salir...así que me "automimé" con un maratón de un actor que me encanta y al que con suerte podré tener cerca dentro de poco...Leonardo Sbaraglia.
Ya le he visto en varias películas, como en Cleopatra (absolutamente genial) y como no, en Salvador (imperdonable no haber dedicado un post a una de mis películas preferidas).
El maratón consistió sólo en dos películas, ya que entre película y película, estuve entretenida en otras cosas. Lo que tiene estar enferma es que lo haces todo en cámara lenta. Para hacer la tarea más tonta puedes tardar el doble...en mi caso, el triple o más.
El maratón comenzó con "El concursante".

Me quedé con ganas de ver esta película cuando fue estrenada hace un año. La sinopsis me parecía interesante y su protagonista…simplemente me encanta. Sí, ya sé que lo he dicho, pero lo repito.
Y yo no sé que dirán los expertos, los críticos…a mí me ha fascinado: la historia, la manera de contarla, los personajes, la fotografía, los planos, todos.
No tengo queja de un solo minuto de los noventa. Ni tan siquiera el final agridulce. Es un final “de mi estilo”. Ya lo he dicho más de una vez: los finales felices, ideales, para los cuentos de hadas.
Al margen de que hay todo un equipo alrededor y a la estupenda interpretación de Leonardo como Martín Circo, debo rendirme a los pies de Rodrigo Cortés.
Yo no soy ninguna experta cinéfila (nada más lejos de la realidad), pero en mi humilde opinión Rodrigo supo atar bien. Escribió el guión, dirigió y luego se ocupó del montaje junto con Guillermo Represa. Repito, sin dármelas de experta, creo que es la mejor manera de que tenerlo todo bien atado y no llevarse un mal sabor de boca al ver el resultado final de “su creación”.
“El concursante” cuenta la historia de Martín Circo Martín, un joven profesor de economía que gana el mayor premio concedido en la historia de la televisión.
Después de ver la película, no sólo te entra un ligero escalofrío al pensar en ganar algo, sino que piensas en la suerte de todos los ganadores conocidos de concursos millonarios.
¿El dinero da la felicidad o te complica la vida?.
Interesante el blog al que he llegado buscando más información de la película. No tiene desperdicio.
Esta película quizás ha tenido la condena de ser española. Si mal no recuerdo, pasó sin pena ni gloria y me parece injusto. Es una buena crítica al sistema financiero, al mundo capitalista en el que todos participamos aunque no queramos. Eso sí todo sazonado con ironía y humor negro, para que no se nos indigeste tanta desagradable información.
Porque a veces lo importante es participar, porque si ganas…puedes perder mucho. Y cuando tienes tanto que perder, entras en un nuevo concurso, esta vez para sentirte ganador y poseedor de tu vida, aunque sea sólo por unos instantes y preso de la locura (aunque a veces cuando más loco pareces, más cerca de la verdad y la realidad estás).

Tras un ¿breve? intermedio, me dispuse a ver la segunda película que había elegido de Leonardo Sbaraglia: "Oculto".

Esta película es diferente. Me la bajé, perdón, la alquilé porque trataba del tema de los sueños, un tema que me interesa, que me ha interesado y que probablemente me interesará siempre.

La película empieza con una voz en off, cuyo narrador dice lo siguiente:

“Sueños, imágenes caprichosas que mezclan nuestros recuerdos, alborotan nuestra memoria durante noches y noches, horas y horas. Los sueños están ahí, cada noche, dentro de tu cabeza. Nadie puede verlos, excepto tú, porque son tuyos. Sin embargo, no puedes controlarlos. Dependen de sí mismos, aunque se alimentan de ti. Pero son simplemente, sueños. En los sueños todo es posible: volar, amar lo odiado, vivir lo que nunca has vivido, morir y volver a nacer. De los sueños puedes aprender, puedes olvidarlos. Lo único que no debes hacer jamás es depender de ellos. Porque ellos, los sueños, no respetan la razón ni el sentido. Por eso nadie debería entrar en los sueños de otro…nadie vivo.”

Hum...lo único que no debes hacer jamás es depender de ellos. Soy culpable. Soy de las que sueño todas las noches y recuerdo la mayoría de mis sueños. Y sí, les doy importancia. Algunos sueños me han marcado y me marcan. Y estoy convencida de que todos tienen significado, unos más, otros menos.
Pero al margen de mi opinión sobre los sueños, la película trata de algunos que creen en los sueños, en otros que no...y en otros que manipulan los sueños de los demás y con ello, sus vidas.
"Oculto" me gustó, pero removió demasiadas cosas (sobretodo por un personaje secundario pero importante en la trama, Javier). Y no me apetece nada dar explicaciones sobre ello. Así que no sé si aconsejar que la veáis o no. A mí no me vino bien verla...
¿El consuelo?. Que en la película el tiempo pone en su lugar a cada persona. Y para desgracia de algunos, en la vida real también pasa. Sí, lo siento, pero la verdad siempre sale a la luz, para bien o para mal. Y todo lo que siembras, lo recoges: lo bueno y lo malo.

Decididamente en este pequeño maratón cinéfilo, me quedo con la primera, "El Concursante".
Y termino con el segundo texto en off de "Oculto", de la magnífica voz de Claudio Rodríguez:

“No hemos inventado nada nuevo. Ni siquiera hemos aprendido a amar. Estamos perdidos, como en un sueño. El amor debiera ser un milagro, en el que soñamos la felicidad del otro. Por eso no creas nunca que el amor te pertenece, porque en ese preciso instante desaparecerá, como un sueño.”

viernes, 9 de mayo de 2008

¡¡Aleluya!!

¡¡Oh, sí, hermanos!!.
Ayer por la tarde Dios me habló. Sí, hermanos, sí. Una voz me dijo: "Maika, vuelve a entrar en internet e inténtalo de nuevo...ten fe, hermana."
Y abrí la página y comprobé que por obra de un milagro había entradas para el concierto de "The Comitmments". ¡¡Milagro!!. (Llamadlo milagro, llamadlo suerte...llamadlo que alguien devolvió las entradas). ¡¡Aleluya!!. ¡¡Todos conmigo!!. ¡¡Aleluya!!.
Llamé a mi hermano Pedro para que fuera al cajero más cercano a comprarme una entrada...¡y lo hizo!. ¡¡Oh, Dios, lo hizo!!.
Sólo tenía una hora para coger la entrada en Torrelavega y llegar al concierto a Santander.
Pero sabía que la mano divina me estaba guiando (mi sentido de la orientación es bastante malo).
Sabía que podía perderme, que no me lo podía permitir. Pero la Fuerza estaba conmigo (¿eso es la Biblia o de Star Wars?).
Llegué sin aliento cinco minutos después de las ocho y media...y una cerveza fría calmó mi sed.
¡¡Sí, mi sed fue saciada, y mis ojos pudieron ver, y mis oídos escuchar!!. ¡¡Aleluya, hermanos!!.
Cometí un pequeño pecado, hacer fotos en un concierto. Y sí, hermanos, fui castigada. No salieron bien.

¿Pero debía de quejarme de esto ante Dios?. ¡No, hermanos, no!. Porque había recuperado la fé. Tanto es así, que contuve mis impulsos cuando el gilipollas que tenía al lado (perdón, Señor, perdón) dijo "¿pero qué música toca este grupo?".
Me contuve y pronto le perdí de vista, porque sobre la sexta canción, algo o alguien me empujó a ponerme donde el escenario (bueno, vale, fue el cantante el que dijo que quien quisiera fuera para adelante).
Y canté, y bailé, y toqué su mano. ¡Oh, Señor, su mano!. No la mano de Dios, no, la mano de "Derek Scully" (Kenneth McCluskey). En un momento me sentí dentro de la película (sí, sí, mitómana, friki, bla, bla, bla).

De la banda actual sólo quedan dos de los originales (oooohhhh), el mencionado Kenneth McCluskey y el loco batería Dick Massey. Sin embargo, los sustitutos de esta genial banda irlandesa daban la talla (sin contar que el trompetista y el saxofonista creo que no habían nacido o eran unos bebés cuando se estrenó la película).
Hicieron un gran trabajo, sobretodo animando al público. Porque lo tengo que decir.
¡¡Los santanderinos son muy sosos!!. ¡¡Pero qué muy sosos!!. Lo que costó que ese teatro se moviera. Se podía ver quienes no éramos de la "capi". ¡¡Eramos los que bailábamos ya con las primeras notas!!. Ah, pero es que si eres de Santander no puedes moverte mucho, no te vayas a romper. ¡Luego me dicen que por qué me molesta tanto que fuera digan que somos de Santander en vez de Cantabria!. Cualquier comparación es mala, pero que te confundan con santanderina...
Menos mal que ahí estaba esta "showbanda" que desde las primeras canciones hicieron que todos nos moviéramos hasta terminar en una gran fiesta irlandesa donde sólo faltaban las cervezas (un error que no lloviera Guinness).
Y fue genial descubrir que no he perdido tanto mi nivel de inglés. Me hubiera perdido grandes bromas sobretodo del cantante Joe Walsh (la canción de The Simpson cuando fue presentado fue de lo mejor).

En resumen, hermanos, fueron dos horas de pura música soul, buen ambiente y cerca de la mitad de butacas vacías porque algunos preferimos estar de pie bailando y cantando junto con ellos.
Después de haber logrado esto, a ver si rezo un poco más y algún día vivo en directo una auténtica misa de Gospel. ¿Se ha notado mucho que me encantan?.
Así que como decía Jimmy en la película: "Damas y caballeros, hagan el favor de aplaudir con sus manos obreras a los salvadores del soul, el grupo más trabajador del mundo, sí, sí, sí, ¡los Commitments!."
Amén.

martes, 6 de mayo de 2008

The Commitments

Los Dioses se han puesto en mi contra...
Pienso que ha debido de ser una especie de castigo del "Karma" por tardar tanto en actualizar...
Me han puesto la miel en los labios y luego me he quedado con las ganas.
Es como si a un niño le prometes que le vas a comprar una enorme copa de helado con sus sabores favoritos y cuando llega a la heladería, comprueba con lágrimas en los ojos que está cerrada...
Esta noche llegaba de una tarde en buena compañía cuando escuché en mi emisora favorita "Mustang Sally". Trás la canción, y para mi sorpresa, el locutor anunció que mis adorados "The Commitments" actuaban el próximo jueves en Santander.
¿Dónde tengo la cabeza últimamente?. ¿Cómo es posible que no me haya enterado antes?. ¡The Commitments en Santander!.
Fueron unos minutos felices, geniales, pensando que en dos días disfrutaría de esta genial banda en directo. Un bonito sueño que se esfumó en cuanto entré en internet y descubrí (obviamente) que las entradas estaban agotadas. ¿Por qué, por qué, por qué?.
Algunos diréis que quienes son "The Commitments", sobretodo los más jóvenes.
"The Commitments" es más que una película, más que una estupenda banda sónora, más que una banda que existe en la realidad...para algunos es una película-música de culto.
Los que pertenecen a este grupo sonreíran sólo con leer esto: "soy negro y estoy orgulloso de serlo."
Los que no hayáis visto la película, pensaréis que gracia tiene esa frase. ¡Ah, se siente!. Echad un vistazo a la película y lo entenderéis.
"The Commitments" trata de la creación de una banda y los músicos, salvo dos excepciones, son músicos reales. Nada de actores haciendo de músicos. Y son músicos de los buenos.
Las canciones no son originales, son versiones. Puro soul. La voz del cantante es...¡buff!.
Ni sé las veces que habré escuchado la Banda Sónora, muchas más de las que he visto la película.
¡¡Dios!!. Ahora mismo, mientras escribo esta entrada, les estoy escuchando (creo que a esto se llama masoquismo) y no puedo creerme que este jueves van a estar en Santander y no voy a poder estar allí.

Sé que van a ser dos días interminables, esperando ver el milagro de que alguien devuelva alguna entrada...incluso me veo desesperada a la puerta del Teatro CASYC con esa frase de "¿no os sobrará alguna entrada?."
Y sí, para torturarme más, no pararé de escuchar la banda sónora, para recordarme una y otra vez lo que me voy a perder el jueves por la noche.
¡Necesito ir a ese concierto!. ¡Aunque sea que me pongan en el pasillo, en un rincón, dónde sea!.
Aunque no los pueda ver, por lo menos escucharles: "Mustang Sally", "Chain of fools", "Destination anywhere", "Treat her right", "Try a little tenderness"...
Cuantos ratos vividos, cuantas locuras, cuantas veces habré cantado y bailado esas canciones.
No es coña, estoy echa polvo. Mejor habría estado sin saberlo.
Como ejemplo, una de mis canciones preferidas, una de las que yo NO voy a poder disfrutar el jueves. ¡Ay, ay, ay!.



Aviso: suelo admitir bien todos los arrumacos. Pero como aparezca uno del tipo "yo sí voy a ir (jódete)"...no respondo de mis actos, sobretodo si sé donde vive...
Si al contrario alguien caritativo y buen amigo me dice algo como "vente, que me sobra una entrada"...me quedaré sin palabras ni manera de agradecerlo. Unas cervezas para celebrarlo no faltarán...por intentarlo, que no quede.
Alegrarían esta alma triste, que siente como cada nota de cada canción se van clavando como pequeños alfileres en el corazón...

¡Ay!. Menos mal que acabo de recibir un correo que me ha puesto una sonrisa en los labios...

miércoles, 30 de abril de 2008

Uno de mis fetiches

Cada persona tenemos nuestros vicios y manías. Y todos, salvo alguna excepción, somos consumistas y fetichistas.
No sé si es vicio, es manía, si es consumismo o si es fetichismo. O si tiene alguna otra definición. Lo cierto es que yo tengo peligro cuando entro en una tienda de lencería o en un cualquier sitio donde se vendan artículos de papelería.
En este caso, voy a hablar de lo segundo. Siento no mostrar mi colección de ropa interior (une rebajas con Etham, Women Secrets, etc…y Maika y se producirá una evacle y un gasto considerable económicamente).
El caso es que aunque prefiero escribir directamente en el ordenador, por comodidad y rapidez, las ganas y la “inspiración” a veces aparecen en los momentos y lugares más inesperados. Últimamente que paso más tiempo fuera de casa del que me gustaría, la libreta en mi bolso es imprescindible. Así que estoy dando un uso frecuente a mi colección particular de ellas, compradas y regaladas, y de todo tipo.
Confieso que mi debilidad son las de “Jordi Labanda” y “Kukumutxu”. Lo digo por si alguna vez os apetece hacerme un regalo y acertar. Pero entre todas, mi favorita y la que más utilizo es una de temática otoñal.
Como ya he dicho, he escrito mucho en ella y me estaba quedando sin hojas libres en ella, con la siguiente desesperación de que pronto tendría que usar otra libreta y tirar mi preferida.
Todo este rollo que he metido es para explicar la alegría de haber encontrado otra exactamente igual, fuera de temporada (las libretas también se renuevan) y medio escondida en un rincón, en el estanco donde suelo ir a comprar otros de mis vicios.
¿Qué sería de la vida sin estas pequeñas alegrías inesperadas en la cotidianidad?.
Ahora puedo escribir y escribir, gastando las hojas, sin pesares de no tener que desprenderme de mi libreta favorita, la otoñal.
Ojalá otras cosas, otros sentimientos, fueran tan fácil de sustituir y reemplazar…

En cuanto a vosotros, ¿cuáles son vuestros fetiches?.

domingo, 20 de abril de 2008

Conversación serial

Al menos la luna sonríe

- “Algunas veces me encuentro extrañando las buenas partes de él.” -
- “No es él. No es a él a quien extrañas. Porque lo que podía ofrecerte no era real. El modo en que te hacía sentir. Eso era real.”-

A veces te das cuenta de que te has enamorado del amor y que lo has "reflejado" en una persona.
Que lo que echas de menos no es a él, sino lo que sentías cuando estabas en su compañía.
Otras veces no es así... sabes a ciencia cierta que le amas a él y que eso al menos es real, aunque no te corresponda.
Y te sorprendes a ti misma diciendo que le has olvidado, que ya no te importa...aunque a lo mejor lo único que has hecho ha sido asumir que él no siente lo mismo, que nunca podrá amarte...y aprendes a vivir con ese sentimiento y ese dolor...

viernes, 18 de abril de 2008

Un momento de felicidad

Dos veces al año no hace daño...me han publicado de nuevo en la revista trimestral Sede, en su número 34.
Como hice con la otra publicación, subo aquí el relato publicado en dicha revista para los que no viváis en Cantabria y/o para los que seáis de aquí pero no tengáis acceso a ella.
Me hace ilusión ver un relato mío en papel, que se le va a hacer...

"Un momento de felicidad"
¿Qué es la felicidad?. ¿Cuándo podemos afirmar que somos plenamente felices?. La felicidad no es algo que se pueda tocar, que se pueda medir. Es efímera y muchas veces inalcanzable. En la infancia piensas que algún día encontrarás la felicidad y que nunca se marchará, que seguirá allí hasta el final de tus días. Con el paso de los años, descubres que es un estado de ánimo que puede durar minutos, horas, con suerte meses, pero que acaba. Un día te despiertas, abres los ojos, descubres un vacío extraño en tu interior…no eres feliz. Y por mucho que leas sobre la felicidad, que te aprendas todas sus definiciones, descubres que cada uno tenemos un concepto diferente de la llamada felicidad, una meta diferente para alcanzarla.
Unos dicen que depende de tu manera de ser, de enfrentarte a las situaciones cotidianas. Lo típico de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Otros hasta dicen que la felicidad completa no existe, que es inútil. Que cuando más ansías encontrarla, más frustrado y triste te encuentras. Los soñadores, que aparece cuando menos te lo esperas, como el amor.
Repito: ¿hay alguien que pueda afirmar con toda seguridad que es completamente feliz?. Ante esa pregunta, levanto tímidamente la mano. Y con cierta duda, no lo niego. Soy feliz. No sé cuanto va a durar. Lo único que sé es que voy a disfrutarla mientras dure. Como todo en esta vida. Mi interior está lleno de luz. Una luz tan potente que ilumina mis ojos y que hace que vea el mundo de otra manera. Ya no existen las guerras, el hambre, el odio, las envidias, las malas personas…en mi cara está perpetuamente una sonrisa. Una sonrisa que se amplia simplemente con escuchar su nombre.
Es una felicidad familiar, cercana. La sentí hace algunos meses.
Y he aprendido el truco para sentirla siempre que quiera, aunque en un día como el de hoy no tenga ningún motivo para sonreír.
Cierro los ojos y mi mente vuela hacia un pasado reciente.
Acabo de llegar de un viaje donde he conocido a un hombre maravilloso. Ha sido lo que se llama vulgarmente flechazo. Nos hemos mirado durante un buen rato, nos hemos sonreído, me he acercado a hablar con él...y todo ha sido perfecto. Esa noche él buscaba a alguien como yo. Yo buscaba a alguien como él. Era de prever que nos acabáramos encontrando. En un sitio que no era el nuestro. Sin embargo, esa noche nos pertenecía por completo. ¿Cómo imaginar que alguien como él pudiera fijarse en mí?. Sin embargo, así ha sido.
Nos hemos despedido a la mañana siguiente, prometiéndonos que el siguiente encuentro sería más duradero y definitivo. Quizás tenga que hacer mis maletas de nuevo, aunque está vez para siempre. Otra ciudad, otra vida…estando con él, todo irá mejor, estoy segura. Todavía siento en mi cuerpo su calor, sus caricias, sus besos. Me miro en el espejo y me veo más bella que nunca. Algo ha cambiado en mí. Lo noto. Y los que están a mi alrededor también. No puedo quitar la sonrisa estúpida de mi cara. No puedo concentrarme en nada. Por mucho que lo intento, ya no puedo actuar en la obra de teatro que estaba ensayando. No me sale ser la mujer triste y suicida que hace una semana interpretaba con tanta perfección. Ya no me importa. Tengo la firme convicción de que antes de que llegue el estreno, estaré a cientos de kilómetros de aquí.
Mientras tanto, disfruto de cada minuto, de cada hora, hasta que me lleguen noticias suyas para reunirme con él. Si viene a mi mente la sombra de la duda, abro mi móvil y miro nuestra foto, que he puesto como fondo. Y vuelvo a sonreír. Nada puede ir mal, estoy segura de que ambos sentimos lo mismo.
Abro los ojos. Sonrío. Vuelvo a sentirme bien. No han pasado meses, sino horas, desde la última vez que estuvimos juntos.
Salgo de mi casa, contenta, cantando “nuestra” canción.
He quedado con mis amigas para comer. Hoy para variar, he tenido ganas de salir y disfrutar del sábado otoñal pero soleado con el que ha amanecido mi ciudad.
El problema es que al estar en la calle, rodeada de otras personas, ya no estoy en mi realidad, sino en la realidad en sí, en la de todos. Será difícil seguir disfrutando de la ilusión que he creado en mi mente.
Aún sonriendo, feliz, intento evitar mirar directamente a los ojos de la gente; puede que de esta manera no descubran mi autoengaño.
Entro en el restaurante donde me están esperando mis amigas. La puntualidad nunca ha sido una de mis virtudes.
Al verme, Lucía viene a mi encuentro.
- “Vaya cara de felicidad que traes. ¿Por fin te ha llamado?.”-
- “No.”-
- “Entonces, ¿te ha mandado un correo?.”-
- “Tampoco.”-
- “¿Y por qué estás tan contenta?.”-
- “…No sé.”-
Lucía me abraza y me mira con lástima. Como si estuviera dándome el pésame por la muerte de un ser querido. Una actitud, la de la compadecerme, que viene siendo habitual tanto como incómodo en los últimos meses.
Antes de sentarme a la mesa con ellas, me dirijo al baño, para intentar esconder las lágrimas que están empezando a brotar.
Me apoyo en el lavabo, respiro hondo y me observo en el espejo.
Mi momento de felicidad ha durado tan sólo dos horas. Tendré que practicar más en el futuro.

Cuando lo escribí, no me convencía mucho. No es de los relatos que he escrito con el que me sienta más satisfecha. Aunque debo reconocer que después de unas semanas de haberlo mandado, releído, no me parece tan malo como cuando lo escribí...

jueves, 17 de abril de 2008

Foxy Lady en Internet

Me congratula comunicar que ya se puede ver por internet un cortometraje que a mí personalmente me encantó: Foxy Lady.
Se puede ver por el youtube, pero yo os linkeo para que lo veáis en el blog de su director, Alvaro Oliva.
No hay nada más que añadir, el cortometraje se presenta por sí solo.
Os pongo la sinopsis que ha puesto Alvaro en su blog, para abrir boca:
“Foxy Lady” nos cuenta las vivencias de Martín Ágreda, un escritor de fama, de mala fama. Una atractiva periodista ha acudido a su casa con la intención de entrevistarle, pero…"
Y por defecto profesional, añadir que este corto está basado en un relato de Eduardo Vilas. Y el guión fue escrito por Alvaro Oliva y Sergio Barrejón.
Simplemente os aconsejo que lo veáis. No gastaréis vuestro tiempo a lo tonto y os aseguro unos unos minutos inmersos en una historia interesante e inquietante.
Para los despistados, no es uno de los cortos en los que he participado. No, repito, no soy esa mujer tan guapa que está con Nacho Vigalondo. Es Ana Asensio y no le llego a la punta de los pies...en ningún sentido.

martes, 15 de abril de 2008

Ay Leré, Leré

Pues vuelvo a hablar de Atlántica. Escuchando su disco "Transitus", me estuve riendo escuchando su canción "Ay Leré, Leré".
Esta canción fue adaptada por Márcos Bárcena y Kate Gass. Acompañada de una popular melodía campurriana, con estrofas picarescas sacadas de un libro, "Cancionero Secreto de Cantabria".
Y escuchando esta canción, he recordado mis innumerables noches con mis amigos en el "Ave Turuta" cantando esas coplas populares, irónicas, graciosas, algunas veces súbidas de tono... en compañía de gaita o de rabel...y cuando no era posible este acompañamiento, con nuestras panderetas.
Y lo que es mi memoria, que ahora que tengo un rabel en mi poder (le aprendí a tocar algo por un amigo paciente y buen profesor), me he dado cuenta de que he olvidado la mayoría de esas canciones (no me lo puedo perdonar). Porque estas coplas de las que hablo en esta entrada, en la mayoría de las ocasiones van acompañadas del rabel. Y el rabel sin más, sin cantar, sin letra...no es lo mismo. Sobretodo si lo toco yo. Los grandes rabelistas que ha habido y hay en mi tierruca, seguro que no les haría falta tanto cante...
Así que me he propuesto reanudar uno de mis viejos hábitos y volver a recopilar estas coplas.
Sería una pena que se perdieran en el olvido.
Para que os hagáis una idea de lo que son estas canciones (para los que no seáis de Cantabria y no las hayáis escuchado. Aquí es raro no haberlas escuchado), dejo transcrita aquí la letra de la canción "Ay Leré, Leré".

"Ay Leré, Leré" Atlántica

Los mozucus de este pueblo
son cada día más pillos.
Se levantan la camisa
y se bajan los calzoncillos.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Yo se lo pedí a mi novia
y mi novia se enfadó.
Que me lo pida ella a mí,
a ver si me enfado yo.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
La mujer que quiere a dos,
no es tonta, que es entendida.
Si una vela se le apaga,
la otra la queda encendida.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Camino de Villasuso
se lo pedí a una pasiega.
Yo se lo pedí de broma
y ella me lo dio de veras.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Y el cura de Valdeprado
tiene la sotana rota,
se la rompió en un bardal
corriendo tras de las mozas.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Mi madre me pegó a mí
con el rabo de una oveja.
Yo bien quisiera ser bueno,
pero el rabo no me deja.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Allá va la despedida
la que le dio el gato a la gata,
que al bajar las escaleras
le metió la quinta pata.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Allá va la despedida
la que traje de Reinosa,
rebujada en un papel
"pa" ti carita de rosa.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.

¿Os ha gustado?. ¿No?. Pues una de dos: o no tenéis gusto o no tenéis sentido del humor... :P

lunes, 14 de abril de 2008

Atlántica


Este fin de semana he estado bien acompañada. Y es que para "inspirarme" con la obra teatral infantil que estoy escribiendo, me puse unos discos a los que tengo mucho cariño. Los discos del grupo ya desaparecido Atlántica. Se merecen una entrada, no, una supermegaentrada, porque han sido uno de los grupos de folk cántabros más importantes en la historia de esta mi tierruca.
Sí, me llamo Maika y soy folki. Una denominación más. Adoro la música folk y adoro la música folk de Cantabria. Culpable de todos los cargos.
Atlántica nació del amor...¿qué bonito queda, eh?. Marcos Bárcena y Kate Gass se conocieron en un festival de folk, se enamoraron (no voy a entrar en más detalles, esa preciosa historia les pertenece a ellos) y juntos formaron el grupo Atlántica. Un día pensaron en ampliar el dúo musical y se supieron rodear muy, muy bien. De Miguel Cobo, un estupendo percusionista, profundo investigador musical (es increíble a todos los objetos que puede sacar partido y música) y al pianista y acordeonista Ramón Bueno (bueno, bueno, bueno, que manos, que arte...si hablo más de Ramón esto se convierte en interminable).
En septiembre del 2003 el cuarteto se convirtió en quinteto con la incorporación de Jorge Ibáñez a la guitarra. De Jorge no puedo decir mucho, porque es al único que no conocía personalmente.
Fueron años extraordinarios, con muy buenos momentos, conciertos llenos de bailes (algunos de ellos enseñados y bailados con nosotros por ellos, principalmente Kate, Miguel y su mujer), actuaciones didácticas en colegios, participación en importantes festivales de folk, tanto nacionales como internacionales...
La "familia" Atlántica fue aumentando en seguidores, amigos; con el nacimiento de discos y de hijos (el número de discos han sido seis si no cuento mal...los hijos, por ahí también, más o menos).

Y lo que son las cosas...el amor terminó y con él se fue muriendo el grupo. Descanse en paz.
La mala noticia: perdimos a un buen grupo lleno de geniales músicos.
La buena noticia: quien es artista no puede abandonar el amor por el arte. La disolución de Atlántica significó el nacimiento de otros grupos.
Márcos Bárcena empezó su carrera en solitario.
Kate Gass ha hecho un tanto de lo mismo.
Y Miguel Cobo, Ramón Bueno y Jorge Ibáñez (aunque éste último también toca con Márcos) formaron un grupo junto con otros músicos llamado Garma. A destacar, perdón por los demás, que en los últimos suspiros de Atlántica y ahora con Garma, está como cantante mi querida Pilar Revuelta, "compañera de parque" en el corto "Cuestión de Fé" y nuestra sufrida coreógrafa junto con Esther.

Con este buen acompañamiento musical, sino me sale una buena obra teatral infantil...es para tirarme a los zarzales. Mejor dejarlo pá prao...

sábado, 12 de abril de 2008

Jon Sistiaga

"Yo y mis otros yos"
Jon Sistiaga
Fuente: Captura

Tengo que hablar de Jon Sistiaga.
Acabo de terminar de ver su reportaje en Cuatro, "Secuestrados: agonía en la oscuridad" y aún tengo lágrimas en los ojos.
Impresionante crónica sobre la situación de los secuestrados en Colombia por los FARC.
Para mí, lo que dice Jon Sistiaga va a misa. Se ha ganado a pulsos durante años mi respeto y admiración, con su trabajo, su credibilidad y su excepcional forma de acercarnos a determinadas noticias. Es lo que consigue, por lo menos conmigo, hacerme sentir cercana a la noticia que narra, como si estuviera allí con él. Aunque en la mayoría de los casos me alegro de que no sea así. Por lo general no son lugares agradables donde estar. Hay que estar hecho de una pasta especial. Hay que tener el valor y la tenacidad de Jon Sistiaga...
Y es increíble. Porque con todo lo que ha vivido y ha sufrido, si te fijas bien, su mirada es alegre.
Me gusta pensar que no ha perdido la alegría (que fuera de toda esa barbarie, pueda disfrutar de buenos momentos) y tampoco como el miedo, porque como él mismo dice, "el miedo siempre tiene que ir contigo. Es lo único que puede garantizar que vuelvas vivo."
Agradezco que haya nacido, que exista, por así decirlo...y que eligiera esa profesión y esa manera de ejercerla.
Y le agradezco sus reportajes, sus libros...hasta sus fotos de Captura, unas veces "informátivas", otras veces más personales, más divertidas, más ocurrentes...
Le "descubrí" cuando informaba de la Guerra de Irak en Telecinco. No me perdía ninguna de sus crónicas. Nadie podía acercarme e informarme mejor sobre ella.
Y como muchos, con él lloré la muerte de Jose Couso y respiré aliviada al saber que por lo menos uno de los dos estaba a salvo.
Pero hay una razón más para darle las gracias. Él fue el "culpable" del origen de mis historias capturadas. Se me ocurrió la idea al ver su foto "Bailando con Fantasmas". Eso nunca se me olvidará. Una deuda pendiente, sin duda.
Jon Sistiaga es un gran profesional y una gran persona. Doy fé.
En una entrevista decía: "Es una suerte tener la oportunidad de vivir la historia en caliente."
Y yo añado que es una suerte que podamos acercarnos a esa historia a su lado.
Para muestra, un botón:



miércoles, 9 de abril de 2008

Encontrando miradas

"Encontrando miradas"
Hanna Quevedo
Fuente: Captura


[Continuación de "Autorretrato oxidado"]

Cuando has caído en el pozo más profundo lo único que puedes hacer es subir.”

Eso me dijo Clara aquella noche. Y tenía toda la razón.
No fue fácil. Nunca es fácil. Fueron días en los que dudé mucho antes de atreverme a salir, ya no del agujero en el que me encontraba, sino simplemente de casa. Debido a mi absentismo laboral, fui despedida de mi trabajo. Con el tiempo, ahora sé que fue lo mejor que me pudo pasar. No me aportaba nada. Mi hastío personal estaba ligado a mi hastío profesional.
Disfruté del paro dos meses, los suficientes para empezar a remontar, a alejar las nubes grises que cubrían mi cielo.
Después de la tormenta no llega la calma. Llega una especie de vacío que no consigues llenar con nada ni con nadie. Cuando me despertaba cada mañana, me alegraba al comprobar que cada día que pasaba dolían menos las heridas. Pero nada más. Todo lo que me rodeaba seguía siendo gris y mi cámara todavía estaba guardada en el cajón.
Si había una frase que mi abuela no paraba de decir cuando era niña y que yo odiaba era “Dios aprieta pero no ahoga”. Quizás es un consuelo si eres creyente y tienes fe…ese no es mi caso. Aunque tengo que reconocer que es verdad. Todo se acaba, hasta las malas rachas.
Durante largas semanas me harté de escuchar frases que no me creía, como que era una buena persona, que merecía ser feliz y que mi vida mejoraría cuando menos lo esperara...
Sabía que mis amigos así lo creían y lo deseaban, pero en los cambios también es importante la suerte y yo no sentía que hubiera nacido con buena estrella.
Con todo, como ya he dicho, me equivoqué y ellos acertaron.
Necesitaba cambiar de aires, huir de todo lo que me rodeaba y me llenaba de recuerdos dolorosos, por qué no decirlo.
Así que cuando una amiga me propuso un trabajo en México no me lo pensé dos veces. Otro país, otra cultura…nada que me atara al pasado.
La alegría inmediatamente fue seguida de miedo y dudas. Iba a trabajar como fotógrafa, pero me invadía el temor de ser incapaz de recobrar mi principal pasión mientras guardaba mi querida cámara en la maleta. Podía asumir todas las pérdidas menos esa. Ser incapaz de recuperar esa magia, esa particular visión del mundo a través de mi objetivo es lo que más me dolía de todo.
El principio no fue fácil. En realidad ninguno lo es. México estaba lleno de color, pero yo seguía en blanco y negro. Retrataba a las personas y a los lugares sin ninguna emoción ni sentimiento. Ya no me sentía feliz ni satisfecha con mis capturas. Es difícil de explicar, pero cada vez que mi dedo apretaba el disparador tenía la sensación de dejar parte de mi tristeza en esos lugares.
Buscaba desesperadamente algo que volviera a hacerme vibrar, algo que recuperara mi amor por la fotografía. Y como siempre suele ocurrir, lo encontré cuando no lo buscaba.
Era un día lluvioso, faltaba poco para que anocheciera. Caminaba sin rumbo con mi cámara en mano, descubriendo un poco más la ciudad donde ahora vivía. Me adentré en un pequeño callejón, maltratado, como yo. El suelo estaba roto, lleno de parches, como mi corazón. A lo lejos vi algo que llamó mi atención. Me acerqué y enfoqué con mi cámara. Un ligero escalofrío me recorrió el cuerpo. Era una parte de lo que parecía un retrato y aquel ojo negro me estaba mirando a mí…era un dibujo, ni siquiera completo, pero consiguió tocar una fibra interna que no habían conseguido todas las miradas que se habían cruzado con la mía desde aquella maldita noche. Saqué varias fotos desde todos los ángulos posibles. Había recuperado la sonrisa satisfecha.
Me agaché y recogí el dibujo para verle más de cerca. ¿A quién pertenecería esa mirada, ese rostro?. Le di la vuelta y descubrí que había algo anotado: parte de una dirección, la mitad de un corazón dibujado y debajo de todo SON. Todo en letras mayúsculas.
Lo guardé cuidadosamente. Busqué en el callejón con la ilusión de hallar el resto, pero fue en vano. No sabía por qué tenía tanta curiosidad. Lo que sabía es que tenía que averiguar la historia que se escondía en ese retrato que alguien había roto en pedazos.
Encontrar la dirección completa no me costó demasiado. Aquella era una ciudad pequeña y no tardé en descubrir la calle. De hecho no estaba lejos de donde yo vivía. Lo más complicado era acertar con el número. Apenas dormí, me pasé casi toda la noche pensando y divagando si sería la dirección del retratado o del dibujante. ¿Sería una autora o un autor?. ¿Habría sido una historia de amor que acabó mal y se había pagado el despecho con su retrato?. ¿Quizás simplemente al creador no le convenció el resultado y lo desestimó, rompiéndolo y tirándolo para olvidarse de una mala obra?. De manera inexplicable me encontré excitada, jugando a un juego al que nadie me había invitado a participar.
A la mañana siguiente estuve recorriendo la calle en la que se suponía que vivía el remitente o el destinatario. Ninguno de los hombres que salían y entraban de aquellas casas se parecía al del dibujo. ¿Qué hacer?. No iba a preguntar puerta por puerta…
Por lo menos había recuperado las ganas de coger mi cámara y retratar todo lo bello que veía ahora a mi alrededor. Me senté en la terraza de un bar, pedí una limonada bien fresca y comencé a retomar mi gusto por observar la vida a través de mi objetivo. Fui descubriendo todas las tonalidades de color diferentes que había, sin ningún gris que pudiera apagar el sol que calentaba mi rostro. Las risas de los niños que jugaban cerca provocaban la mía y volví a retomar una costumbre que había perdido: conversar con personas desconocidas para así llegar a conocerlas, al menos un poco.
Me recosté en la silla y miré al cielo, más azul y despejado que nunca. En mi interior iba creciendo una sensación cálida que iba llenándolo todo. Sensaciones de paz, de tranquilidad, de reconciliación con el universo, con mi universo.
Lo que ocurrió después no sé si fue un sueño o el resultado de pasar tantas horas al sol. Soy una romántica empedernida, así que prefiero pensar que fue el destino, confabulado con las casualidades y las señales sin explicación aparente.
A pocos metros de mí aparcó un “vochito” azul turquesa, mi coche preferido, despertándome de la ensoñación en que me encontraba. No podía dejar pasar la oportunidad. Enfoqué lentamente para sacarle el mayor partido. Estaba tan concentrada en disparar, que apenas me percaté de que el conductor había bajado y se estaba acercando. Cuando me quise dar cuenta, su rostro estaba casi pegado a mi objetivo. Fue cuando vi sus ojos negros y su cabello oscuro…
Todo mi cuerpo empezó a temblar y saqué el fragmento del retrato. Si no era él, se parecía mucho.
Me levanté y me presenté. Cuando me dio la mano, de nuevo apareció el escalofrío de la tarde anterior en el callejón. No era desagradable, más bien todo lo contrario. Me sonrió y agaché la mirada. Ya estaba perdida, lo sabía.
Le enseñé el dibujo y se reconoció. Por un instante creí ver una nube oscura en sus ojos. Me explicó que se lo había hecho una amiga pintora y que el “SON” era de Jason, su nombre. Quise saber más sobre la historia y él me dijo que me la contaría si aceptaba cenar con él. Mentiría si dijera que acepté sólo por satisfacer mi curiosidad. Aquella noche tuvimos la primera cita de muchas que la siguieron.
¿Cuál fue la historia que rodeaba aquel retrato encontrado en un callejón?. Aún la desconozco. Él aún no me la quiere contar. No sé si es para alargar nuestra relación o porque es algo de lo que no quiere hablar. No me importa demasiado. He recuperado el optimismo, la alegría de vivir…y mi amor por la fotografía, el más eterno, el que siempre estará conmigo. Tengo también un amor, quizás no tan importante, el que me abraza todas las noches y me despierta con un dulce beso todas las mañanas. Los dos alimentan mi día a día. No necesito más…