miércoles, 30 de abril de 2008

Uno de mis fetiches

Cada persona tenemos nuestros vicios y manías. Y todos, salvo alguna excepción, somos consumistas y fetichistas.
No sé si es vicio, es manía, si es consumismo o si es fetichismo. O si tiene alguna otra definición. Lo cierto es que yo tengo peligro cuando entro en una tienda de lencería o en un cualquier sitio donde se vendan artículos de papelería.
En este caso, voy a hablar de lo segundo. Siento no mostrar mi colección de ropa interior (une rebajas con Etham, Women Secrets, etc…y Maika y se producirá una evacle y un gasto considerable económicamente).
El caso es que aunque prefiero escribir directamente en el ordenador, por comodidad y rapidez, las ganas y la “inspiración” a veces aparecen en los momentos y lugares más inesperados. Últimamente que paso más tiempo fuera de casa del que me gustaría, la libreta en mi bolso es imprescindible. Así que estoy dando un uso frecuente a mi colección particular de ellas, compradas y regaladas, y de todo tipo.
Confieso que mi debilidad son las de “Jordi Labanda” y “Kukumutxu”. Lo digo por si alguna vez os apetece hacerme un regalo y acertar. Pero entre todas, mi favorita y la que más utilizo es una de temática otoñal.
Como ya he dicho, he escrito mucho en ella y me estaba quedando sin hojas libres en ella, con la siguiente desesperación de que pronto tendría que usar otra libreta y tirar mi preferida.
Todo este rollo que he metido es para explicar la alegría de haber encontrado otra exactamente igual, fuera de temporada (las libretas también se renuevan) y medio escondida en un rincón, en el estanco donde suelo ir a comprar otros de mis vicios.
¿Qué sería de la vida sin estas pequeñas alegrías inesperadas en la cotidianidad?.
Ahora puedo escribir y escribir, gastando las hojas, sin pesares de no tener que desprenderme de mi libreta favorita, la otoñal.
Ojalá otras cosas, otros sentimientos, fueran tan fácil de sustituir y reemplazar…

En cuanto a vosotros, ¿cuáles son vuestros fetiches?.

domingo, 20 de abril de 2008

Conversación serial

Al menos la luna sonríe

- “Algunas veces me encuentro extrañando las buenas partes de él.” -
- “No es él. No es a él a quien extrañas. Porque lo que podía ofrecerte no era real. El modo en que te hacía sentir. Eso era real.”-

A veces te das cuenta de que te has enamorado del amor y que lo has "reflejado" en una persona.
Que lo que echas de menos no es a él, sino lo que sentías cuando estabas en su compañía.
Otras veces no es así... sabes a ciencia cierta que le amas a él y que eso al menos es real, aunque no te corresponda.
Y te sorprendes a ti misma diciendo que le has olvidado, que ya no te importa...aunque a lo mejor lo único que has hecho ha sido asumir que él no siente lo mismo, que nunca podrá amarte...y aprendes a vivir con ese sentimiento y ese dolor...

viernes, 18 de abril de 2008

Un momento de felicidad

Dos veces al año no hace daño...me han publicado de nuevo en la revista trimestral Sede, en su número 34.
Como hice con la otra publicación, subo aquí el relato publicado en dicha revista para los que no viváis en Cantabria y/o para los que seáis de aquí pero no tengáis acceso a ella.
Me hace ilusión ver un relato mío en papel, que se le va a hacer...

"Un momento de felicidad"
¿Qué es la felicidad?. ¿Cuándo podemos afirmar que somos plenamente felices?. La felicidad no es algo que se pueda tocar, que se pueda medir. Es efímera y muchas veces inalcanzable. En la infancia piensas que algún día encontrarás la felicidad y que nunca se marchará, que seguirá allí hasta el final de tus días. Con el paso de los años, descubres que es un estado de ánimo que puede durar minutos, horas, con suerte meses, pero que acaba. Un día te despiertas, abres los ojos, descubres un vacío extraño en tu interior…no eres feliz. Y por mucho que leas sobre la felicidad, que te aprendas todas sus definiciones, descubres que cada uno tenemos un concepto diferente de la llamada felicidad, una meta diferente para alcanzarla.
Unos dicen que depende de tu manera de ser, de enfrentarte a las situaciones cotidianas. Lo típico de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Otros hasta dicen que la felicidad completa no existe, que es inútil. Que cuando más ansías encontrarla, más frustrado y triste te encuentras. Los soñadores, que aparece cuando menos te lo esperas, como el amor.
Repito: ¿hay alguien que pueda afirmar con toda seguridad que es completamente feliz?. Ante esa pregunta, levanto tímidamente la mano. Y con cierta duda, no lo niego. Soy feliz. No sé cuanto va a durar. Lo único que sé es que voy a disfrutarla mientras dure. Como todo en esta vida. Mi interior está lleno de luz. Una luz tan potente que ilumina mis ojos y que hace que vea el mundo de otra manera. Ya no existen las guerras, el hambre, el odio, las envidias, las malas personas…en mi cara está perpetuamente una sonrisa. Una sonrisa que se amplia simplemente con escuchar su nombre.
Es una felicidad familiar, cercana. La sentí hace algunos meses.
Y he aprendido el truco para sentirla siempre que quiera, aunque en un día como el de hoy no tenga ningún motivo para sonreír.
Cierro los ojos y mi mente vuela hacia un pasado reciente.
Acabo de llegar de un viaje donde he conocido a un hombre maravilloso. Ha sido lo que se llama vulgarmente flechazo. Nos hemos mirado durante un buen rato, nos hemos sonreído, me he acercado a hablar con él...y todo ha sido perfecto. Esa noche él buscaba a alguien como yo. Yo buscaba a alguien como él. Era de prever que nos acabáramos encontrando. En un sitio que no era el nuestro. Sin embargo, esa noche nos pertenecía por completo. ¿Cómo imaginar que alguien como él pudiera fijarse en mí?. Sin embargo, así ha sido.
Nos hemos despedido a la mañana siguiente, prometiéndonos que el siguiente encuentro sería más duradero y definitivo. Quizás tenga que hacer mis maletas de nuevo, aunque está vez para siempre. Otra ciudad, otra vida…estando con él, todo irá mejor, estoy segura. Todavía siento en mi cuerpo su calor, sus caricias, sus besos. Me miro en el espejo y me veo más bella que nunca. Algo ha cambiado en mí. Lo noto. Y los que están a mi alrededor también. No puedo quitar la sonrisa estúpida de mi cara. No puedo concentrarme en nada. Por mucho que lo intento, ya no puedo actuar en la obra de teatro que estaba ensayando. No me sale ser la mujer triste y suicida que hace una semana interpretaba con tanta perfección. Ya no me importa. Tengo la firme convicción de que antes de que llegue el estreno, estaré a cientos de kilómetros de aquí.
Mientras tanto, disfruto de cada minuto, de cada hora, hasta que me lleguen noticias suyas para reunirme con él. Si viene a mi mente la sombra de la duda, abro mi móvil y miro nuestra foto, que he puesto como fondo. Y vuelvo a sonreír. Nada puede ir mal, estoy segura de que ambos sentimos lo mismo.
Abro los ojos. Sonrío. Vuelvo a sentirme bien. No han pasado meses, sino horas, desde la última vez que estuvimos juntos.
Salgo de mi casa, contenta, cantando “nuestra” canción.
He quedado con mis amigas para comer. Hoy para variar, he tenido ganas de salir y disfrutar del sábado otoñal pero soleado con el que ha amanecido mi ciudad.
El problema es que al estar en la calle, rodeada de otras personas, ya no estoy en mi realidad, sino en la realidad en sí, en la de todos. Será difícil seguir disfrutando de la ilusión que he creado en mi mente.
Aún sonriendo, feliz, intento evitar mirar directamente a los ojos de la gente; puede que de esta manera no descubran mi autoengaño.
Entro en el restaurante donde me están esperando mis amigas. La puntualidad nunca ha sido una de mis virtudes.
Al verme, Lucía viene a mi encuentro.
- “Vaya cara de felicidad que traes. ¿Por fin te ha llamado?.”-
- “No.”-
- “Entonces, ¿te ha mandado un correo?.”-
- “Tampoco.”-
- “¿Y por qué estás tan contenta?.”-
- “…No sé.”-
Lucía me abraza y me mira con lástima. Como si estuviera dándome el pésame por la muerte de un ser querido. Una actitud, la de la compadecerme, que viene siendo habitual tanto como incómodo en los últimos meses.
Antes de sentarme a la mesa con ellas, me dirijo al baño, para intentar esconder las lágrimas que están empezando a brotar.
Me apoyo en el lavabo, respiro hondo y me observo en el espejo.
Mi momento de felicidad ha durado tan sólo dos horas. Tendré que practicar más en el futuro.

Cuando lo escribí, no me convencía mucho. No es de los relatos que he escrito con el que me sienta más satisfecha. Aunque debo reconocer que después de unas semanas de haberlo mandado, releído, no me parece tan malo como cuando lo escribí...

jueves, 17 de abril de 2008

Foxy Lady en Internet

Me congratula comunicar que ya se puede ver por internet un cortometraje que a mí personalmente me encantó: Foxy Lady.
Se puede ver por el youtube, pero yo os linkeo para que lo veáis en el blog de su director, Alvaro Oliva.
No hay nada más que añadir, el cortometraje se presenta por sí solo.
Os pongo la sinopsis que ha puesto Alvaro en su blog, para abrir boca:
“Foxy Lady” nos cuenta las vivencias de Martín Ágreda, un escritor de fama, de mala fama. Una atractiva periodista ha acudido a su casa con la intención de entrevistarle, pero…"
Y por defecto profesional, añadir que este corto está basado en un relato de Eduardo Vilas. Y el guión fue escrito por Alvaro Oliva y Sergio Barrejón.
Simplemente os aconsejo que lo veáis. No gastaréis vuestro tiempo a lo tonto y os aseguro unos unos minutos inmersos en una historia interesante e inquietante.
Para los despistados, no es uno de los cortos en los que he participado. No, repito, no soy esa mujer tan guapa que está con Nacho Vigalondo. Es Ana Asensio y no le llego a la punta de los pies...en ningún sentido.

martes, 15 de abril de 2008

Ay Leré, Leré

Pues vuelvo a hablar de Atlántica. Escuchando su disco "Transitus", me estuve riendo escuchando su canción "Ay Leré, Leré".
Esta canción fue adaptada por Márcos Bárcena y Kate Gass. Acompañada de una popular melodía campurriana, con estrofas picarescas sacadas de un libro, "Cancionero Secreto de Cantabria".
Y escuchando esta canción, he recordado mis innumerables noches con mis amigos en el "Ave Turuta" cantando esas coplas populares, irónicas, graciosas, algunas veces súbidas de tono... en compañía de gaita o de rabel...y cuando no era posible este acompañamiento, con nuestras panderetas.
Y lo que es mi memoria, que ahora que tengo un rabel en mi poder (le aprendí a tocar algo por un amigo paciente y buen profesor), me he dado cuenta de que he olvidado la mayoría de esas canciones (no me lo puedo perdonar). Porque estas coplas de las que hablo en esta entrada, en la mayoría de las ocasiones van acompañadas del rabel. Y el rabel sin más, sin cantar, sin letra...no es lo mismo. Sobretodo si lo toco yo. Los grandes rabelistas que ha habido y hay en mi tierruca, seguro que no les haría falta tanto cante...
Así que me he propuesto reanudar uno de mis viejos hábitos y volver a recopilar estas coplas.
Sería una pena que se perdieran en el olvido.
Para que os hagáis una idea de lo que son estas canciones (para los que no seáis de Cantabria y no las hayáis escuchado. Aquí es raro no haberlas escuchado), dejo transcrita aquí la letra de la canción "Ay Leré, Leré".

"Ay Leré, Leré" Atlántica

Los mozucus de este pueblo
son cada día más pillos.
Se levantan la camisa
y se bajan los calzoncillos.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Yo se lo pedí a mi novia
y mi novia se enfadó.
Que me lo pida ella a mí,
a ver si me enfado yo.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
La mujer que quiere a dos,
no es tonta, que es entendida.
Si una vela se le apaga,
la otra la queda encendida.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Camino de Villasuso
se lo pedí a una pasiega.
Yo se lo pedí de broma
y ella me lo dio de veras.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Y el cura de Valdeprado
tiene la sotana rota,
se la rompió en un bardal
corriendo tras de las mozas.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Mi madre me pegó a mí
con el rabo de una oveja.
Yo bien quisiera ser bueno,
pero el rabo no me deja.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Allá va la despedida
la que le dio el gato a la gata,
que al bajar las escaleras
le metió la quinta pata.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.
Allá va la despedida
la que traje de Reinosa,
rebujada en un papel
"pa" ti carita de rosa.
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, Leré,
Ay, Leré, leré, leré, leré, lerá.

¿Os ha gustado?. ¿No?. Pues una de dos: o no tenéis gusto o no tenéis sentido del humor... :P

lunes, 14 de abril de 2008

Atlántica


Este fin de semana he estado bien acompañada. Y es que para "inspirarme" con la obra teatral infantil que estoy escribiendo, me puse unos discos a los que tengo mucho cariño. Los discos del grupo ya desaparecido Atlántica. Se merecen una entrada, no, una supermegaentrada, porque han sido uno de los grupos de folk cántabros más importantes en la historia de esta mi tierruca.
Sí, me llamo Maika y soy folki. Una denominación más. Adoro la música folk y adoro la música folk de Cantabria. Culpable de todos los cargos.
Atlántica nació del amor...¿qué bonito queda, eh?. Marcos Bárcena y Kate Gass se conocieron en un festival de folk, se enamoraron (no voy a entrar en más detalles, esa preciosa historia les pertenece a ellos) y juntos formaron el grupo Atlántica. Un día pensaron en ampliar el dúo musical y se supieron rodear muy, muy bien. De Miguel Cobo, un estupendo percusionista, profundo investigador musical (es increíble a todos los objetos que puede sacar partido y música) y al pianista y acordeonista Ramón Bueno (bueno, bueno, bueno, que manos, que arte...si hablo más de Ramón esto se convierte en interminable).
En septiembre del 2003 el cuarteto se convirtió en quinteto con la incorporación de Jorge Ibáñez a la guitarra. De Jorge no puedo decir mucho, porque es al único que no conocía personalmente.
Fueron años extraordinarios, con muy buenos momentos, conciertos llenos de bailes (algunos de ellos enseñados y bailados con nosotros por ellos, principalmente Kate, Miguel y su mujer), actuaciones didácticas en colegios, participación en importantes festivales de folk, tanto nacionales como internacionales...
La "familia" Atlántica fue aumentando en seguidores, amigos; con el nacimiento de discos y de hijos (el número de discos han sido seis si no cuento mal...los hijos, por ahí también, más o menos).

Y lo que son las cosas...el amor terminó y con él se fue muriendo el grupo. Descanse en paz.
La mala noticia: perdimos a un buen grupo lleno de geniales músicos.
La buena noticia: quien es artista no puede abandonar el amor por el arte. La disolución de Atlántica significó el nacimiento de otros grupos.
Márcos Bárcena empezó su carrera en solitario.
Kate Gass ha hecho un tanto de lo mismo.
Y Miguel Cobo, Ramón Bueno y Jorge Ibáñez (aunque éste último también toca con Márcos) formaron un grupo junto con otros músicos llamado Garma. A destacar, perdón por los demás, que en los últimos suspiros de Atlántica y ahora con Garma, está como cantante mi querida Pilar Revuelta, "compañera de parque" en el corto "Cuestión de Fé" y nuestra sufrida coreógrafa junto con Esther.

Con este buen acompañamiento musical, sino me sale una buena obra teatral infantil...es para tirarme a los zarzales. Mejor dejarlo pá prao...

sábado, 12 de abril de 2008

Jon Sistiaga

"Yo y mis otros yos"
Jon Sistiaga
Fuente: Captura

Tengo que hablar de Jon Sistiaga.
Acabo de terminar de ver su reportaje en Cuatro, "Secuestrados: agonía en la oscuridad" y aún tengo lágrimas en los ojos.
Impresionante crónica sobre la situación de los secuestrados en Colombia por los FARC.
Para mí, lo que dice Jon Sistiaga va a misa. Se ha ganado a pulsos durante años mi respeto y admiración, con su trabajo, su credibilidad y su excepcional forma de acercarnos a determinadas noticias. Es lo que consigue, por lo menos conmigo, hacerme sentir cercana a la noticia que narra, como si estuviera allí con él. Aunque en la mayoría de los casos me alegro de que no sea así. Por lo general no son lugares agradables donde estar. Hay que estar hecho de una pasta especial. Hay que tener el valor y la tenacidad de Jon Sistiaga...
Y es increíble. Porque con todo lo que ha vivido y ha sufrido, si te fijas bien, su mirada es alegre.
Me gusta pensar que no ha perdido la alegría (que fuera de toda esa barbarie, pueda disfrutar de buenos momentos) y tampoco como el miedo, porque como él mismo dice, "el miedo siempre tiene que ir contigo. Es lo único que puede garantizar que vuelvas vivo."
Agradezco que haya nacido, que exista, por así decirlo...y que eligiera esa profesión y esa manera de ejercerla.
Y le agradezco sus reportajes, sus libros...hasta sus fotos de Captura, unas veces "informátivas", otras veces más personales, más divertidas, más ocurrentes...
Le "descubrí" cuando informaba de la Guerra de Irak en Telecinco. No me perdía ninguna de sus crónicas. Nadie podía acercarme e informarme mejor sobre ella.
Y como muchos, con él lloré la muerte de Jose Couso y respiré aliviada al saber que por lo menos uno de los dos estaba a salvo.
Pero hay una razón más para darle las gracias. Él fue el "culpable" del origen de mis historias capturadas. Se me ocurrió la idea al ver su foto "Bailando con Fantasmas". Eso nunca se me olvidará. Una deuda pendiente, sin duda.
Jon Sistiaga es un gran profesional y una gran persona. Doy fé.
En una entrevista decía: "Es una suerte tener la oportunidad de vivir la historia en caliente."
Y yo añado que es una suerte que podamos acercarnos a esa historia a su lado.
Para muestra, un botón:



miércoles, 9 de abril de 2008

Encontrando miradas

"Encontrando miradas"
Hanna Quevedo
Fuente: Captura


[Continuación de "Autorretrato oxidado"]

Cuando has caído en el pozo más profundo lo único que puedes hacer es subir.”

Eso me dijo Clara aquella noche. Y tenía toda la razón.
No fue fácil. Nunca es fácil. Fueron días en los que dudé mucho antes de atreverme a salir, ya no del agujero en el que me encontraba, sino simplemente de casa. Debido a mi absentismo laboral, fui despedida de mi trabajo. Con el tiempo, ahora sé que fue lo mejor que me pudo pasar. No me aportaba nada. Mi hastío personal estaba ligado a mi hastío profesional.
Disfruté del paro dos meses, los suficientes para empezar a remontar, a alejar las nubes grises que cubrían mi cielo.
Después de la tormenta no llega la calma. Llega una especie de vacío que no consigues llenar con nada ni con nadie. Cuando me despertaba cada mañana, me alegraba al comprobar que cada día que pasaba dolían menos las heridas. Pero nada más. Todo lo que me rodeaba seguía siendo gris y mi cámara todavía estaba guardada en el cajón.
Si había una frase que mi abuela no paraba de decir cuando era niña y que yo odiaba era “Dios aprieta pero no ahoga”. Quizás es un consuelo si eres creyente y tienes fe…ese no es mi caso. Aunque tengo que reconocer que es verdad. Todo se acaba, hasta las malas rachas.
Durante largas semanas me harté de escuchar frases que no me creía, como que era una buena persona, que merecía ser feliz y que mi vida mejoraría cuando menos lo esperara...
Sabía que mis amigos así lo creían y lo deseaban, pero en los cambios también es importante la suerte y yo no sentía que hubiera nacido con buena estrella.
Con todo, como ya he dicho, me equivoqué y ellos acertaron.
Necesitaba cambiar de aires, huir de todo lo que me rodeaba y me llenaba de recuerdos dolorosos, por qué no decirlo.
Así que cuando una amiga me propuso un trabajo en México no me lo pensé dos veces. Otro país, otra cultura…nada que me atara al pasado.
La alegría inmediatamente fue seguida de miedo y dudas. Iba a trabajar como fotógrafa, pero me invadía el temor de ser incapaz de recobrar mi principal pasión mientras guardaba mi querida cámara en la maleta. Podía asumir todas las pérdidas menos esa. Ser incapaz de recuperar esa magia, esa particular visión del mundo a través de mi objetivo es lo que más me dolía de todo.
El principio no fue fácil. En realidad ninguno lo es. México estaba lleno de color, pero yo seguía en blanco y negro. Retrataba a las personas y a los lugares sin ninguna emoción ni sentimiento. Ya no me sentía feliz ni satisfecha con mis capturas. Es difícil de explicar, pero cada vez que mi dedo apretaba el disparador tenía la sensación de dejar parte de mi tristeza en esos lugares.
Buscaba desesperadamente algo que volviera a hacerme vibrar, algo que recuperara mi amor por la fotografía. Y como siempre suele ocurrir, lo encontré cuando no lo buscaba.
Era un día lluvioso, faltaba poco para que anocheciera. Caminaba sin rumbo con mi cámara en mano, descubriendo un poco más la ciudad donde ahora vivía. Me adentré en un pequeño callejón, maltratado, como yo. El suelo estaba roto, lleno de parches, como mi corazón. A lo lejos vi algo que llamó mi atención. Me acerqué y enfoqué con mi cámara. Un ligero escalofrío me recorrió el cuerpo. Era una parte de lo que parecía un retrato y aquel ojo negro me estaba mirando a mí…era un dibujo, ni siquiera completo, pero consiguió tocar una fibra interna que no habían conseguido todas las miradas que se habían cruzado con la mía desde aquella maldita noche. Saqué varias fotos desde todos los ángulos posibles. Había recuperado la sonrisa satisfecha.
Me agaché y recogí el dibujo para verle más de cerca. ¿A quién pertenecería esa mirada, ese rostro?. Le di la vuelta y descubrí que había algo anotado: parte de una dirección, la mitad de un corazón dibujado y debajo de todo SON. Todo en letras mayúsculas.
Lo guardé cuidadosamente. Busqué en el callejón con la ilusión de hallar el resto, pero fue en vano. No sabía por qué tenía tanta curiosidad. Lo que sabía es que tenía que averiguar la historia que se escondía en ese retrato que alguien había roto en pedazos.
Encontrar la dirección completa no me costó demasiado. Aquella era una ciudad pequeña y no tardé en descubrir la calle. De hecho no estaba lejos de donde yo vivía. Lo más complicado era acertar con el número. Apenas dormí, me pasé casi toda la noche pensando y divagando si sería la dirección del retratado o del dibujante. ¿Sería una autora o un autor?. ¿Habría sido una historia de amor que acabó mal y se había pagado el despecho con su retrato?. ¿Quizás simplemente al creador no le convenció el resultado y lo desestimó, rompiéndolo y tirándolo para olvidarse de una mala obra?. De manera inexplicable me encontré excitada, jugando a un juego al que nadie me había invitado a participar.
A la mañana siguiente estuve recorriendo la calle en la que se suponía que vivía el remitente o el destinatario. Ninguno de los hombres que salían y entraban de aquellas casas se parecía al del dibujo. ¿Qué hacer?. No iba a preguntar puerta por puerta…
Por lo menos había recuperado las ganas de coger mi cámara y retratar todo lo bello que veía ahora a mi alrededor. Me senté en la terraza de un bar, pedí una limonada bien fresca y comencé a retomar mi gusto por observar la vida a través de mi objetivo. Fui descubriendo todas las tonalidades de color diferentes que había, sin ningún gris que pudiera apagar el sol que calentaba mi rostro. Las risas de los niños que jugaban cerca provocaban la mía y volví a retomar una costumbre que había perdido: conversar con personas desconocidas para así llegar a conocerlas, al menos un poco.
Me recosté en la silla y miré al cielo, más azul y despejado que nunca. En mi interior iba creciendo una sensación cálida que iba llenándolo todo. Sensaciones de paz, de tranquilidad, de reconciliación con el universo, con mi universo.
Lo que ocurrió después no sé si fue un sueño o el resultado de pasar tantas horas al sol. Soy una romántica empedernida, así que prefiero pensar que fue el destino, confabulado con las casualidades y las señales sin explicación aparente.
A pocos metros de mí aparcó un “vochito” azul turquesa, mi coche preferido, despertándome de la ensoñación en que me encontraba. No podía dejar pasar la oportunidad. Enfoqué lentamente para sacarle el mayor partido. Estaba tan concentrada en disparar, que apenas me percaté de que el conductor había bajado y se estaba acercando. Cuando me quise dar cuenta, su rostro estaba casi pegado a mi objetivo. Fue cuando vi sus ojos negros y su cabello oscuro…
Todo mi cuerpo empezó a temblar y saqué el fragmento del retrato. Si no era él, se parecía mucho.
Me levanté y me presenté. Cuando me dio la mano, de nuevo apareció el escalofrío de la tarde anterior en el callejón. No era desagradable, más bien todo lo contrario. Me sonrió y agaché la mirada. Ya estaba perdida, lo sabía.
Le enseñé el dibujo y se reconoció. Por un instante creí ver una nube oscura en sus ojos. Me explicó que se lo había hecho una amiga pintora y que el “SON” era de Jason, su nombre. Quise saber más sobre la historia y él me dijo que me la contaría si aceptaba cenar con él. Mentiría si dijera que acepté sólo por satisfacer mi curiosidad. Aquella noche tuvimos la primera cita de muchas que la siguieron.
¿Cuál fue la historia que rodeaba aquel retrato encontrado en un callejón?. Aún la desconozco. Él aún no me la quiere contar. No sé si es para alargar nuestra relación o porque es algo de lo que no quiere hablar. No me importa demasiado. He recuperado el optimismo, la alegría de vivir…y mi amor por la fotografía, el más eterno, el que siempre estará conmigo. Tengo también un amor, quizás no tan importante, el que me abraza todas las noches y me despierta con un dulce beso todas las mañanas. Los dos alimentan mi día a día. No necesito más…

Séptima historia capturada

¡¡No me lo puedo creer!!. Estoy excitada, ilusionada, pletórica.
¿Es un pájaro, es un avión?. ¡No!. ¡Es una historia capturada!.
Después de CUATRO MESES, cuatro largos meses, por fín publico una historia capturada, continuación de la anterior.
Abriría una de las botellas de Cava que tengo reservadas para momentos especiales, si no fuera porque no tengo a nadie con quien beberla. Y beber sola...buff.
Se me había trabado de tal manera, que pensé que nunca llegaría a publicarla. Y allí estaban esperando su turno otras historias capturadas: unas empezadas, algunas acabadas y muchas otras en mente...
No esperéis una vuelta triunfal. No sé si es que ya la he cogido manía después de tanto tiempo, pero no la considero de las mejores. El parto más largo y doloroso de todas las historias capturadas que hasta ahora he hecho sí. Espero que no me esperen más "embarazos" así.
Lo siento por Hanna. Quise hacerla algo especial y al final...
He aprendido algo. Si vuelvo a subir alguna historia capturada con continuación, será porque las tengo todas escritas. Una espera de cuatro meses entre una historia y la otra, no dice mucho de mí en ningún sentido.
Y bien, dejo de escribir esta entrada, porque estoy deseando publicar YA la séptima historia capturada, "Encontrando miradas".

martes, 8 de abril de 2008

Momento de terror nocturno

Imagen de Glitter- graphics

Pues aquí me encuentro, cuando son las dos de la mañana, habiendo recibido un susto de ¿muerte?. No, porque aún sigo viva, aunque más nerviosa que hace media hora.
Es de esos momentos en los que después te ríes mucho al recordarlo, pero mientras pasa...
Tengo la costumbre de estar con la ventana abierta casi todo el rato, por mi mal hábito de fumar en la habitación mientras estoy en el ordenador.
Después de unas divertidas conversaciones por el messenger, me disponía a "desconectarme del mundo" y no irme a dormir (aunque ya es hora), sino a escribir algunas cosas antes de aferrarme en los brazos de Morfeo (que por cierto no sé quien será Morfeo, pero no le veo nunca en mi cama).
Estaba poniendo ya la música para crear el "ambiente" favorecedor para ponerme a darle a la imaginación y seguir con los relatos, cuando he oído un sonido estremecedor debajo de mi ventana...tal vez era un gato en celo simplemente, pero no me he puesto a investigar... He corrido hacia la ventana como alma que lleva el diablo (mala frase para este momento). He cerrado rápidamente la persiana por si ese alguien o ese algo quisiera entrar en mi habitación...una gran estupidez ya que en las películas de terror es algo que nunca funciona.
Con el corazón a mil por hora me he puesto a ver la televisión, ignorando los ruidos externos, inmóvil y ¿expectante?.
Una vez pasado el susto y varios minutos, me he puesto a escribir este post.
Tengo la costumbre de fumar mientras actualizo el blog, pero claro, para eso debería abrir de nuevo la ventana...y no me atrevo. ¿Y si ese algo o ese alguien está esperando que mis ansias de fumar sean más fuertes que mi miedo?. ¿Por qué cuándo estoy asustada me da por reírme?. ¿Cuándo dejaré de ver de una vez "Cuarto Milenio" y películas de terror?.
Seguramente será un gato en celo...como se ponen por echar un polvo...parecen hombres...
Y alguien le debería de informar que aquí no hay nadie buscando sexo...y menos soy una gata, aunque alguna vez saque las uñas...
Resumiendo, que con todo esto tengo unas ganas horribles de fumar, así que me encuentro como un personaje más de una película de terror cuando va a hacer algo estúpido mientras todo el cine está gritando "¡Pero no hagas eso, qué te van a matar!".
¿Se cumplirá lo que pone en mi cajetilla, "fumar puede matar"?. Dentro de unos minutos lo sabremos...bueno, yo por lo menos.
Más información mañana. Si no doy señales de vida (glup), llamar a Iker Jiménez, que seguro que en su programa, con su ambiente y su tono de voz, la historia mejora mucho.
Últimas noticias: estoy fumando con la ventana abierta...ya no oigo nada, pero mientras estoy escribiendo esto, miro por el rabillo del ojo hacia la ventana...

jueves, 3 de abril de 2008

Casting, premios y demás

Pues una semana sin escribir en este blog, y no por falta de temas que comentar ni por cosas que han ocurrido...más bien por falta de tiempo y de ganas. Intentar resumir en una entrada todo lo ocurrido esta semana, principalmente el sábado y el domingo, va a ser difícil, pero allá vamos.
Obviaré los recuerdos de hace un año por estas fechas, que tienen ese sabor agridulce, aunque en estos momentos son más amargos que un café con sal.
Aparte de terminar los últimos relatos que tenía para los concursos literarios de marzo y algunas cosas agradables y otras no tantos, me voy a centrar en dos temas.


El primero, el del pasado sábado. Me presenté con mis amigos y compañeros de teatro al casting de figurantes para la próxima película de Daniel Sánchez Arévalo, "Gordos", que se va a rodar en Cantabria. Por varias razones: porque admiro al director y guionista, porque nunca está mal que te paguen por hacer algo que te gusta y porque disfruto mucho con todo lo que rodea un rodaje, tanto delante como detrás de las cámaras.
Cuando nos juntamos unos cuantos de estos locos que somos y vamos al cásting, nos pueden coger o no. Lo que es seguro es que nos lo pasamos en grande. Nos llamarán fijo, aunque sea sólo por lo que vamos a animar las largas esperas que suele haber en los rodajes.
Ir a los cásting me recuerda mis tiempos de opositora. Entras allí y te encuentras con gente que te mira de forma amenazadora, en plan, "tú vas a quitarme la plaza", o este caso "te pueden coger a ti y no a mí".
Lo cierto es que de todos los castings a los que he ido, ninguno me lo he tomado en serio. Lo siento, llamadme poco profesional o lo que queráis...
El caso es que tanto en casos como las oposiciones o los castings, puedes ir de buen humor o de malo. Que consigas la plaza o te escogan como figurante no depende de tu humor. Con cada uno va que se lo pase bien o mal esperando.
Como curiosidad egocéntrica, salgo en la foto del periódico. Soy la primera sentada por la derecha. Y no creáis todo lo que leáis en un periódico. Yo ya había hecho el casting...

El segundo, lo acontecido el domingo. Sotocine celebró la entrega de premios Noray 2008. Una tarde para celebrar, porque varios amigos obtuvieron premios. Para no alargarme con todos ellos, aquí os los dejo. La presentadora del acto era mi amiga y profesora de teatro Ana Luisa Pérez de la Osa, así que no pude evitar hacer lo que no quería. Subir al escenario. Y es que aunque a algunos les moleste que lo diga, sólo he sido una mera extra en dos de los cortos premiados: Cuestión de Fe y Rememo. Y tampoco me libré del paseíllo por todo el escenario, recibiendo aplausos por el "pecho mejor enseñado". He de decir que no me habría importado tener uno de los premios Noray por tal hecho, porque el diseño de dicho premio me encantó.
Como una pequeña muestra de lo que es un noray, es lo que aparece en esta preciosa foto que he robado de mala manera a la web de Sotocine.

En resumen, una buena tarde llena de aplausos y de emociones (cuando consiga ver "Cuestión de Fe" y no me emocione...). Personalmente, aunque parece que al final han sido premiados, eché en falta un premio Noray a Pedro Morales como mejor actor y a María Castillo como mejor actriz.
Aunque también tenía otros actores y actrices favoritos como Roberto Jubete, Patricia Mediavilla o Patri Lalaguna.
No obstante, a Pedro y María los aprecio mucho y se merecen esos premios y más. Lo que no puedo decir del que sí se llevo un Noray "materialmente" que es David Vega. No me gusta , no me gusta nada. Ni como actor ni su manera de ser. Lo siento, pero me parece que está actuando todo el rato, dentro y fuera del escenario. Se venderá bien, pero yo no lo compro...

Sin más, esto es to, esto es to, esto es todo amigos...