sábado, 30 de abril de 2011

23 de abril



Desde hace tiempo el 23 de abril ha sido una fecha especial en mi calendario.

Lo que no me esperaba es que fuera también cuando supiera lo que era realmente el amor. Tenía que conocerte en ese día…
No fue como en las películas. De ese modo suele salir mal. Ni flechazos, ni fuegos artificiales cayendo sobre nosotros, ni momentos mágicos que fácilmente pueden llevarte a ver sentimientos donde no existen.
Simplemente me hiciste reír y convertiste una cerveza rápida antes de irme al hotel, en una noche que no quería que terminara.

Han pasado ya tres años desde que nos conocimos y, aunque parezca increíble,  no ha pasado ni un día sin que me haya reído a tu lado, hasta en aquellos que parecía que no había lugar ni para una sonrisa…

No hay amor perfecto y eso es lo mejor. Siempre he pensado que la perfección lleva al aburrimiento. ¿Qué seríamos sin nuestros defectos?

He aprendido mucho contigo: que nunca se debe decir nunca, que lo imposible es posible, que se puede hablar sin palabras, que no tiene que doler para llamarlo amor…
Y he comprendido que la felicidad está en los pequeños momentos, y a veces llega en pequeñas dosis llenas de miradas cómplices y bromas que nadie entiende excepto nosotros.

No echo de menos dormir sola, pero sí que echaría de menos tus abrazos y tus caricias cuando me acuesto a tu lado.
A veces tu voz llena demasiado los ratos de silencio que necesito, aunque sé que jamás quiero dejar de escucharla…

Hace tres años firmamos un contrato sin saberlo y sin buscarlo. Un contrato que no se romperá mientras sigas haciéndome reír todos los días, amándome a tu manera (que para mí es la mejor), bailando sin seguir el compás, dejándome volar aunque te cueste  y apoyándome en mis sueños, aunque los veas inalcanzables.

Hoy, como cada 23 de abril, he recibido un libro y una rosa como regalo de aniversario tuyo: un hombre imperfecto, corriente, indefinible bailarín, cabezota…en fin, una maravillosa persona que posee un corazón lleno de bondad, una inteligencia que a veces me sorprende, unos ojos preciosos que nunca se cansan de mirarme y unas manos suaves que nunca se cansan de acariciarme…

¿Qué más puedo añadir? Que no hay nada mejor en esta vida que decir a alguien «te quiero», sabiendo con toda seguridad que te va a contestar «yo también».

jueves, 14 de abril de 2011

Espejismo Humanitario

No escribo mucho mi opinión sobre los libros que leo. Es algo de lo que me arrepiento y me gustaría haberlo hecho desde el principio del blog.
En mi caso, aprendo mucho de la lectura, de la buena e incluso de la mala.
Espero hacerlo más a menudo a partir de ahora.
Hace pocos meses, llegó a mis manos por recomendación, un libro que me ha parecido muy interesante: “El Espejismo Humanitario”, de Jordi Raich (Ed. Debate, Barcelona, 2004).

Jordi Raich ha dedicado casi toda su vida a la solidaridad, dentro de las Organizaciones No Gubernamentales. Y quien mejor que él para mostrar las luces y las sombras de ser solidari@.
Como muestra, su conclusión en dicho libro:
“Los humanitarios tienen que dejar de mirarse al ombligo, ser más modestos y perder el miedo a ser más autocríticos. Nadie mejor que ellos para poner en tela de juicio el mundo de la solidaridad y sacar a la luz sus grandezas y sus miserias. A la larga, ello ha de redundar en una ayuda más modesta, creíble, transparente, profesional y eficaz. Es lo menos que podemos hacer para intentar dar una vida digna a 3.000 millones de personas cuyo futuro comienza al alba y termina al anochecer.”

He disfrutado mucho leyéndolo, no sólo por el contenido, sino por la manera que tiene Jordi Raich de contarlo.
Pena de haberlo descubierto tan tarde, con tantos años aguantando a tantos culturetas y solidarios de pacotilla que me he encontrado en esta vida.
Sobretodo durante un tiempo que me moví por unos círculos donde abundaban las buenas palabras y los pocos hechos.
Son muchas las anécdotas que tengo para ridiculizar a aquellos que presumían de su solidaridad con los demás, para presumir de ser mejores personas que tú.
Dentro de mi humilde experiencia, me he topado con cada personaje.
Recuerdo en especial una MUJER que se declaró “insumisa” cuando aún existía la obligación de hacer la mili y la insumisión era condenada con la cárcel. Miraba con superioridad a las demás, porque no teníamos “narices” para hacer semejante declaración. Ella era más “guay”. Y también muy fácil. Si hubiera tenido un buen par, es decir, si fuera hombre, a ver si hubiera gritado no cuando la “llamaran a filas”. Era de ese grupo, por llamarlo de alguna manera. Es sencillo hablar y opinar cuando no tienes que sufrir las consecuencias. Dicho grupo era fácil de reconocer. Y también era divertido verlos desde la barrera, por qué no decirlo. Esa gente tan superintelectual, tan supercultureta, tan supersolidaria, desde la distancia.
Esos dos hombres que en un bar de España casi llegaron a las manos, discutiendo sobre si era mejor ser castrista que anticastrista. Iros a vivir a Cuba y mostrad allí vuestras opiniones, a favor y en contra, y luego me lo contáis.
También había personas solidarias de verdad. Aunque curiosamente, las que realmente aportaban su granito de arena para mejorar el mundo, eran las que menos presumían de ello. Gente que vivió las consecuencias, con lo bueno y con lo malo, de sus opiniones y de sus acciones. Y no se consideraban mejores o peores personas. Simplemente decidieron que querían ayudar, y lo hicieron. Unos se apuntaron a ONGs y viajaron (algunos siguieron, otros lo dejaron). Otros se quedaron y decidieron intentar cambiar las cosas, pero comenzando por su “casa”, aunque fuera una pequeña ciudad y no saliera en los medios de comunicación.

Y hablando de medios de comunicación...interesante el enfoque que le da al tema Jordi Raich sobre como manipulan la información, reflejando algo que es duro pero real: no todo lo que vemos en los informativos, por ejemplo, es real...

En resumen, si queréis sentiros más solidarios, si pensáis que no hacéis lo suficiente, si alguna vez os preguntáis si estáis haciendo algo o podíais hacer algo más por la humanidad…leed este libro. Porque la solidaridad tiene su cara y su cruz… 

martes, 12 de abril de 2011

Razones para escribir

Tras un post como el anterior, y a manera de auto-complacerme, debo recordar las razones por las que sigo escribiendo.
A raíz de este enlace que publicó en el facebook mi querida Marichuy, Diez razones para escribir, comprobé que coincidíamos en varias. Supongo que es normal y los motivos que a algunas personas nos provoca escribir serán comunes en la mayoría de los casos, en mayor o menor medida.

Aunque caiga en el error de repetirme de algún post de “Escribo porque respiro”, aquí están mis razones:

1-     Que yo recuerde, la principal razón que me llevó a escribir, era para hablar de temas que por entonces no encontraba en otros libros y que me preocupaban, propios de la adolescencia.
2-     Por placer, aunque no lo llamaría placer erótico. Más bien es un placer difícil de explicar, hay que sentirlo. Crear una historia en tu cabeza, llevarla al papel y comprobar que has sabido escribirla y explicarla como pensabas…cuando terminas de escribir el final, lees todo lo escrito, corriges, relees y le das el “visto bueno”. Eso es placer…
3-     Por diversión. Escribir siempre me ha resultado divertido. Nunca ha sido una obligación ni mucho menos una tarea aburrida. Me divierte imaginar tramas, personajes y, a veces, hasta sorprenderme viendo hacia donde me lleva la historia a medida que voy escribiéndola. Si alguna vez no me sucediera esto, estoy segura de que lo dejaría.
4-     Porque me siento más viva que nunca cuando escribo. Y por tanto, cuando no lo hago, pienso que estoy viviendo a medias…porque no sería realmente yo.
5-     Porque quiero pensar que tengo un don, un talento, para ser escritora. A pesar de lo que piensen algunos, la escritura no es tarea fácil. No consiste en saber unir palabras, si no que hay que saber darlas un significado. Hay que saber redactar, tener buena ortografía (para mí es imprescindible) y sobretodo conseguir escribir algo que te guste a ti y a los demás: un comienzo, una trama y un desenlace. Un buen camino que lleve a un buen destino.
6-     Por reconocimiento y admiración, no. De hecho, tardé tiempo en enseñar mis relatos a unos pocos, y años en mostrarme a más personas, incluso desconocidas, como hago en este blog. Aunque claro que un dulce no amarga a nadie. A todos nos gusta gustar, en todos los ámbitos.
7-     Por creer que sirvo para algo en esta vida. Un buen motivo para seguir luchando, para seguir adelante, sobretodo en esas ocasiones en las que vivir se hace muy cuesta arriba. Dejar una huella, aunque sea pequeña.
8-     De las razones que expone Roland Barthes, la que más me gusta. Para satisfacer a mis amigos e irritar a mis enemigos. Un relato puede ser un buen regalo o una buena lanza envenenada…
9-     En ocasiones, como protesta ante la realidad en la que vivimos, en un mundo tan injusto y desequilibrado como este.
10-Y también porque, ante esta realidad, siempre es bueno tener un refugio de imaginación y fantasía, al que puedes huir y donde puedes aislarte. Un lugar en ninguna parte donde no molestar ni que te molesten.

Aquí mis diez razones principales, aunque no las únicas. Porque, día a día,  siempre surge una nueva razón para hacer lo que más te gusta en esta vida.

lunes, 11 de abril de 2011

Decepción con twitteratura

Hace dos semanas, se falló el concurso de twitteratura, organizado por hipermédula. Era su primera edición y lo cierto es que esperaba algo más de una iniciativa que en principio parecía interesante. No voy a explicar todas las bases del concurso, ya que he puesto el link y no le quiero dar mucha publicidad, ya que como leéis en el título de este post, al final resultó ser una decepción.
¿Decepcionada por qué no gané?. No, de hecho ni lo esperaba. Conozco lo suficiente el mundo de los concursos literarios para no esperar mucho de ellos, sobretodo porque el jurado era iberoamericano. Sí, porque a pesar de que esto pueda sonar ofensivo, no hablamos el mismo idioma. 

Tampoco es una crítica, cuando de hecho, se podía participar también con el portugués.
Con todo, habría sido muy extraño que un español ganara. Lo siento, cada día estoy más cansada de lo políticamente correcto y de que a la mínima te tachen de xenófoba o de racista. Cada vez existan más razones inexplicables para pedir perdón.
Pero sigamos con el concurso.

Sí, estoy tan decepcionada que hasta he pensado en la manera de retirar mis textos de allí. Porque me siento engañada y estafada.
Sé perder, estoy acostumbrada. Y reconozco que he leído tweets participantes buenos, muy buenos. Sin embargo, que me perdone, pero el autor del tweet ganador no está entre ellos.
Ante ustedes el ganador:
"Esta es la breve historia de un tweet que bajó y bajó por la pantalla hasta que desapareció".
¿Bueno, eh?. Tiene tantas cosas que sacar, tanto contenido, tanta historia...hay una niña de cuatro años en mi barrio que creó que me  contó algo parecido, pero en vez de un tweet era un pato...lo grandioso es que puedes poner cualquier palabra en lugar del tweet...¡y tendrá lógica!. Claro que la clave aquí para ganar es usar "tweet".


Veamos las opiniones del jurado y lo entenderéis. 
“A diferencia de la mayoría de los textos que sólo eran un microcuento tradicional, este autor sí se hizo cargo del formato específico. y no se resuelve en un final sorpresivo o anecdótico, sino que es simplemente fugaz, igual que un tweet.” Felipe Cussen.
“Este tweet es la síntesis entre el microrrelato y el twitter, es La Twitteratura en Sí!” Ivana Vollaro.

Lo he transcrito textualmente. No he añadido ni una coma.

Y aquí es donde me he llevado la decepción. La temática era libre y perdónenme señores, yo interpreté que era un relato hiperbreve. Si hubiera sabido que tan sólo con poner tweet iba a tener posibilidades…un breve ejemplo:
“Entre tweet y yo hay cientos de followers que nos separan”
“Retwitteame si aún me echas de menos y entonces no te seguiré mandando tweets con mis palabras rotas”

Tonta de mí, repito, que pensaba que era un concurso de relatos hiperbreves y de temática libre. Por supuesto, ni gané, ni obtuve mención, ni tan sólo quedé entre los mejores 100 tweets.

Este post espero que lo lean los amigos que me dicen que por qué no me presento a concursos literarios, que seguro que ganaría. Porque me niego a gastar tiempo e imaginación en intentar escribir el mejor relato que puedo y ver estos resultados. No solamente no ganas, si no que puedes comprobar, como en este caso, que el ganador tiene baja calidad. Para gustos se hicieron los colores.
Todo sumado y añadiendo que mi compromiso con la literatura es serio, a esto le han seguido días de impotencia y de bajada de autoestima y seguridad en mí misma, preguntándome si realmente sirvo para esto…

De ahí, que haya esperado varios días para escribir mi opinión sobre este pseudo concurso (en el que por supuesto no volveré a participar). Si lo hubiera escrito al día siguiente del fallo del concurso, estaría aún más cargado de veneno.

Después de todo lo dicho, y puesto que este es mi blog, aquí tenéis los tweets con los que participé en twitteratura, y que a mí naturalmente, me gustan. Juzgad y dad veredicto:

Un instante fugaz bastó para saber que iba a amarle el resto de mi vida. Por eso, le busco en los ojos de todos los hombres. 

Maldito seas, escritor. Maldito, sí, por robarme frases que aún no se me había ocurrido escribir…

Siempre deseó pasar desapercibido, es lo que más deseaba en el mundo. Un día, al fin lo consiguió: se volvió invisible.

Escribió tanto en su vida, tanto, que cuando realmente tuvo algo que decir, ya no la quedaban palabras...