viernes, 10 de junio de 2011

El camino de las baldosas amarillas

El camino de las baldosas amarillas
Jon Sistiaga "Captura"

“Nunca abandones tus sueños. Porque soñar es un lujo que nos podemos permitir hasta los más pobres”. Fue el mejor consejo que recibí de mi abuela. Aunque no fue el único. 
De ella aprendí mucho, más que de mis padres. Porque, a pesar de su avanzada edad y su dura vida, nunca perdió la esperanza de que el mundo algún día cambiaría a mejor.
Mi abuela Amelia no se cansaba de decírmelo: “la esperanza alimenta más que cualquier comida”. De pequeño no la entendía. Han tenido que pasar varios años para comprender muchas de sus lecciones.

Por las noches siempre me contaba el mismo cuento: “El maravilloso Mago de Oz”.
Sigo sin saber como llegó ese libro a sus manos y como una mujer de campo que apenas había ido a la escuela, tenía tanta pasión por la lectura.
Lo importante es que fue el mejor instrumento para enseñarme a volar más allá de la realidad amarga en la que vivíamos.

Juntos interpretamos la aventura de Dorothy y sus amigos a nuestra manera.
Primero: que por mucho que te alejes, nunca debes olvidar donde tienes tus raíces y tu verdadero hogar.
Segundo: que a veces deseas cosas que realmente ya posees, como les ocurría al espantapájaros, al hombre de hojalata y al león.
Tercero: que por muy duro que sea el viaje, siempre se hace más llevadero en compañía.
Cuarto: que por desgracia, las brujas y las personas malas existen, pero también las buenas. Y hay que conseguir estar cerca de las segundas y lejos de las primeras.
Quinto: que el camino de las baldosas amarillas existe y te puede llevar a un lugar donde los problemas tengan solución y los deseos se cumplan. Sólo hay que saber buscar…
Se convirtieron en nuestros cinco mandamientos particulares y secretos, sellados con la promesa a mi abuela que nunca los olvidaría. Y una promesa nunca se rompe.

Ha pasado el tiempo, pero el amor de mi abuela y su recuerdo nunca ha desaparecido. Ella tenía fe en mí y estaba convencida de que todo me iría bien y que no tendría la misma vida y el mismo destino que ella y mis padres.
La hice caso y no he dejado de soñar, a pesar de que mi presente no es el que ella hubiera deseado para mí. Con todo, sigo creyendo en mis sueños, sueños que me han ayudado a afrontar el camino con esperanza y alegría, a pesar de la miseria que me sigue rodeando.
No tengo derecho a quejarme, porque, aunque la pobreza no me ha abandonado, me siento afortunado por tener lo que considero más importante: amor y amistad.  Sobretodo, por seguir el tercer y cuarto mandamiento de mi abuela.

Tengo claro que lo mejor que he hecho en esta vida ha sido buscar buenos compañeros que consiguen hacer el camino más llevadero.
Todos ellos son mi gran familia: mis amigos fieles, mi amada y bella esposa Luz, (la mujer que como su nombre indica, ilumina mi existencia), y mis estupendos hijos, Miguel y Lucía.
La felicidad y compañía que me proporcionan día a día no se puede comprar ni con la mayor fortuna del mundo, lo que hace que me sienta el hombre más rico que pisa la tierra.

Trabajo en una mina más de doce horas diarias, arriesgando mi vida y mi salud. Pero aunque parezca exagerado decirlo, todo el esfuerzo es compensado con esas cervezas con mis amigos al final de la jornada, compartiendo nuestras penas y alegrías, como hacemos desde jóvenes. Y sobretodo, con llegar a casa antes de que mis hijos se hayan acostado. Cada noche sigo el ritual que años atrás hacía mi abuela conmigo. Les cuento “El maravilloso Mago de Oz” y les habló de los cinco mandamientos, aconsejándoles que nunca dejen de soñar, que todo puede cambiar a mejor si lo deseas con todas tus fuerzas y luchas por ello. Sus sonrisas y sus ojos brillantes me recuerdan a mí cuando tenía su edad y con ello, aumenta mi esperanza de que ellos sí consigan encontrar el camino de baldosas amarillas.

El camino de baldosas amarillas…
Últimamente no dejaba de pensar en ese camino. Como cualquier padre, deseo un futuro mejor para mis hijos. Y me preocupaba que no lograrán conseguirlo. ¿Qué más podía hacer para ayudarles a seguir soñando y luchando?. Verles rendirse, tristes y desesperanzados, no estaba en mis planes.
Yo había cumplido con los cuatro mandamientos, pero el quinto había sido imposible, por mucho que había buscado. 

Finalmente un día la solución llego mientras trabajaba. Quizás podía hacer algo más.
Tomando esas cervezas con mis amigos les planteé mi idea y, como siempre hacían, me ofrecieron su ayuda.
Y aquí estamos, construyendo desde la puerta de mi casa un camino de baldosas amarillas para mis hijos, que les llevará a un lugar mejor. Sólo es el comienzo: ellos deberán continuarlo y descubrir que les espera al final…

5 comentarios:

  1. ...Primero: que por mucho que te alejes, nunca debes olvidar donde tienes tus raíces y tu verdadero hogar.
    Me lo apunto paisana.

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  2. Me gusta, me recuerda a como Roberto Benigni hace lo imposible en La Vida es Bella para que su hijo vea en la terrible y triste realidad un juego. Si he de ponerle una pega, se hace muy corto y cuando llegas al final del relato te quedas con ganas de que hubiera continuado un poco más. Pero muy bonito el mensaje.

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  3. Gracias, gracias por los comentarios. :)

    Fermín: no sé como se me pudo ocurrir el primer mandamiento. Espero no olvidarlo nunca. ;-)

    Ethan: yo no diría tanto...creo que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos.
    ¿Corto?. Lo he tenido que acortar porque ya era muy largo como post. Prefería dejar el final abierto. Pero estoy segura de que con un padre así, a los hijos les irá bien. :)

    Una vez más, gracias a los dos por comentar.

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  4. Que maravilloso relato , vivir con ilusion¡¡¡

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  5. Gracias Josemy,
    es algo que todos deberíamos hacer, vivir con ilusión. :-)

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