viernes, 23 de noviembre de 2012

Cuando la música se convierte en enemigo

Tarde de viernes.
Me siento frente al ordenador, dispuesta a escribir un relato de la sección «Historias al son de una canción».
Al volver a casa, sonaba en la radio «I'll be your baby tonight» de UB40&Robert Palmer. 
Enseguida apareció la historia en mi cabeza, idónea para el fin de semana.

Horas por delante, la soledad necesaria para escribir... todo parecía perfecto para la escritura de dicho relato.
Pongo el disco de UB40 para buscar la canción protagonista de la historia.
Y me dejo llevar por su música, no precisamente tecleando y llenando de palabras la pantalla en blanco.
Mi cuerpo comienza a pedirme otra necesidad vital e importante: bailar. A ver quién puede resistirse a esa llamada de la naturaleza. No os asustéis, no voy a dar más detalles.
Disculpadme, pero que levante la mano quién no haya convertido su salón o habitación en una pista de baile y se haya montado su propia fiesta al son de la música. Y no me vengáis con que no tenéis edad ya para eso.

Sí, habrá quien piense: «vaya pérdida de tiempo». Por eso escribo este post. Para justificarme y no tener que decir que ha sido una tarde totalmente improductiva.

Algunos escritores prefieren el silencio, otros prefieren un lugar lleno de gente y conversaciones a su alrededor; y los hay, como yo, que tanto el silencio como el ruido en exceso me desconcentra y elijo la música como compañía de la inspiración. Personalmente me decanto por la clásica o el jazz: acompaña pero no distrae. 
Pero en ocasiones, como hoy, la música se convierte en un enemigo para la creación.
Por eso pido disculpas. No habrá ningún relato hasta la semana que viene.
Y como siempre, de todo se aprende una lección: no escuchar cierto tipo de música a la hora de escribir. Puede ser incompatible, y las musas llegarán, pero para ponerse a bailar contigo.
Buen fin de semana a todos. 

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