lunes, 31 de marzo de 2014

Calle Melancolía

Después de unos días en reposo obligado, aquí tenéis lo que prometí: la segunda entrega de mi libro, «Me sobran los motivos».
El segundo relato, basado en una de las canciones más conocidas de Joaquín Sabina.

Calle Melancolía
Vivo en la calle Melancolía. No sé cómo vine a parar aquí. O quizás sí lo sé: desde que me dejaste es el único sitio que me puedo permitir.
Está muy lejos del barrio donde residíamos y gozábamos tú y yo, mucho más lejos de lo que aparenta.
Parece que han pasado siglos desde nuestra despedida. Será por eso que he olvidado el camino de vuelta.
¿Sabes? Aquí las agujas del reloj se mueven más despacio, y a su ritmo, las horas se convierten en días, y los días en semanas.
Por si no fuera poco castigo perderte, también he perdido la noción del tiempo.
De la salud, mejor no hablamos. De las sonrisas y los momentos felices, tampoco.
He ganado en insomnio, eso sí; mi mejor compañero junto con la soledad, a la que me encuentro cada vez que doblo una esquina.
Al menos en esta condena en que se ha convertido mi existencia, me ha tocado una celda grande. Aunque eso no evita que muchas veces sienta que me falta la respiración entre las cuatro paredes de mi piso viejo y desordenado. El desorden, ya me conoces, es mi mejor virtud: por más que busco, no encuentro mi corazón. Creo que en la mudanza hubo una confusión y acabó olvidado en una de las cajas que tiré a la basura. Ya sabes como soy. Con eso y todo, te enamoraste de mí. Con eso y todo, compartiste los mejores años de mi vida.
Quién me iba a decir a mí, fiel creyente de que el amor es una utopía y acostumbrado a huir de los tópicos como de las malas compañías, que acabaría teniéndote más presente ahora que no estás. Eres un fantasma que aparece y desaparece a su antojo, jugando con las leyes de la física y conmigo. Abro la puerta y huelo tu perfume; escucho tus pasos acercándose; y a veces, con suerte, noto tu suave aliento acariciando mi piel.  Me siento a tu lado en el sofá y te observo sin prisas, recreándome en cada detalle de tu cuerpo. Hablo más contigo ahora que no recibo respuestas ni tengo que contestar preguntas. Ya no te reprocho que rompas mi inspiración; no aprecio el silencio como antes. Tampoco tú te enfadas por los besos que te robo ni por las veces que te hago el amor en mis sueños.
Sin embargo, tu recuerdo no me llena, necesito más. Y por eso me pierdo en la ciudad, buscándote en todos los rincones, caminando sin rumbo pero con un fin: encontrarte.
Y cuando anochece, grito tu nombre con la desesperación de quien no halla lo que más anhela.
Si alguien me viera, diría que estoy loco. Pero algo bueno tiene la soledad: casa bien con la locura.
Desde que resido aquí, estoy en el más completo abandono. Mis viejos amigos fueron alejándose poco a poco: no soportaban venir a visitarme.
Y hacer nuevas amistades es más difícil que conseguir que vuelvas conmigo.  Esta calle está plagada de almas solitarias que más que vivir, sobrevivimos, esperando un futuro mejor, sin apenas esperanza. Tal vez por eso nos escondemos los unos de los otros, evitando así cargar con más tristeza sobre nuestras espaldas.
Solamente confío en que algún día vengas a rescatarme, antes de que consuma mi último cigarrillo o me ahogue en una botella de whisky al intentar alcanzar el olvido.
Hasta entonces, estaré en la calle Melancolía.



Y hasta aquí puedo mostrar. Otros no dan tanto: el índice, el prólogo y los dos primeros relatos, «Tratado de impaciencia» y «Calle Melancolía».

¿Qué queréis leer el libro completo? Pues por ahora, en Amazon (electrónico y papel) y en Cantabria, en la Librería Dlibros de Torrelavega y en la Librería La Vorágine de Santander.

¿Por qué comprar este libro? Me sobran los motivos. 

1 comentario:

  1. Hola mi amigo! Me gustaría decir que este post es genial, escrito impresionante que incluye casi toda información importante. Me gustaría ver mucho más artículos como éste.

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