miércoles, 19 de marzo de 2014

Tratado de impaciencia

Tal y como he anunciado, aquí tenéis el primer relato de «Me sobran los motivos». Se trata de «Tratado de impaciencia», el único relato que hago del disco «Inventario» de Joaquín Sabina (también la única canción que el maestro salva de su primer disco). Un adelanto de lo que podéis encontrar en mi libro. Aparte de ser el primero, es el más breve (curiosidad). Para los que no conozcáis el tema, os aconsejo que lo escuchéis antes de leer el relato:


«Era inevitable que nos volviéramos a encontrar. La ciudad es grande, pero nuestro barrio no. Y los locales que frecuentamos se pueden contar con los dedos de una mano.
El encuentro fue incómodo, como suele suceder en las historias de amor que acaban mal o no llegan a comenzar.
Yo estaba preparado; tú no tanto. Llenaste la conversación de explicaciones que no te había pedido, de excusas que ni tú te creías. Y mientras llenabas mis oídos de palabras vacías, expresé un aparente interés totalmente desinteresado.
Si te hubieras molestado en conocerme un poco más, sabrías que todos mis amigos me quieren de pareja en el póker, ya que sé esconder bien mis emociones y nunca muestro mis cartas; y, sobre todo, porque llevo muy mal acabar siendo el perdedor.
Y como buen jugador que soy, en cuanto tuve la oportunidad, metí mi mejor farol. Es cuando cambié mi expresión a un desinterés totalmente interesado.
Me lamenté por mi mala cabeza y mi peor falta de compromiso. No recordaba las citas que no eran importantes. Ignorando tu cara, mezcla de sorpresa y decepción, me despedí, mencionando que el alcohol y la madrugada no eran buena combinación para el amor y pidiéndote disculpas por el plantón.Y para rematar bien la jugada, me acerqué a la rubia que bebía los vientos por mí. Le susurré al oído que esa noche tendría mi cuerpo a falta de mi corazón, y la invité a tomar la última copa sobre sábanas blancas. Ella aceptó. Escalera de color.
Me marché del brazo de la chica, no sin antes volver la vista atrás por última vez y comprobar que el sabor de la venganza es agridulce.»

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